Hard fork Bitcoin BIP-110 muere en dos bloques: nueva criptomoneda el 1 de septiembre

Los impulsores de BIP-110 apenas lograron minar dos bloques antes de rendirse este fin de semana. Ahora planean una bifurcación con nuevo algoritmo de minería que podría dar lugar a una moneda rival.

El fin de semana ha enterrado el hard fork BIP-110 de Bitcoin en tiempo récord: solo dos bloques. Sus promotores ya planean un giro radical: cambiar el algoritmo de minería y lanzar una criptomoneda independiente el 1 de septiembre. Te explicamos por qué un fallo tan rápido podría dar a luz otra bifurcación más duradera y qué significa para el ecosistema.

Dos bloques y una derrota fulminante

La propuesta BIP-110 buscaba limitar el tamaño de datos en las transacciones, con el fin de expulsar las inscripciones de Ordinals de los bloques de Bitcoin. Era un soft fork temporal que solo necesitaba el apoyo del 55% de la minería para activarse, un listón mucho más bajo que el 95% habitual. Pero incluso así, el respaldo máximo de señalización fue de apenas un 2,53%.

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El sábado 9 de agosto empezó la señalización obligatoria. Los nodos que ejecutaban Bitcoin Knots, promovidos por el mantenedor Luke Dashjr, comenzaron a rechazar bloques que no indicaran soporte. La red se dividió, y solo el pequeño pool Roughnecks, asociado a OCEAN, llegó a minar los dos únicos bloques de la cadena disidente. Horas más tarde se rendían y pedían al resto de mineros detenerse. El resultado fue una cadena bifurcada congelada en el bloque 961.633, mientras la red principal de Bitcoin le saca ya más de 240 bloques de ventaja.

La dificultad de minería se mantuvo intacta, pero sin hashrate: minar un nuevo bloque en esa rama podría llevar muchas horas. “Bitcoin funcionó exactamente como está diseñado”, resumió Michael Saylor, presidente ejecutivo de Strategy, al recordar que cerca del 99,85% del poder de cómputo se quedó en la cadena original.

El plan para el 1 de septiembre: nueva moneda, nuevo algoritmo

Tras la derrota, el autor seudónimo de BIP-110, Dathon Ohm, calificó el desenlace de “ataque” y anunció que la comunidad trabaja en una propuesta para cambiar el proof-of-work (el rompecabezas criptográfico que asegura la red). La fecha sugerida por Luke Dashjr es el 1 de septiembre, el mismo día en que se habría activado BIP-110. La idea es sustituir el algoritmo actual por uno incompatible con los mineros actuales, lo que convertiría todas las máquinas ASIC en inservibles para la nueva moneda.

Esta maniobra transforma un debate sobre filtros de transacciones en el nacimiento de una criptomoneda rival, sin posibilidad de soft fork. La nueva cadena dependería de un hashrate distinto, y al no heredar la seguridad de Bitcoin, competiría en inferioridad. Los precedentes no son alentadores: Bitcoin Cash se escindió en 2017 con mucho más apoyo y mantuvo el mismo algoritmo, pero hoy cotiza a 215 dólares, apenas el 0,3% del precio de Bitcoin. Una moneda con PoW modificado tendría aún menos garantías de arranque.

Cuando un fork muere en dos bloques, la verdadera disputa no está en el código, sino en quién controla a los mineros.

Lecciones de Bitcoin Cash y un debate sin resolver

El episodio deja al descubierto tensiones que van mucho más allá de la técnica. La propuesta BIP-110 era la punta de lanza de un movimiento que considera el uso de la blockchain para almacenar imágenes o tokens (los Ordinals) una contaminación del propósito monetario de Bitcoin. Sin embargo, la rapidez con la que se ha cerrado el fork muestra que la gran mayoría de la comunidad —mineros, desarrolladores y nodos— prefiere mantener la neutralidad de la red.

Mientras, la figura de Luke Dashjr concentra la controversia. Un colaborador de Bitcoin Core, Murch, ha presentado una moción para retirarle su rol de Editor BIP, acusándole de anteponer sus intereses editoriales. Por su parte, OCEAN ha visto caer su hashrate un 96% después de que varios mineros denunciaran que, sin consentimiento, su potencia se redirigió a la cadena minoritaria durante 18 horas. El pool se enfrenta ahora a peticiones de cambios en el liderazgo.

A mi modo de ver, lo más relevante no es el fracaso del fork —estaba cantado—, sino la evidencia de que existe un grupo dispuesto a romper con Bitcoin si no consiguen moldearlo a su gusto. Esa tensión no es nueva: en 2017, la guerra del tamaño de bloque acabó con Bitcoin Cash. Ahora la disputa es sobre qué tipo de datos merecen estar en la cadena, y la solución drástica de cambiar el proof-of-work suena más a una declaración de principios que a un plan viable.

El mercado, fiel a su costumbre, ha ignorado el culebrón. Bitcoin se mantiene en torno a los 64.722 dólares, con una ligera subida del 0,6% en el día. Pero el 1 de septiembre queda señalado en el calendario. Si aparece una moneda, será un experimento de laboratorio más que una amenaza. Y si no aparece, la discusión sobre el spam en la blockchain seguirá buscando otro camino.


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