93 dólares: el precio del petróleo sube y la tensión con Irán enciende gasolina e inflación en España

El crudo alcanza máximos de tres semanas y el mercado descuenta una prima de riesgo por el estrecho de Ormuz. El repunte amenaza con frenar la moderación de la inflación en la eurozona.

El precio del petróleo supera los 93 dólares y marca máximos de tres semanas por la tensión con Irán. El repunte vuelve a poner presión sobre la gasolina, el recibo de la luz y las expectativas de inflación en España, en un momento en el que la eurozona aún intenta consolidar la desescalada de precios.

El factor Ormuz y la prima de riesgo

La escalada coincide con el pulso abierto entre Washington y Teherán. Tal y como recoge RTVE.es, la cotización del crudo se dispara por el aumento de la tensión, y el mercado descuenta un riesgo de interrupción del suministro en Oriente Medio. Ese temor no es nuevo: el estrecho de Ormuz concentra una parte decisiva del tráfico marítimo de crudo.

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El petróleo de referencia para Europa, el Brent, es el más expuesto a esta geografía. Cualquier señal de bloqueo en el estrecho de Ormuz se traduce de inmediato en una prima de riesgo. Para España, la lectura es directa: el país importa casi todo el crudo que consume y, por lo tanto, cada dólar extra en el barril viaja sin filtro a la balanza comercial.

Los titulares que circulan en el feed de noticias refuerzan esa tesis. EL PAÍS habla de una herida económica en Estados Unidos con más inflación, más deuda y menos crecimiento. Yahoo titula que el crudo toca pico de tres semanas por preocupaciones sobre el suministro en Oriente Medio. Alberto Camarero Orive apunta en ABC al espejo del fracaso que supone el grifo de Ormuz. Las cartas al director de HERALDO hablan directamente del grifo de Ormuz.

Dicho de otro modo: el grifo de Ormuz vuelve a ser el argumento de la semana.

El petróleo no necesita un cierre real del estrecho para alterar los precios; le basta con que el mercado empiece a cotizar esa posibilidad.

De la gasolinera al IPC: los canales de contagio

Con el barril por encima de 93 dólares, los costes de transporte, los fertilizantes, y la cadena energética absorben la primera sacudida. La gasolina es el canal más visible para los hogares, sobre todo en los trayectos de vacaciones de agosto. En España, los precios de los carburantes se mueven con un desfase de una o dos semanas respecto al Brent. El recibo de la luz también se ve presionado por el encarecimiento del gas y por la incertidumbre en los mercados energéticos. Con todo, los precios siguen muy lejos de los máximos de 2022.

La inflación subyacente, que excluye energía y alimentos frescos, podría resistir mejor esta embestida. La inflación general, en cambio, es la que más rápido responde cuando el petróleo se mantiene arriba. Este repunte llega antes de que se conozcan las próximas lecturas del IPC en España. Si los 93 dólares se consolidan, la comparación interanual de los carburantes dejará de jugar a favor. No es una dinámica nueva: ya ocurrió en 2022, aunque aquella vez el shock fue de mayor calado.

La factura de una inflación importada

Conviene no perder de vista una contradicción de fondo: los países europeos han construido buena parte de su política energética sobre un supuesto de importaciones estables y precios contenidos. Cada episodio de tensión en Oriente Medio desmiente ese supuesto. El actual repunte tiene más de prima geopolítica que de desequilibrio entre oferta y demanda.

No estamos ante un shock de oferta como el de 2022, cuando la invasión de Ucrania disparó el gas. Hoy el mercado tiene inventarios y capacidad ociosa; lo que se mueve es la percepción de riesgo. Aun así, la energía sigue siendo el impuesto más silencioso para los hogares.

Mi impresión es que el peor escenario para España no sería un pico puntual, sino un barril que se mantenga por encima de 90 dólares durante dos trimestres. Eso bastaría para frenar la moderación de la inflación y devolver presión al Banco Central Europeo. A corto plazo, la atención se desplaza a las próximas decisiones de producción y al desenlace del pulso diplomático. Si la tensión se contiene, los 93 dólares serán un pico más. Si el conflicto escala, la gasolina ya no será el mayor de los problemas.


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