España arranca un gigante del hidrógeno verde: 1.000 millones y 8.000 empleos

El gasoducto Huelva-Aznalcázar, de 54 kilómetros y 96 millones, saldrá a información pública por la vía de urgencia. La planta de Moeve producirá 45.000 toneladas anuales de hidrógeno verde desde 2029.

El hidrógeno verde en España ya tiene su primera arteria en trámite. La primera piedra del Valle del Hidrógeno andaluz, colocada el 17 de septiembre en Palos de la Frontera (Huelva), ha empujado al Ministerio para la Transición Ecológica a acelerar por la vía de urgencia el gasoducto que unirá Huelva con Aznalcázar.

El trazado mide 54 kilómetros y moviliza 96 millones de euros. Es el primer eslabón de una red troncal que aspira a llevar moléculas verdes desde el sur peninsular hasta el norte de Europa dentro del proyecto H2med, la infraestructura que España comparte con Portugal, Francia y Alemania. Enagás ejecuta la obra; Moeve impulsa la producción.

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El acto del 17 de septiembre no fue protocolario. La planta de Moeve producirá 45.000 toneladas anuales de hidrógeno verde, entrará en operación en 2029 y suma una inversión por encima de los 1.000 millones de euros, con una previsión de 8.000 empleos en el conjunto del valle. Buena parte de esa producción alimentará el propio parque energético de La Rábida.

Enagás y Moeve activan la vía de urgencia para el tubo Huelva-Aznalcázar

El ministerio es el órgano competente y ha reaccionado con una rapidez poco habitual en este tipo de expedientes. Fuentes del departamento confirman que el proceso ya está en marcha y que la vía de urgencia implica que todos los plazos, salvo la audiencia de la evaluación de impacto ambiental, quedan reducidos a la mitad. La excepción no es menor: ahí se concentra casi todo el escrutinio público de la obra.

Las mismas fuentes señalan que el expediente saldrá a información pública en un corto espacio de tiempo. La maquinaria se ha activado a petición de Moeve, que trabaja en coordinación con Enagás, con el ministerio y con la Junta de Andalucía. Tres administraciones y una empresa para 54 kilómetros de tubería.

Sin tubería, el hidrógeno producido en Huelva se queda sin salida competitiva y sin comprador industrial que firme a diez años.

El calendario aprieta. La red troncal contempla once tramos más cuya tramitación debería arrancar antes de que termine el año, entre ellos el corredor Algeciras-Aznalcázar. En paralelo avanzan los gasoductos previstos en Teruel, Valencia y Bilbao, que dibujan una ruta de casi 300 kilómetros. El mapa completo no estará cerrado, en teoría, hasta 2035, cuando el H2med quede terminado.

España no compite solo por producir el hidrógeno más barato: compite por decidir por dónde circula hacia el resto de Europa.

Qué desbloquea la tubería: proyectos parados y una demanda que no llega

Moeve Valle del Hidrógeno

La conducción cambia el cálculo de varios promotores que llevan meses frenados. Sail H2, en Dos Hermanas, necesita esa vía de evacuación. La planta de amoniaco que Ignis proyecta en el puerto de Sevilla devolvió un préstamo del Banco Europeo del Hidrógeno al no poder cumplir los plazos comprometidos. Sin infraestructura, la ecuación no salía.

El tubo también da sentido a activos pensados para más adelante. Trinity Energy Storage proyecta un almacén de hidrógeno excavado en el Aljarafe sevillano hacia 2030, el punto donde confluirían las dos grandes fábricas andaluzas: la de Huelva y la del Campo de Gibraltar. Conviene precisar un matiz que el anuncio tiende a tapar. La conducción no es imprescindible para que la factoría onubense funcione, pero sí para que su producción deje de ser un monocultivo industrial.

La comparación con el norte ayuda a medir el paso. El Corredor Vasco del Hidrógeno (BH2C), impulsado por Petronor y Repsol, apunta a 15.000 toneladas anuales. Andalucía, con Moeve al frente, ha tomado la delantera en volumen y en número de iniciativas.

Andalucía concentra el 10% de los proyectos y el cuello de botella sigue siendo la demanda

Los números respaldan ese liderazgo. La región reúne el 10% de los más de 400 proyectos censados en España por la Asociación Española del Hidrógeno, y ninguna provincia compite con Huelva y Cádiz: trece iniciativas en la primera y nueve en la segunda. En Palos de la Frontera conviven Onuba, la planta de Moeve, y Green Hychemical, impulsada por HyFive y orientada a descarbonizar procesos químicos. Matteco trabaja en electrolizadores alcalinos más duraderos y baratos. En el puerto se espera el Proyecto Bahía de Huelva, de Avalon, que proyecta 1,1 GW de electrólisis a partir de 2030 para fabricar combustible de aviación sostenible.

En Cádiz la densidad es parecida. Eurowind Energy quiere producir y distribuir hidrógeno industrial y residencial en El Puerto de Santa María. Aqualia mantiene una línea de I+D en Jerez. En San Roque, se desarrolla la segunda parte del Valle Andaluz del Hidrógeno. Y en Los Barrios, EDP planea transformar la antigua central térmica de carbón en una planta de hidrógeno renovable con 130 MW de electrólisis. Sevilla suma los proyectos de investigación de Inerco y los de H2B2, la compañía fundada por Felipe Benjumea.

El patrón se repite en casi todos los valles españoles: capacidad anunciada muy por encima de la demanda contratada. El hidrógeno verde compite hoy con un diferencial de coste que el propio sector estima entre dos y cuatro veces frente al gris producido con gas natural, y los compradores industriales firman contratos a largo plazo con cuentagotas. De ahí sale la contradicción que ningún real decreto resuelve por sí solo. Un gasoducto abarata el transporte, no la molécula.

La historia energética española ofrece un precedente incómodo. Las grandes redes de gas natural se desplegaron cuando ya existía una demanda firme —calefacción, industria, ciclos combinados— que garantizaba el retorno de cada kilómetro. Con el hidrógeno, el orden se ha invertido: primero la infraestructura, después los clientes. Ese orden funciona si el coste de la electrólisis cae al ritmo que anticipan los fabricantes de equipos, y se convierte en un lastre de miles de millones si se estabiliza en los niveles actuales.

Hay un tercer elemento en juego que no depende de Madrid ni de Sevilla. La red troncal necesita que Bruselas confirme el respaldo financiero a los tramos transfronterizos y que la demanda industrial alemana sostenga el trayecto completo hasta el norte. Sin ese extremo, la tubería andaluza sería una autopista con muy poco tráfico.

El riesgo tiene nombre y fecha. La producción de las plantas andaluzas alcanzará escala comercial a partir de 2029, y el Banco Europeo del Hidrógeno mantiene en sus subastas un criterio de precio que ya ha dejado fuera a proyectos españoles, como el de Ignis en Sevilla. Si la demanda industrial europea no arranca antes de 2030, la red troncal estará lista para transportar un producto que casi nadie compra. Si arranca, Andalucía habrá consolidado una ventaja de años sobre el resto de los valles continentales.

El primer examen llegará con la información pública del expediente Huelva-Aznalcázar. El segundo, con el ritmo real al que se tramiten los once tramos restantes antes de que cierre el año. Esa es la distancia que separa el anuncio de la obra.


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