Freixenet ha aparcado la compra del emblemático champagne Pommery para centrarse en el que más crece: el prosecco. La decisión de Henkell Freixenet, dueño de la marca catalana, es un termómetro de una industria del espumoso en plena reconversión, donde el precio se ha convertido en el factor decisivo para los compradores.
El adiós a Pommery: una compra que no fue
Las negociaciones para adquirir la Maison Pommery se iniciaron a principios de junio y quedaron rotas a finales de julio tras una due diligence de dos meses sin acuerdo. El grupo alemán no ha concretado los motivos del fracaso, pero la situación financiera de la firma gala, con una deuda de 754,4 millones de euros, pesó en la operación.
Pommery cerró 2025 con un beneficio neto de 31,9 millones y un ebitda de 43,3 millones, cifras insuficientes para sostener un pasivo que multiplicaba por 17 sus resultados operativos. La empresa ha logrado aplazar vencimientos por un año y ha recibido un crédito de 50 millones de euros de Natixis para afrontar la vendimia, que arranca el 12 de agosto y se espera baja por cuarto año consecutivo. Aun así, la viabilida del negocio a largo plazo sigue en el aire.
La compra fallida habría sumado unos 290 millones de euros a la facturación de Freixenet, elevándola por encima de los 1.500 millones. El grupo, que ya opera el champagne Alfred Gratien, prefiere ahora esperar y concentrarse en la categoría que realmente tira de sus ventas: el espumoso italiano.
Prosecco vs champagne: la guerra silenciosa del precio

Mientras el champagne se resiente, el prosecco gana terreno. La categoría creció un 2% en 2025 y la marca insignia de Freixenet, Mionetto, elevó sus ingresos un 3%. En el otro extremo, el cava perdió un 10% de su valor (hasta los 2.048 millones de euros) y vio caer un 13% el número de botellas comercializadas, con 190 millones de unidades.
El secreto está en el precio. Una botella de prosecco se mueve en el supermercado entre 6 y 10 euros, mientras que un champagne de gama media difícilmente baja de los 25 euros. Esa brecha, que a menudo supera el triple, está redibujando el mapa de las burbujas en España y en Europa.
El precio manda en las burbujas: cuando un prosecco cuesta la tercera parte que un champagne, la decisión de compra se inclina sola.
📊 La comparativa de un vistazo
| Característica | Prosecco | Champagne |
|---|---|---|
| Precio medio en supermercado | 6-10 euros | 25-50 euros |
| Crecimiento del mercado (2025) | +2% | Estancado o a la baja |
| Ocasión de consumo habitual | Diario, cenas informales | Celebraciones, regalos |
| Posicionamiento del consumidor | Calidad-precio | Lujo aspiracional |
Lo que dice este movimiento sobre tu próxima botella
El repliegue de Freixenet hacia el prosecco no es un caso aislado. El descenso del consumo de vino y las dificultades financieras afectan a medio sector. En Cataluña, Bodegas Torres ha citado a la banca para renegociar su deuda, y Codorníu busca inversores tras agotar su ciclo con Carlyle. También Bodegas Faustino está en el mercado y Vilarnau, de González Byass, podría venderse en plena restructuración.
El patrón es claro: cuando la economía aprieta, el consumidor no renuncia a la copa de espumoso, pero sí rebaja el presupuesto por botella. El prosecco responde a esa demanda: ofrece la experiencia de la burbuja sin el sobrecoste de la denominación de origen Champagne. Y los datos de Mionetto demuestran que la enseña, bien posicionada, puede crecer incluso más que el conjunto del mercado.
Análisis: la marca y el bolsillo del consumidor
En la última década hemos asistido a una democratización del espumoso. El prosecco ha pasado de ser un vino desconocido a ocupar las estanterías de todos los supermercados, y lo ha hecho por un motivo principal: su precio contenido. Mientras el champagne mantiene su aura de lujo —y sus costes de producción ligados a una denominación estricta—, el prosecco se ha convertido en la alternativa funcional para un consumo más cotidiano.
La estrategia de Freixenet es coherente con esta realidad: comprar Pommery habría sido una apuesta por el prestigio, pero también por un segmento que no crece al mismo ritmo. Poner el foco en el prosecco significa cabalgar la ola de un consumo que valora la relación calidad-precio por encima de la etiqueta de la botella. Esta información es de carácter divulgativo y no constituye asesoramiento financiero ni de inversión.
Para el comprador, la lección es práctica: el precio no siempre es sinónimo de calidad superior. La burbuja y la frescura que busca en una copa pueden encontrarse en una botella de 8 euros tanto como en una de 35. Y en un entorno de inflación alimentaria, esa diferencia de casi 30 euros por botella se nota en el ticket.
🛒 El Veredicto de Compra
- Compare el precio por copa, no por botella: divida el coste entre el número de copas que rinde y verá cómo el prosecco sale a menos de un euro por servicio, frente a los tres o cuatro del champagne.
- Elija según la ocasión: para un brindis diario, una cena con amigos o un aperitivo, un buen prosecco cumple de sobra; reserve el champagne para momentos muy especiales donde la marca realmente aporte.
- No pague solo por la etiqueta: los datos de mercado muestran que el espumoso italiano mantiene un nivel de calidad más que aceptable por un precio sensiblemente inferior. Pruebe una botella de 8-10 euros y juzgue por sí mismo.




