Seis claves de un psicólogo para volver al trabajo sin síndrome postvacacional

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Normaliza la ‘resaca emocional’ de los primeros días

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Que el primer lunes de septiembre cueste levantarse, que la bandeja de entrada abrume o que apetezca más la siesta que la reunión de las cinco no es un fracaso personal ni el preludio de una depresión. Los psicólogos llevan años insistiendo en que el llamado síndrome postvacacional no figura en los manuales clínicos: es una etiqueta divulgativa para describir un proceso natural y transitorio de adaptación. Normalizar esa ‘resaca emocional’ es precisamente lo que evita que el malestar se enquiste. Quien la reconoce como una reacción esperable deja de castigarse por sentirse decaído y deja de leer como alarma lo que solo es una señal de cambio de ritmo. Los datos avalan esa lectura: la semFYC calcula que alrededor del 15% de los adultos siente estos síntomas al reincorporarse, y en la mayoría remiten de forma espontánea en un plazo de entre dos y siete días. La señal de alerta, por tanto, no es el malestar en sí, sino su intensidad, su duración o el hecho de que interfiera de forma clara en el día a día.

Normalizar no es resignarse ni aguantar sin más, sino una herramienta práctica para acertar con el ritmo de la vuelta. Si se asume que cuerpo y mente necesitan unos días para reengancharse, se bajan las expectativas de la primera jornada y se evita la trampa de compararse con el ‘yo productivo’ de antes de las vacaciones, la que más sobrecarga genera. La psicóloga experta en salud laboral Isabel Aranda lo resume en cuatro palabras: bajar expectativas, no bajar los brazos. El objetivo del primer día no es recuperar todo lo pendiente, sino tomar contacto, ordenar tareas y elegir dos o tres prioridades realistas. Y nombrar el malestar como lo que es, un proceso pasajero, también ayuda a acotarlo: no se trata de patologizar una reacción sana, pero tampoco de ignorar las señales. Si la tristeza se prolonga más allá de dos semanas, empeora o llega acompañada de ansiedad intensa o insomnio mantenido, conviene consultar a un profesional; probablemente no sea la resaca emocional de septiembre, sino algo que ya estaba antes de las vacaciones y que merece otra lectura.


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