Un estudio de la Universidad de Chicago alerta: los informes de sostenibilidad ganan extensión pero pierden utilidad

El análisis de más de 15.000 informes elaborados por 2.100 grandes compañías detecta mensajes genéricos, escasos datos cuantitativos y utilidad limitada. La CSRD y la Taxonomía Verde empujan justo en la dirección contraria: evidencia verificable, comparable y material.

La Universidad de Chicago alerta de que la creciente longitud de los informes de sostenibilidad esconde un déficit de datos cuantitativos, justo cuando la regulación europea exige transparencia verificable.

El diagnóstico: más páginas no implican más transparencia

La investigación de la Facultad de Derecho analizó más de 15.000 informes elaborados por 2.100 grandes compañías. El objetivo no era premiar la extensión, sino comprobar cuánto contenido cuantitativo y cuánta sustancia verificable aparece en cada documento. Los autores aplicaron un modelo de lenguaje capaz de detectar el grado de especificidad de las declaraciones, la presencia de indicadores numéricos y la proporción de expresiones vagas o difícilmente verificables.

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El patrón detectado es reconocible: frases como el compromiso de ‘construir un futuro mejor’ o la voluntad de ‘liderar la transformación del sector’ refuerzan el relato corporativo, pero ofrecen poca utilidad cuando no van acompañadas de objetivos, plazos y resultados comparables. La narrativa crece; la evidencia, no.

La publicación de informes ESG creció de forma clara a partir de 2015, con la adopción de marcos como Global Reporting Initiative, CDP o SASB. A medida que más organizaciones se incorporan al reporting, aumenta el riesgo de que los documentos se conviertan en ejercicios predominantemente narrativos. La expansión es una buena noticia; la calidad, todavía una asignatura pendiente.

Usar un estándar no garantiza una divulgación rigurosa. El estudio advierte de que los modelos voluntarios de reporte podrían necesitar orientaciones más precisas sobre qué información debe divulgarse en cada ámbito ESG y qué evidencias deben respaldar las afirmaciones corporativas. Sin esa exigencia, el informe se queda en un documento de posicionamiento.

La extensión no es transparencia: sin indicadores numéricos, plazos y resultados comparables, el informe se convierte en narrativa corporativa.

Las compañías con más experiencia en la elaboración de estos documentos tienden a incluir menos contenido superfluo que las que acaban de empezar. Aun así, incluso entre las empresas con trayectoria consolidada, los avances en información cuantitativa y lenguaje específico son limitados. Reportar desde hace años no blinda contra la vaguedad.

Cómo se evalúa la utilidad real de un informe ESG

La metodología importa. El modelo de lenguaje no contó páginas: revisó el grado de especificidad de cada declaración, rastreó indicadores numéricos y midió la proporción de expresiones vagas o difícilmente verificables. En la práctica, eso equivale a preguntarse si un inversor, un cliente, una administración pública o una organización social puede localizar, comprender y comparar la información. Vamos a los datos.

  • Indicadores numéricos: sin toneladas, porcentajes o euros invertidos, no hay comparabilidad.
  • Plazos concretos: un objetivo sin horizonte temporal no es un compromiso verificable.
  • Resultados comparables: el dato aislado no informa; lo hace la serie interanual y la referencia sectorial.

Maximilian Müller, experto en contabilidad financiera de la Universidad de Colonia, introduce un matiz relevante. Las empresas necesitan explicar metodologías, alcances y criterios de medición. El problema surge cuando ese contexto termina ocultando los datos relevantes entre extensas explicaciones. Transparencia no es acumular contexto; es hacer visible lo material. La letra pequeña manda.

La conclusión del estudio es directa. Un reporte no resulta más transparente por tener un mayor número de páginas. Su valor depende de la capacidad de presentar información material, verificable y comprensible. Reducir las declaraciones genéricas y priorizar indicadores claros convierte la transparencia en un activo estratégico. El compromiso no es la acción.

La regulación europea cambia el tablero: de la autorregulación a la evidencia

Este diagnóstico llega en un momento en que la Unión Europea ha dejado atrás la lógica de la mera voluntariedad. La CSRD obliga ya a miles de empresas a reportar con datos verificables y conforme a los estándares europeos de sostenibilidad, mientras que la Taxonomía Verde exige aclarar qué parte de la actividad es realmente sostenible. Iniciativas como los objetivos validados por la Science Based Targets initiative (SBTi) ya obligan a traducir cada compromiso en una senda cuantificada.

De la vaguedad voluntaria a la obligación regulatoria

La diferencia con el modelo analizado por la Universidad de Chicago es estructural. La autorregulación permitía que un estándar conviviera con la vaguedad; la norma europea pide evidencia. Para los equipos de reporting, el estudio subraya un riesgo operativo: si el informe no discrimina lo material de lo accesorio, tampoco servirá a los comités de inversión ni a los compradores que comparan proveedores. Los inversores ya descuentan esa debilidad al evaluar la calidad de la información no financiera.

El efecto dominó en directivos e inversores

Quien pide financiación verde o aspira a un rating ESG sólido tendrá que demostrar, no solo declarar. Esa presión cambia la manera de de presentar información material y empuja a toda la cadena de suministro: el proveedor que no reporta datos verificables se queda fuera de las carteras con criterios de sostenibilidad. Para los directores de sostenibilidad, el mensaje es incómodo y útil a la vez. Si la memoria ESG sigue creciendo en páginas sin precisar cuánto se reduce, cuándo se invierte y con qué resultado, pierde su función de rendición de cuentas. Si se diseña para que cualquier grupo de interés encuentre el dato, gana credibilidad. La elección no es técnica: es estratégica.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: Más de 15.000 informes analizados evidencian que solo el reporte con datos verificables permite comparar compromisos reales frente a promesas vacías.
  • Modelo que cambia: La autorregulación basada en páginas y relato cede terreno ante la CSRD y la Taxonomía Verde, que exigen evidencia material.
  • Para las próximas generaciones: La transparencia cuantitativa endurece la rendición de cuentas y orienta el capital hacia empresas que reducen emisiones de verdad, no en el discurso.

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