El consumo en EE. UU. se contrae un 0,6% y la confianza del consumidor se desploma

El dato de ventas minoristas sorprende a los analistas y reabre el debate sobre la salud del consumo. La confianza de los hogares cae en agosto tras dos meses al alza.

La economía estadounidense envía una señal de alarma. El consumo, ese motor que sostiene la mayor parte de la actividad del país, se contrajo un 0,6% en julio, su peor resultado en más de un año. Y la confianza del consumidor que venía de dos meses al alza se ha girado de golpe. El último informe del Gobierno ha pillado a contrapié a los analistas, que esperaban un repunte del 0,1%. DW Español analiza las grietas del crecimiento.

El consumo pierde fuerza con la peor caída en un año

Los datos publicados el viernes mostraron que las ventas minoristas cayeron de forma inesperada. El detalle del informe apunta a que los hogares se enfrentan a una inflación aún elevada mientras recurren a sus ahorros. El encarecimiento de la gasolina añadió presión, después de que los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán llevaran a Teherán a bloquear la mayor parte del tráfico por el estrecho de Ormuz, una ruta clave para el crudo mundial. Ese contexto energético se nota en el bolsillo de los consumidores.

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Desde Nueva York, la analista de DW Español, Ana, recordó que el consumo ha sido tradicionalmente el motor de la economía estadounidense, aunque ahora la inversión en inteligencia artificial también impulsa el crecimiento. Lo que hagan los ciudadanos con su dinero sigue siendo crucial. Las cifras débiles contrastan con las de la primavera, que fueron mucho más expansivas. Y ya sea por el calor, por el calendario de las rebajas de Amazon o por una genuina necesidad de austeridad, el mensaje es el mismo: hay cautela.

La confianza del consumidor gira a la baja en agosto

La confianza, además, se ha dado la vuelta. El índice de la Universidad de Michigan cayó en las dos primeras semanas de agosto, rompiendo una racha de dos meses al alza. DW Español señala que el retroceso coincide con la subida del precio de la gasolina. Otro dato llama la atención: cuando faltan menos de tres meses para las elecciones, la mayor parte de la confianza se recoge entre los votantes republicanos. Entre los demócratas, la percepción es más negativa. No es un detalle menor: la confianza anticipa decisiones de gasto. Si los hogares de bajos ingresos pierden confianza, recortarán compras discrecionales, desde ropa hasta comida fuera de casa, y eso golpea de lleno al sector minorista.

La economía en forma de K, la duda de fondo

El secretario del Tesoro, Scott, salió a defender que la economía de altos y bajos ingresos se ha acabado. Pero Ana, desde la redacción de Nueva York, no lo compra. Los datos que se conocen hoy, dice, son un argumento para mantener justo lo contrario: el detalle del informe muestra que la confianza de los hogares de bajos ingresos va a la baja, mientras que la de los hogares con ingresos elevados sigue al alza. Esa brecha, conocida como economía en forma de K, se ha ido asentando durante años.

Arreglar esa economía en forma de K, con una misma economía al alza para unos y a la baja para otros, va a tomar bastante tiempo porque se ha ido asentando durante años.

— Ana, analista de DW Español desde Nueva York

Scott sostiene su tesis en el aumento de los salarios de los trabajadores de bajos ingresos. Pero la mayoría de los economistas, recuerda DW Español, argumentan que ese dato es pequeño en un entorno complicado, con inflación y falta de accesibilidad. Hablar del fin de la economía en K les parece, cuando menos, precipitado.

Implicaciones para la Reserva Federal y los mercados

Si el consumo se enfría, la presión para que la Reserva Federal recorte los tipos de interés podría aumentar. Pero la inflación de la gasolina complica el panorama. Un consumidor debilitado y una inflación pegajosa forman una mezcla difícil. DW Español subraya que el consumo representa cerca de dos tercios del PIB estadounidense. Si se frena, el crecimiento se resiente.

Los mercados han recibido la noticia con incertidumbre. Una caída del consumo en el mismo mes en que la gasolina sube y la confianza cae alimenta las dudas sobre la solidez de la recuperación. El dato de ventas minoristas, el peor en más de un año, obliga a revisar las proyecciones de crecimiento para el tercer trimestre. La lectura editorial es clara: la economía estadounidense no está tan sólida como sugiere el discurso oficial. La brecha entre hogares ricos y pobres sigue ampliándose. La gasolina actúa como un impuesto regresivo que golpea más a quienes menos margen tienen. El riesgo de una desaceleración del consumo no es una hipótesis remota.

¿Hasta cuándo podrá aguantar el bolsillo de los hogares estadounidenses? Los datos de julio pintan un panorama de agotamiento. La caída de las ventas minoristas y el giro de la confianza no son una anécdota: son síntomas. DW Español cierra su análisis con una llamada a la prudencia. La economía en forma de K no se cura sola. Queda por ver si la Reserva Federal actúa a tiempo.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de DW Español en YouTube.


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