La IA dispara las emisiones de los combustibles fósiles más que los centros de datos, según exdirectivos de Microsoft

El estudio de los exdirectivos de Microsoft concluye que la IA como potenciador fósil puede elevar las emisiones globales entre un 1,2% y un 4,8%. La cifra supera la huella de los centros de datos y deja fuera del balance las emisiones habilitadas.

Un estudio publicado en npj Climate Action por dos exresponsables de sostenibilidad de Microsoft cifra en hasta un 4,8% el alza de las emisiones fósiles impulsada por la inteligencia artificial, por encima de la huella de los centros de datos.

El trabajo lo firman Will Alpine y Holly Alpine, antiguos miembros del equipo de sostenibilidad de Microsoft que dejaron la compañía a comienzos de 2024 precisamente por los contratos de la tecnológica con la industria del petróleo y el gas. Su tesis es incómoda: la IA no es climáticamente neutra.

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Vamos a los datos. El estudio modela la inteligencia artificial como potenciador de productividad en toda la cadena fósil: extracción, refino y generación eléctrica. El resultado sitúa el incremento de las emisiones energéticas globales en una horquilla de entre el 1,2% y el 4,8%.

Visto en términos absolutos, el extremo bajo equivaldría a añadir cada año las emisiones de México; el extremo alto, las de Rusia, el cuarto mayor emisor del planeta. Esa horquilla supera con creces las proyecciones de emisiones ligadas al despliegue global de centros de datos.

Aquí está la letra pequeña: ese impacto también anula el beneficio que la IA pueda aportar al desarrollo de renovables como la solar o la eólica, según los autores. El problema no es la tecnología, sino el desequilibrio de incentivos.

La IA no es neutra: si optimiza la extracción de petróleo, sus emisiones habilitadas superan con creces la factura de los centros de datos.

El dato que desmonta el relato de la IA como salvadora climática

El concepto clave del estudio es el de emisiones habilitadas, la contaminación indirecta que una herramienta digital permite al hacer más eficiente la producción fósil. Las tecnológicas miden sus emisiones operativas y, en parte, las de su cadena de suministro, pero rara vez contabilizan cuánto ayudan a extraer más petróleo.

Según Holly Alpine, las métricas de sostenibilidad dentro de las empresas tecnológicas siguen centradas en las emisiones operativas. El resultado es un ángulo muerto: se reporta lo que contamina el servidor, no lo que contamina el negocio que el servidor optimiza.

Los autores utilizaron informes de compañías de petróleo y gas sobre las ganancias demostradas de sus herramientas de IA para para alimentar un modelo macroeconómico. Así estimaron cómo esa mejora de eficiencia se traduce en más producción fósil y, por tanto, en más emisiones.

Emisiones habilitadas: la gran ausente en los informes ESG

El hallazgo, en palabras de Will Alpine recogidas en el estudio, fue abrumador por su escala. La IA aplicada a la industria fósil no es un daño colateral: es un multiplicador.

La relación entre tecnológicas y petróleo es un bucle que se retroalimenta. Según el estudio, no se pueden tratar la oferta y la demanda como compartimentos estancos; son dos caras de la misma moneda.

Y ese bucle se ve con claridad en los acuerdos más recientes. Chevron y Microsoft confirmaron que la petrolera construirá en Texas una gran planta de gas behind-the-meter para alimentar centros de datos de la tecnológica. Chevron, además, usará parte de esa computación para su propia IA.

El presidente de la división de nuevas energías de Chevron, Jeff Gustavson, explicó en una llamada con analistas que la compañía aprovechará parte de esa capacidad de cálculo para impulsar la IA dentro de su organización. Es decir, la infraestructura digital sirve tanto al entrenamiento de modelos como a la extracción de gas.

Jon Koomey, investigador energético consultado en la fuente original, lo resume con claridad: la IA puede hacer la refrigeración de los centros de datos entre un 30% y un 40% más eficiente, pero también puede abaratar y acelerar la extracción de combustibles fósiles.

📊 Impacto ecológico en cifras

  • Incremento de emisiones globales: entre un 1,2% y un 4,8% adicional por la IA aplicada a la cadena fósil.
  • Equivalencia anual: en el extremo bajo, las emisiones de México; en el alto, las de Rusia, cuarto emisor mundial.
  • Comparativa: supera las proyecciones de emisiones de los centros de datos y anula el beneficio de la IA en renovables.
  • Ángulo ciego ESG: las tecnológicas no incluyen las emisiones habilitadas que genera su software en el negocio fósil.

impacto ambiental IA

La factura que los informes ESG dejan fuera

Lo que esto implica de verdad: las emisiones habilitadas son la métrica que falta en la conversación sobre huella de carbono de la inteligencia artificial. Mientras los informes de sostenibilidad de las tecnológicas se centren en kilovatios hora y operaciones directas, el impacto más dañino seguirá fuera del balance.

Ojo con el dato. El estudio no afirma que la IA sea la única culpable del aumento de emisiones fósiles, sino que su uso como acelerador de productividad petrolera puede superar cualquier avance en eficiencia energética digital. Es una cuestión de escala.

No se trata de demonizar los algoritmos. Se trata de contabilizar su efecto completo. La transición energética no se juega solo en parques solares y coches eléctricos; también se juega en los contratos que las grandes tecnológicas firman con la industria fósil.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: si la IA se regula bajo el enfoque de emisiones habilitadas, se evitaría un alza de hasta el 4,8% de las emisiones globales.
  • Modelo que cambia: el informe ESG que solo mide operaciones propias pierde vigencia frente a la contabilidad del impacto fósil indirecto.
  • Para las próximas generaciones: cada punto porcentual de emisiones evitado hoy reduce la factura climática que heredarán mañana.

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