En la Llanura de las Jarras, en Laos, han documentado una vasija con restos de al menos 37 personas. La llaman la ‘urna de la muerte’ y su hallazgo, publicado en la revista Antiquity, aporta la pista más sólida hasta la fecha de que aquellas tinajas milenarias formaron parte de un ritual funerario colectivo.
Una vasija megalítica con 37 cuerpos sin quemar
La estructura recibe el nombre técnico de Vasija 1. Mide 1,2 metros de alta y casi 2,1 de ancha, una abertura similar a la anchura de un turismo pequeño. Apareció en la meseta de Xieng Khouang, un altiplano salpicado por cientos de tinajas de piedra que llevan décadas desconcertando a los arqueólogos.
Nicholas Skopal, arqueólogo de la Universidad James Cook en Australia y autor principal del trabajo, no oculta la emoción del equipo. Era la primera vez que encontraban huesos sin quemar dentro de una jarra, no cenizas. Las dataciones por radiocarbono de dientes y huesos, junto a una muestra de carbón de una zanja cercana, sitúan el uso del recipiente entre los años 890 y 1160 d. C.
Datación, cuentas de vidrio y la hipótesis del osario comunitario
Excavar la Vasija 1 llevó tres temporadas de trabajo de campo, entre 2022 y 2024. En el interior no solo aparecieron esqueletos. El equipo recuperó un cuchillo de hierro, una pequeña campana de cobre, losas de piedra, fragmentos de cerámica y cuentas de vidrio cuya composición química apunta a vínculos con el sur de Asia y Oriente Medio.
La distribución de los huesos contradice la idea de un simple vertido. Los cráneos y los huesos grandes aparecieron colocados cerca de los bordes exteriores, no tirados al azar. Skopal sospecha que las vasijas más pequeñas sirvieron primero para que los cuerpos se descompusieran; después, los huesos se retiraban y se trasladaban a este contenedor mayor. ‘Una vez retirada la carne, se podían recoger los huesos y colocarlos como manojos secundarios en la vasija más grande’, explica.
Treinta y siete individuos reunidos en una sola piedra: el equivalente a una pequeña aldea depositando a sus muertos durante generaciones en el mismo lugar.
Sin embargo, las cuentas no cuadran del todo. Los dientes indican 37 personas distintas, pero los cráneos y los huesos largos solo representan a entre 14 y 19 individuos. Skopal admite que ese desajuste demuestra la complejidad del ritual: quizá algunos cráneos y huesos se extraían de la jarra para llevarlos a otro destino.
¿Tumba ritual o simple urna reutilizada?
No todos los especialistas compran la etiqueta de ‘urna de la muerte’. Marc Oxenham, bioarqueólogo de la Universidad Nacional de Australia, echa en falta un inventario completo de los elementos esqueléticos y un análisis detallado de cómo se degradaron y movieron los huesos dentro del recipiente. Para él, la jarra pudo ser una urna expuesta a la intemperie y reabierta durante siglos. El clima, los animales y las personas habrían perturbado los enterramientos anteriores, y el amasijo de restos sería la huella de ese desorden, no de un rito secundario.
Marco Mitri añade un contrapunto etnográfico. En las colinas Khasi-Jaintia, al oeste de la India, ha documentado vasijas de piedra colocadas sobre huesos cremados, más como marcadores que como contenedores. Las familias actuales creman a sus muertos, conservan los huesos y los trasladan a estructuras de piedra que reutilizan durante generaciones. Para Mitri, un contenedor de huesos multigeneracional en el antiguo Laos es culturalmente plausible. ‘Es posible, ¿por qué no?’, dice.
Kelly Brandão, que excava urnas funerarias precolombinas en la Amazonía brasileña, coincide en lo esencial. En el río Solimões Medio, las urnas pequeñas recuperadas entre 2014 y 2018 mostraban signos de deposición secundaria. ‘Una similitud interesante con este estudio es que no todos los restos óseos se encuentran allí’, precisa. En Monte Castelo, en Rondônia, un yacimiento se convirtió en cementerio con el tiempo sin que hubiera nacido con esa función. La arqueóloga cree que las vasijas de Laos, Brasil o cualquier otro lugar podrían estar contando una historia parecida.
Me quedo con la idea de que la Vasija 1 es una pieza fronteriza: un contenedor que no siempre nace como tumba, pero que el uso comunitario acaba por volver sagrado. El siguiente paso será el más ambicioso. Skopal y su equipo quieren extraer y analizar ADN de los restos para intentar saber quiénes eran aquellas personas y dónde vivían. No será fácil; el clima tropical de la meseta degrada el material genético con rapidez. Aun así, lo van a intentar. Si lo logran, esta urna de piedra podría empezar a devolver los nombres de sus muertos.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Una vasija megalítica de piedra catalogada como Vasija 1 con restos sin quemar de al menos 37 individuos.
- Dónde: Yacimiento arqueológico de la Llanura de las Jarras, meseta de Xieng Khouang, norte de Laos.
- Institución responsable: Universidad James Cook (Australia), con participación de arqueólogos locales e internacionales; estudio publicado en la revista Antiquity.
- Cuándo: Excavación entre 2022 y 2024; datación por radiocarbono sitúa su uso entre los años 890 y 1160 d. C.
- Impacto a futuro: Refuerza la hipótesis de un ritual funerario colectivo y abre la puerta a análisis de ADN que podrían identificar a la comunidad enterrada.




