MITECO arranca la tramitación de la red troncal de hidrógeno de Enagás: 389 millones

Los tres segmentos se tramitan por la vía urgente al contar con productores y consumidores dispuestos a adelantar inversión. El expediente abre ahora el periodo de alegaciones sin capacidades ni calendario definitivos.

El MITECO abre el expediente de los tres primeros tramos de la red troncal de hidrógeno de Enagás. La inversión prevista asciende a 389 millones de euros y los ductos, considerados Proyectos de Interés Común europeo, están ligados a tres iniciativas industriales en Andalucía, Aragón y País Vasco.

Con este paso arranca la maquinaria administrativa: información pública, consultas a las administraciones afectadas y autorizaciones previas a cualquier movimiento de tierras. Desde aquí, los plazos se cuentan en trimestres.

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Son los primeros segmentos de una malla que aspira a conectar los grandes polos industriales del país con la producción de hidrógeno renovable. El conjunto es, por ahora, un plano. Lo que se tramita son tres tubos concretos, con nombre y presupuesto, que la Administración quiere mover rápido, según la nota publicada por el Ministerio para la Transición Ecológica.

Tres ductos, 389 millones y el sello europeo

Los tres tramos no son un ejercicio de laboratorio. Cada uno acompaña a un proyecto industrial concreto en su comunidad autónoma, con productores y consumidores de hidrógeno dispuestos a comprometer inversión si la infraestructura llega. La etiqueta de Proyecto de Interés Común (PCI) que concede Bruselas ordena prioridades dentro del sector: abre la puerta a financiación comunitaria, fija plazos máximos de tramitación y coloca el expediente en una liga administrativa distinta a la de un gasoducto convencional.

El coste conjunto de los tres segmentos, 389 millones de euros, es la primera cifra tangible de un plan mucho más ambicioso que el gestor gasista lleva años dibujando. La red troncal completa pretende coser los principales nodos industriales del país para que el hidrógeno no tenga que viajar por carretera. Los 389 millones son, en ese contexto, una fracción del total.

Los proyectos han recibido apoyo económico público y tienen carácter tractor, según los argumentos que maneja el Ministerio. Eso significa que aglutinan a productores y consumidores en disposición de adelantar sus decisiones de inversión si los tubos están listos a tiempo. Offtakers, en la jerga del sector.

Que sean tres y estén en tres comunidades distintas tampoco responde al azar. Andalucía, Aragón y País Vasco representan tres modelos industriales diferentes: química y refino en el sur, gran industria transformadora en el valle del Ebro, corredores portuarios y refino en el norte. Ninguno puede electrificar por completo su proceso con la red actual. El hidrógeno es la vía que les queda.

La etiqueta PCI no construye un solo metro de tubo: ordena prioridades, abre fondos y coloca el expediente en otra liga administrativa.

Por eso el Ministerio ha decidido tramitar los tres ductos por por la vía urgente. La razón que se esgrime es operativa: si el procedimiento se demora, las decisiones de inversión de los consumidores industriales se enfrían, y sin demanda comprometida ningún ducto aguanta un análisis de rentabilidad.

Tramitar por la vía urgente no crea demanda. Solo evita que la falta de infraestructura sea la excusa para no invertir.

El calendario y las incógnitas de la red troncal de hidrógen

El arranque de la tramitación no equivale a una autorización. El expediente abre ahora el periodo de consultas y alegaciones, y de su resultado dependerán el trazado definitivo, las servidumbres y, en último término, la declaración de utilidad pública que permita expropiar si hace falta. Los documentos difundidos hasta el momento no detallan capacidades de transporte por tramo ni un calendario de ejecución cerrado. El calendario, de momento, no está.

En el fondo, buena parte de este expediente se juega en Bruselas. Enagás actúa como promotor y futuro gestor de una infraestructura incluida en la lista europea de proyectos estratégicos, lo que la hace elegible para financiación comunitaria y le garantiza un trato preferente en los permisos. Está por ver cómo se reparte ese dinero entre los distintos ejes y con qué reglas accederán terceros a la capacidad. Ahí está el nudo.

El riesgo de tender la red antes que la demanda

El hidrógeno renovable tiene un problema de secuencia. Primero hace falta producción barata, después consumo dispuesto a pagarla y, solo entonces, un ducto que una ambos extremos. El plan español invierte el orden por una razón defendible: sin infraestructura, ningún industrial firma un contrato a diez años. Sin contratos, ningún productor instala un electrolizador. El tubo es la pieza que rompe el bloqueo.

Hay un reverso incómodo en ese argumento. Basta mirar el uso real de las plantas de regasificación españolas para recordar que la capacidad instalada, por sí sola, no genera demanda. La infraestructura gasista del país se dimensionó con una previsión de consumo que nunca llegó a materializarse del todo, y hoy buena parte de ella opera por debajo de lo proyectado. Cualquier análisis serio de la red troncal debería empezar por ese precedente.

Existen diferencias que juegan a favor del hidrógeno. Los tres tramos que ahora se tramitan no se lanzan a ciegas, sino anclados a proyectos con respaldo público y con consumidores identificados. El apoyo institucional, además, no es cosmético: reduce el coste de capital y mejora la ecuación en una tecnología donde los números todavía no cierran por sí solos.

El riesgo real es otro. Y no es de ingeniería, sino de competencia tecnológica. Para buena parte de los procesos industriales que hoy se asignan al hidrógeno, la electrificación directa es más barata y está más madura; el hidrógeno queda reservado a lo que no tiene otra salida, como el refino, el amoniaco o el acero. Si esa frontera se mueve, el volumen que sostenga la red troncal se queda corto. El hidrógeno necesita clientes. Sin ellos, no hay proyecto.

La lectura política tampoco es menor. España quiere presentarse en Bruselas como el país que ejecuta, no solo el que anuncia, y este expediente es la prueba más visible de esa intención. Los objetivos de descarbonización marcados para el final de la década exigen avances contables, y la red troncal es una de las infraestructuras que permiten enseñarlos.

El indicador a seguir no es el boletín oficial, sino cuántos consumidores industriales aparezcan en el periodo de alegaciones con volúmenes firmes comprometidos. Si salen, la red troncal tendrá sentido económico y probablemente acelere. Si no aparecen, el expediente habrá avanzado más rápido que el mercado al que dice servir. La ventana para comprobarlo se abre con la información pública y se cerrará cuando el Ministerio publique la resolución con el trazado definitivo de los tres primeros segmentos.


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