Nadie mejor que un recién llegado para tomarle el pulso al mercado. El nuevo CEO de AIG, que asumió el cargo el pasado 1 de junio, se sentó con Bloomberg Television para desgranar su visión sobre un sector que vive una transformación sin precedentes. Seguros, inteligencia artificial y ciberseguridad forman ya un triángulo que, según el directivo, definirá la próxima década.
Un asiento caliente en medio de un mega ciclo
El ejecutivo, que aterrizó procedente de la correduría Aon, reconoció que aterriza en un momento privilegiado. La aseguradora viene de varios años de fuerte impulso, con un balance saneado y una cultura que, en sus palabras, le ha permitido empaparse rápido del negocio. Y lo primero que quiso dejar claro ante los inversores es que el seguro está hoy en el corazón de todo lo que mueve al mundo.
Citó un dato que da perspectiva: el mercado asegurador global lleva entre cinco y seis años consecutivos de ciclo de precios positivo, una racha inusualmente larga. Ahora, sin embargo, esa ola pierde uniformidad. En líneas como propiedad, donde ha llegado más capital, las tarifas ceden, mientras que en responsabilidad civil y en especialidades como energía, transporte marítimo o violencia política, la tensión aún sostiene márgenes atractivos.
Para el CEO, la consigna es clara: no crecer por crecer. “Tratamos de ser más protectores del capital de nuestros accionistas, desplegándolo solo donde vemos retorno real”, explicó durante la entrevista.
La sombra del Estrecho de Ormuz
La conversación aterrizó pronto en uno de los puntos calientes del mapa. AIG registró pérdidas en el último trimestre vinculadas a la tensión geopolítica en el Estrecho de Ormuz, y el presentador quiso saber hasta qué punto la aseguradora está dispuesta a seguir dando cobertura en una zona donde la seguridad física de los buques sigue bajo mínimos.
El primer ejecutivo respondió con un tono que mezcla realismo y compromiso: “Nunca hemos dejado de estar allí”. Para él no es un problema de seguro, sino de seguridad operativa: los armadores no quieren poner sus buques en peligro, pero necesitan cuantificar el coste del riesgo por si deciden intentarlo. AIG se ha mantenido cerca de gobiernos y navieros, y si un hipotético acuerdo con Irán impusiera peajes o tasas, la aseguradora no retiraría capacidad. Es más, en Dubai y otros puntos de Oriente Medio el producto de violencia política está disparando su demanda.
Si piensas en lo que está pasando en el mundo hoy, encuentras seguros en casi todos los aspectos.
— El nuevo CEO de AIG
Centros de datos: la próxima gran apuesta
El entrevistador giró después hacia la gran oportunidad tecnológica: la eclosión de centros de datos para inteligencia artificial. Según Bloomberg, hay unos 850 proyectos activos en el mundo, y cada uno necesita desde financiación de obra hasta coberturas de construcción, ciberseguridad, propiedad y responsabilidad civil.
El directivo subrayó que AIG juega aquí con una ventaja competitiva diferencial: tiene la suite completa de productos. Eso le permite hablar con los hyperscalers de manera integral, algo que, según él, está llevando al límite la capacidad de la industria por culpa de los volúmenes de límites requeridos y de la concentración en zonas catastróficas. “Nos obliga a usar todas nuestras capacidades y especialidades”, afirmó. El auge de la IA empuja además la demanda de coberturas para las eléctricas que deben construir la red paralela, otro nicho donde AIG ya está presente.
Cuando la inteligencia artificial entra en la oficina
El uso interno de la IA fue otro de los focos. Lejos de tratar solo de seguros para terceros, AIG ha llevado la tecnología directamente al núcleo de su negocio: la suscripción y los siniestros. Con 2 millones de reclamaciones al año, leer cada denuncia, cruzarla con la póliza y asignarla a un experto lleva un tiempo que hoy se puede acortar de forma drástica.
“Queremos que nuestros suscriptores sean más inteligentes y rápidos, y que el cliente sienta que invertimos en tecnología para mejorar su experiencia de servicio”, explicó. No se trata solo de eficiencia: el ejecutivo insistió en que la velocidad no puede ir en detrimento de la calidad. Para él, el reto real es que el cliente note que el proceso es mejor, no simplemente más corto.
Hacia dónde mirar en los próximos diez años
Cuando la conversación se fue al largo plazo, el CEO pidió a los inversores que fijen la vista en el crecimiento de las primas netas suscritas. Con una base de capital muy sólida y unas reservas que calificó de “rocosas”, la compañía ve suficiente recorrido orgánico para crecer sin necesidad de grandes adquisiciones, aunque el ejecutivo no cerró la puerta a un M&A oportunista.
Su relación con Peter Zaffino —hoy presidente ejecutivo, a quien conoce desde hace décadas— le ha dado, confesó, un colchón de conocimiento de la casa que valora especialmente. Con todo, hizo un llamamiento a la disciplina y la paciencia: solo se moverán si las operaciones son acretivas en beneficios y no dilutivas para el accionista. Accidentes y salud, garantías o particulares de alto patrimonio emergen como palancas adicionales, tanto en EE. UU. como en el resto del mundo, para desplegar esa musculatura de capital sin perder el foco.
En un sector donde la relevancia social no ha dejado de crecer, la entrevista deja una sensación de oportunismo medido. El nuevo timonel de AIG parece decidido a surfear la ola de la IA y de un mundo más incierto, pero con el pie puesto en el freno cuando el precio no acompañe. La pregunta que sobrevuela el mercado es si ese equilibrio aguantará si las tensiones geopolíticas escalan o si la burbuja de centros de datos se enfría. Por ahora, la apuesta está hecha.




