La clonación CRISPR de ratones produce ya hembras idénticas al macho original tras eliminar el cromosoma Y. El equipo japonés que firma el avance describe la técnica como un paso de ciencia ficción con aplicaciones reales en conservación.
El truco genético: cortar el cromosoma Y sin tocar el resto
Los responsables son Takashi Ishiuchi, biólogo reproductivo de la Universidad de Yamanashi, y Shogo Matoba, del centro RIKEN BioResource Research Center. Ambos diseñaron un sistema basado en CRISPR para extirpar el cromosoma Y de embriones de ratón macho en las primeras fases del desarrollo. El resultado, según la información adelantada el 14 de agosto por MIT Technology Review en su boletín The Checkup, son clones hembra genéticamente idénticos al macho original salvo por la ausencia del cromosoma Y.
Ishiuchi reconoció en la misma información que el experimento se siente cercano a la ciencia ficción. La motivación no es crear ratones de laboratorio raros: es una prueba de concepto para especies en peligro. Si solo queda un puñado de individuos, poder producir hembras a partir de un macho conservado podría restablecer una población viable sin depender de donantes femeninas escasas. Eso sí, los propios autores subrayan que el método está en una fase muy inicial.
De Dolly a los zoológicos congelados: la clonación no nació ayer

La clonación no es nueva. En 1996 nació Dolly, la oveja que demostró que un mamífero adulto podía ser clonado a partir del núcleo de una célula mamaria. Los científicos transfirieron ese núcleo a un óvulo sin núcleo y gestaron el embrión en una madre subrogada. Dolly era genéticamente idéntica a su donante de ADN. Aquel hito abrió la puerta a réplicas de animales con rasgos valiosos para la ganadería y, más tarde, a un mercado controvertido de de mascotas clonadas.
Ese mercado también forma parte de la historia. Empresas especializadas cobran decenas de miles de dólares por clonar perros o gatos mediante células del animal fallecido. Los casos de las mascotas de Barbra Streisand o Tom Brady han popularizado la práctica, aunque no todos la aceptan. La bioeticista Jessica Pierce la describió como la explotación de una subclase canina: se usan óvulos de otras perras y gestantes subrogadas sin necesidad médica ni ambiental que lo justifique.
La justificación ecológica es distinta. Los zoológicos congelados, como el de San Diego, conservan células de más de 1.300 especies a temperaturas criogénicas. Gracias a esos bancos se han logrado clones de animales cercanos a la extinción, como el hurón de patas negras o el caballo de Przewalski. Este es el contexto en el que la nueva técnica de edición del cromosoma Y cobra sentido: no para fabricar mascotas a demanda, sino para ampliar las opciones genéticas de poblaciones al borde de la desaparición.
Eliminar un cromosoma entero y reprogramar el sexo de un embrión deja de ser un truco de laboratorio cuando hay una especie al borde del abismo.
Lo que este hito resuelve y lo que deja abierto
El avance se entiende mejor en paralelo a intentos anteriores de resucitar linajes. En 2009, un equipo español clonó un bucardo, una cabra montés pirenaica extinta, a partir de células de piel criopreservadas una década antes. Obtuvieron 439 embriones y solo nació una hembra; murió minutos después por un defecto pulmonar. Fue la única especie conocida que se extinguió dos veces. La empresa estadounidense Colossal Biosciences persigue ahora la desextinción del tilacino y del mamut lanudo modificando genomas de animales actuales, una vía distinta a la clonación clásica.
La técnica japonesa no resucita nada por sí sola. Lo que demuestra es que se puede forzar una conversión sexual estable mediante edición genética dirigida, generando hembras reproductoras a partir de un macho del que solo se conservan células. Para la conservación, ese matiz es valioso: en especies con un único macho superviviente o con semen congelado de un macho fallecido, permitiría recuperar linajes femeninos sin necesidad de hembras donantes. Sin embargo, la eficiencia real, la viabilidad de las crías y los posibles efectos fuera del cromosoma Y todavía no se han cuantificado. No estamos ante un estudio revisado por pares; la información procede del boletín de MIT Technology Review y de las declaraciones de los propios autores.
El lado incómodo de la clonación también está presente. La posibilidad de clonar humanos, aunque nadie la haya ejecutado, alimenta debates periódicos. Una propuesta reciente de una startup, recogida en marzo por el periodista Antonio Regalado del mismo medio, plantea crear clones humanos sin cerebro como reserva de órganos. La idea, más propia de un ensayo moral que de un protocolo clínico, ilustra hasta dónde puede tensarse la biología reproductiva. Yo no creo que la conversación sea ciencia ficción; ya es una rama de la bioética aplicada.
El siguiente paso lógico sería probar si las hembras obtenidas con esta edición son fértiles durante generaciones y si el procedimiento funciona en especies más complejas. Mientras tanto, el dato esencial queda fijado: la clonación CRISPR de ratones ha logrado hembras genéticamente idénticas al macho original al eliminar el cromosoma Y. Eso ya es un hito reproductivo con doble filo.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Un sistema CRISPR elimina el cromosoma Y de embriones de ratón macho y genera clones hembra genéticamente idénticos al macho original.
- Dónde: Laboratorios de la Universidad de Yamanashi y del RIKEN BioResource Research Center, en Japón.
- Institución responsable: Equipo liderado por Takashi Ishiuchi y Shogo Matoba; información adelantada por MIT Technology Review, sin estudio revisado por pares disponible.
- Cuándo: Avance dado a conocer el 14 de agosto de 2026.
- Impacto a futuro: Podría ampliar la reproducción de especies en peligro al crear hembras viables a partir de machos sin donantes femeninas.




