SpaceX invertirá cientos de miles de millones de dólares en una red de centros de datos para inteligencia artificial con la que alcanzar 10 GW de capacidad en 2027. La cifra, que SemiAnalysis sitúa entre 300.000 y 500.000 millones, parece una locura. Pero la consultora, referencia en análisis de infraestructura para Wall Street, sostiene que el plan de Elon Musk es factible.
Claves de la operación
- La inversión total podría rozar los 500.000 millones de dólares. SemiAnalysis calcula que el flujo de caja del alquiler de cómputo y el respaldo de Nvidia permitirían financiar el despliegue sin depender de grandes ampliaciones de capital.
- Microsoft se perfila como cliente ancla con un posible contrato de 3 GW. La firma apunta a que Azure aceleraría su crecimiento por encima del 100% si logra asegurar esa capacidad para los servicios de inferencia de OpenAI.
- La velocidad vuelve a ser la ventaja diferencial de Musk. El mismo enfoque que levantó un clúster de 300 MW en 122 días se aplicará a centros de datos gigantes, sorteando la falta de red eléctrica con generación de gas in situ.
Gas, prisa y un modelo que rompe las reglas de los hiperescaladores
SpaceXAI —la división de infraestructura de IA de Musk, no confundir con xAI la desarrolladora de Grok— pretende añadir entre 6 y 8 GW nuevos solo en 2027, lo que la llevaría a superar los 10 GW acumulados. Para lograrlo, descarta la planificación tradicional de Microsoft o Google, que diseñan centros de datos para durar 15 o 20 años con máxima redundancia y eficiencia. Aquí la prioridad es acortar plazos: se usan los componentes disponibles, se paralelizan tareas y se eliminan procesos que se consideran innecesarios.
El cuello de botella energético se ataca con generación propia, principalmente con turbinas de gas. SemiAnalysis apunta que hay localizaciones viables por todo Estados Unidos y que la empresa ha demostrado esa capacidad: la sede de Southaven pasó de 495 MW en febrero de 2026 a 1,7 GW en julio. El músculo financiero de la IA se mide en gigavatios, no en algoritmos. La misma lógica que permitió a xAI encender Colossus —300 MW en 122 días— se escala ahora a proyectos como ‘MiniHard’, que rozará los 500 MW en cinco meses.
El coste de la electricidad deja de ser un problema si cada gigavatio genera más de 100.000 millones de dólares anuales en inferencia.
Un pastel de 100.000 millones por GW… que podría acabarse
Las cuentas que maneja SemiAnalysis explican la urgencia de Musk. Un clúster GB300 dedicado a inferencia permite a OpenAI o Anthropic superar los 100.000 millones de dólares de ingresos anuales por GW, mientras que alquilar esa potencia cuesta unos 12.000 millones al año. Mientras la demanda de cómputo inmediato siga disparada, los márgenes justifican cualquier inversión. De ahí que los grandes proveedores estén dispuestos a pagar decenas de millones de dólares por MW/año incluso con meses de espera.
Microsoft se ha convertido en el actor más voraz: la consultora afirma que ha firmado más de 10 GW en contratos durante 2026 y que hasta 3 GW podrían venir de SpaceX. De confirmarse las cifras, el crecimiento de Azure se dispararía por encima del 100% anual, impulsado por Copilot y Foundry. Sin embargo, todo el castillo depende de que la inferencia siga siendo tan rentable como ahora. Si los chips ganan eficiencia demasiado rápido, si los modelos se vuelven más ligeros o si la oferta alcanza a la demanda, los precios de alquiler podrían desplomarse.
En ese escenario, los plazos de amortización se alargarían y la financiación basada en flujo de caja se resentiría. Un riesgo que SemiAnalysis reconoce, pero que descarta a corto plazo por la escasez estructural de capacidad.
Lo que esta fiebre del silicio significa para Europa y para Telefónica
La carrera por la infraestructura de IA tiene una lectura directa para el mercado español. Mientras Musk planea levantar centros de datos a golpe de gas, AWS ha comprometido 17.000 millones de euros en Aragón y Telefónica busca socio tecnológico y financiero para desplegar infraestructura de IA en la Península. El auge de SpaceXAI mete presión sobre los actores europeos, que compiten por los mismos recursos escasos —GPUs, talento, energía— con un marco regulatorio mucho más restrictivo. La velocidad de Musk puede forzar a los rivales a acelerar, pero también a asumir riesgos financieros difíciles de justificar ante sus accionistas.
En última instancia, el plan de Musk es la manifestación más extrema de un mercado donde quien llega primero a la inferencia captura un valor desproporcionado. SemiAnalysis da el sí técnico; el sí financiero lo dará el flujo de caja del primer año. Si los ingresos recurrentes anualizados de SpaceX ronden los 300.000 millones —monetizando solo la mitad de la nueva capacidad, como proyecta la consultora—, la apuesta de Musk se leerá como la mayor jugada industrial de la década. Si no, habrá servido para que el sector tome nota de que los gigavatios por sí solos no garantizan beneficios.




