La actualización de Ethereum Glamsterdam: el gas a los 200M en 2026 deja en jaque a los rollups de la L2

La actualización está prevista para el cuarto trimestre de 2026. El salto multiplica por más de tres la capacidad de la red principal y reabre el debate sobre el papel de los rollups de segunda capa.

La actualización Glamsterdam de Ethereum elevará el límite de gas de la red principal de 60 a 200 millones en el cuarto trimestre de 2026. El salto multiplica por más de tres la capacidad de procesamiento de la Capa 1 y reabre el debate sobre el papel de los rollups, las soluciones de segunda capa que descongestionan Ethereum desde hace años.

Qué trae Glamsterdam

El gas es la unidad que mide el trabajo computacional en Ethereum. Cada transacción consume una cantidad de gas, y el límite por bloque determina cuántas operaciones caben en cada uno. Hoy, ese límite ronda los 60 millones de unidades; tras Glamsterdam, los desarrolladores apuntan a 200 millones, según la hoja de ruta oficial de Ethereum. Para que el lector lo entienda: un bloque con más gas admite más transacciones por segundo, lo que suele traducirse en comisiones menores cuando la demanda se mantiene.

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No es un cambio improvisado. Ethereum ya duplicó su límite desde los 30 millones de inicios de 2025 hasta los 60 millones actuales gracias a mejoras sucesivas. Glamsterdam da un paso mucho mayor e incluye cambios técnicos para que los bloques grandes se procesen con mayor eficiencia. En la práctica, la red principal podría asumir más transacciones por segundo con menos presión sobre las comisiones.

La medida responde a la demanda de aplicaciones que exigen ejecución rápida y costes bajos, como los exchanges descentralizados. Según Federico Variola, CEO de la plataforma de criptoactivos Phemex, estos servicios serán la primera prueba de fuego de la nueva capacidad. «Para ETH, la próxima batalla será crear las condiciones para que los exchanges descentralizados prosperen», declaró en comentarios recogidos por medios del sector. Variola añade un matiz regulatorio: a medida que los supervisores interactúen con plataformas como Hyperliquid, Ethereum necesitará mantener su descentralización sin renunciar a velocidad y costes razonables.

El debate incómodo para los rollups

Aquí aparece la fricción. Ethereum ha delegado buena parte de su escalabilidad en rollups, una segunda capa que procesa transacciones aparte y luego envía un resumen a la red principal para abaratar costes. Son soluciones como Arbitrum, Optimism o Base, que han acumulado miles de millones en valor bloqueado.

Si la Capa 1 pasa de 60 a 200 millones de gas, algunos analistas se preguntan si las soluciones de segunda capa pierden su razón de ser. Variola describe los resultados de las L2 como mixtos. «Han surgido avances significativos, pero también muchos fracasos en los últimos años, y estos han drenado una cantidad importante de capital y actividad del ecosistema de Ethereum», señaló.

El salto a 200 millones de gas no sustituye a los rollups, pero les obliga a justificar su papel con algo más que comisiones bajas.

Dicho de otro modo: Glamsterdam no elimina a los rollups, pero estrecha su margen diferencial. Su ventaja competitiva ha sido ofrecer comisiones bajas y ejecución rápida. Si la red principal empieza a competir en ese terreno, el ecosistema de segunda capa tendrá que justificarse con casos de uso específicos o especialización técnica.

Lo que está en juego para Ethereum

La apuesta por escalar la Capa 1 tiene precedentes que conviene recordar. Durante el DeFi summer de 2020, la congestión de Ethereum disparó las comisiones hasta niveles que expulsaron a los usuarios minoristas. Aquel episodio fue el auge de los protocolos de finanzas descentralizadas que atascó la red con miles de transacciones por bloque. Aquella crisis empujó el desarrollo de las soluciones de segunda capa que hoy dominan el mapa. Glamsterdam intenta corregir aquella debilidad estructural sin romper el modelo que ha madurado desde entonces.

No obstante, hay riesgos que nadie oculta. Un límite de gas más alto exige nodos más potentes, lo que puede encarecer la infraestructura de los validadores y, con ello, presionar la descentralización, el principio fundacional de Ethereum. Si procesar 200 millones de gas por bloque requiere hardware más exigente, el número de participantes capaces de validar la red podría reducirse. No es un escenario hipotético: si los requisitos de hardware se vuelven demasiado exigentes, los operadores domésticos podrían quedar fuera y la red pasaría a depender de proveedores profesionales. Es la misma tensión que acompaña al protocolo desde sus inicios: escalar sin concentrar el poder en pocas manos.

El precedente más cercano es el aumento de 30 a 60 millones en 2025, que no provocó una centralización apreciable. Pero el salto actual es de otra magnitud. Los desarrolladores confían en que las mejoras de eficiencia introducidas en Glamsterdam compensen la mayor carga. La apuesta es razonable, aunque conviene vigilar de cerca los requisitos reales que enfrenten los operadores de nodos.

El cierre de esta historia no está escrito. Habrá que observar si los exchanges descentralizados migran actividad desde las L2 hacia la red principal o si, por el contrario, ambas capas encuentran un nuevo equilibrio. La fecha clave es el cuarto trimestre de 2026. A partir de ahí, los datos de transacciones y comisiones dirán si Glamsterdam cambia de verdad la conversación sobre Ethereum.


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