El James Webb ha fotografiado a dos estrellas bebé en plena formación dentro de una nube de polvo. La imagen, captada por la cámara NIRCam, muestra el sistema Herbig-Haro 46/47 con un detalle que ningún telescopio anterior había logrado.
Situado a 1.470 años luz de la Tierra, en la constelación de Vela, el sistema es un laboratorio natural para estudiar cómo nacen los astros de masa baja. Los astrónomos lo observan desde la década de 1950, pero la combinación de infrarrojo cercano y sensibilidad del Webb ha entregado su retrato más nítido. El retrato aparece recogido en la página oficial del James Webb.
El Webb opera mediante una colaboración internacional entre la NASA, la Agencia Espacial Europea y la Agencia Espacial Canadiense. Su cámara NIRCam está diseñada para captar el nacimiento de estrellas en longitudes de onda que el ojo humano no puede ver. Ese trabajo coordinado entre agencias explica por qué el telescopio puede dedicar tiempo a objetivos de formación estelar tan lejanos.
Dos protoestrellas que aún no se dejan separar
Las dos protoestrellas se esconden en el centro de la imagen, dentro de una mancha de luz blanca y anaranjada. A su alrededor, un grueso disco de gas y polvo alimenta a ambos astros mientras crecen. El Webb no logra separarlas con claridad en ese brillo central, pero registra la actividad que las delata: chorros de gas saliendo en direcciones opuestas.
Herbig-Haro 46/47 apenas tiene unos pocos miles de años. En términos estelares, es un recién nacido: las estrellas de masa baja tardan millones de años en completar su formación. Lo que vemos, por tanto, es una fase brevísima que rara vez aparece con esta resolución.
La estructura recuerda a un reloj de arena brillante. Los lóbulos naranjas que se extienden por la escena no son casuales: son gas expulsado por estrellas en construcción. Los filamentos azules que los atraviesan corresponden a material eyectado más recientemente.
Los chorros de gas que iluminan la nebulosa son el sistema de frenado que permite que las estrellas sigan creciendo.
La luz que atraviesa el polvo del nacimiento estelar

El nacimiento de una estrella sigue una lógica de colapso y acreción. Una nube fría de gas y polvo se contrae por acción de la gravedad, forma una protoestrella densa y comienza a acumular materia desde un disco giratorio. En Herbig-Haro 46/47, el proceso está en marcha: los dos objetos todavía ganan masa y elevan su temperatura a medida que el gas cae hacia el centro.
La clave del retrato es el infrarrojo cercano. Esa luz atraviesa el polvo que bloquea buena parte del espectro visible. Lo que en luz óptica parecería una mancha oscura, para Webb es una nube azul tenue, un glóbulo de Bok, que oculta a las estrellas detrás de ella.
El polvo no desaparece, ni deja de influir. En la parte inferior izquierda de la imagen, el material eyectado choca contra zonas más densas de la nebulosa. Ese choque hace que el flujo se ensanche, se ilumine y adopte una forma más amplia.
Por qué este sistema habla de nuestro Sol
La conexión con nuestra estrella es directa. El Sol es una estrella de masa baja, igual que las dos que están formándose en Herbig-Haro 46/47. Si reconstruimos cómo acumularon material, entenderemos mejor el proceso que atravesó el Sol durante su propia juventud.
Los chorros gemelos actúan como una válvula de escape. Expulsan el exceso de momento angular y limitan cuánta masa retienen las estrellas. Sin ese mecanismo, el gas tendría problemas para seguir cayendo hacia el centro a través de un disco que gira cada vez más deprisa. Dicho de forma intuitiva: es como una patinadora que extiende los brazos para frenar su rotación.
Cada pulso de esos chorros deja una marca distinta en el gas. Los lóbulos irregulares permiten deducir que algunas eyecciones arrastraron más material y otras viajaron a mayor velocidad. Cuando el material veloz choca contra el gas circundante, genera ondas de choque que calientan el medio y lo hacen brillar. Esos nudos y arcos iluminados son los objetos Herbig-Haro.
El fondo de la escena añade otra escala. Estrellas cercanas muestran los picos de difracción característicos del Webb. Espirales blancas y rosadas son galaxias remotas; muchas de las motas rojas más pequeñas podrían ser galaxias todavía más antiguas, con una luz que ha viajado a través del universo.
Sigo este retrato con una mezcla de cautela y fascinación. La imagen no resuelve el disco interno y la separación física real entre ambas protoestrellas sigue sin estar clara. Aun así, documenta algo que la teoría describía y que pocas veces vemos tan de cerca: una estrella no nace limpia. Escupe gas, choca con su nube y tarda millones de años en emerger.
Dentro de millones de años, este par habrá consumido o dispersado gran parte del material que lo rodea. Los chorros se apagarán, la nube se hará más delgada y las dos estrellas quedarán por fin a la vista. La lógica no es solo académica: entender la formación solar ayuda a situar cómo se construyeron los sistemas planetarios. Hasta entonces, Herbig-Haro 46/47 es un laboratorio en marcha de un proceso que el propio Sol atravesó durante su nacimiento.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: El retrato en infrarrojo cercano más nítido del sistema protoestelar Herbig-Haro 46/47.
- Dónde: A 1.470 años luz, en la constelación de Vela.
- Institución responsable: NASA, ESA y CSA, con la cámara NIRCam del telescopio espacial James Webb.
- Cuándo: Imagen difundida en agosto de 2026.
- Impacto a futuro: Permite reconstruir cómo estrellas de masa baja como el Sol acumulan materia durante su nacimiento.





