Carlos Adams: el colapso de FTX le costó el 50% de su patrimonio y dispara su alerta sobre gestión de riesgo cripto

El inversor Carlos Adams recuerda en Wall Street Wolverine cómo perdió la mitad de su fortuna en el derrumbe de MTG y qué le enseñaron esas cicatrices para sobrevivir en un mercado donde la incertidumbre es la única constante.

La historia de Carlos Adams es la de un veterano de las trincheras cripto. En una entrevista con Wall Street Wolverine, el inversor y creador de contenido admitió que el colapso del exchange MTG se llevó aproximadamente el 50% de su patrimonio, una herida que hoy exhibe con orgullo. Aquel batacazo le permitió relativizar el desplome de FTX años después y, sobre todo, disparar una alerta sobre la gestion de riesgo que pocos se atreven a verbalizar tan claro: en este mercado nadie gana siempre y la incertidumbre es el combustible del crecimiento.

MTG, el primer gran colapso y la cicatriz de un guerrero

MTG, el que fuera el exchange dominante antes de la era Binance, quebró de forma estrepitosa. Adams recuerda aquellos días con una mezcla de pavor y épica. “En esa época todos creíamos que no llegaríamos a 2017 sin ver la pantalla del FBI”, relata en el canal Wall Street Wolverine. Sin embargo, cuando FTX protagonizó su sonada ruptura en 2022, él compartió un mensaje con su comunidad: “Vuestro FTX es mi MTG de 2014. Habrá un día en que hablaréis de esto con el mismo orgullo”.

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Para Adams, la analogía no es cínica: insiste en que un gran guerrero necesita grandes cicatrices. En un ecosistema donde el inversor novel a menudo percibe cualquier bajada como una estafa, él defiende que las pérdidas forman parte del juego y que la responsabilidad de cada decisión es cien por cien personal.

Ethereum, el dilema de los principios y una decisión costosa

Otra factura dolorosa llegó en 2016 con el hackeo de The DAO y la posterior bifurcación de Ethereum. Adams cuenta en la entrevista que el debate interno fue brutal: la comunidad cripto purista castigaba con “muerte civil” cualquier atisbo de intervención o centralización. Fiel a sus convicciones, optó por liquidar todas sus posiciones en ETH.

“Por principios también te puedes equivocar”, admite ahora. El mercado demostró que Ethereum no solo sobrevivió, sino que prosperó como plataforma de finanzas descentralizadas. Años más tarde recompró mucho más caro, aunque el ‘rush’ alcista desde 2019 le devolvió parte del terreno perdido. La lección, según él, es que la utilidad de un proyecto puede pesar más que una decisión ideológica inicial.

“Nadie se hace un gran guerrero en un mundo en el que la gente se cree que esto es solo subir y, si baja, le han estafado. Esto no funciona así: tú ganas y tú pierdes, siempre”.

— Carlos Adams

Esa máxima vertebra toda su filosofía. Para Adams, el inversor que solo busca rentabilidad sin asumir la posibilidad de pérdida está firmando un engaño. “Queréis que os digamos que las cosas son buenas, bonitas y baratas, que no hay riesgo. Eso sería engañar a la gente”, remacha.

Bueno, bonito y barato: el engaño de la inversión sin riesgo

El inversor aprovecha la charla para arremeter contra la mentalidad del “sin riesgo y con mucho rendimiento”, que él resume como la trampa del “bueno, bonito y barato”. Según sostiene, confiar en que una inversión puede ser segura, rentable y accesible es una fantasía que impide desarrollar la resiliencia necesaria para sobrevivir a los ciclos volátiles.

Adams propone un cambio de óptica: en lugar de rehuir el riesgo, conviene cabalgarlo. El símil que utiliza ante Víctor, el presentador del programa, es el del deporte extremo: la gracia está en que emocionalmente puedes morir; si no existiera ese peligro, no habría desafío. “Con el mundo de la inversión, aunque es más fácil decirlo que interiorizarlo, la clave es aprender a vivir con las liadas, que además se hacen más grandes”, señala.

Cabalgar la incertidumbre: el riesgo como motor del crecimiento

Para bajar la teoría al terreno práctico, Adams sugiere un enfoque gradual. El que empieza debe destinar una porción mínima de su capital, una cantidad que, si desaparece, no amargue la vida. “Yo tengo probablemente mucho dinero invertido comparado con la media de España, pero os aseguro que si mañana se fuera todo a la mierda, no me amargaría la vida”, confiesa.

Ese desapego, explica, se construye con disciplina, sacrificio y pensamiento a largo plazo. También con un colchón mental de opciones que reduzca el miedo a la ruina total. Un ejemplo polémico que pone sobre la mesa: la posibilidad de volver a casa de los padres como último recurso. “En el momento en que te lo planteas, tienes un estado mental de más calma que te ayuda a tomar mejores decisiones”, argumenta. La clave, insiste, no está en la desgracia en sí, sino en la serenidad que genera saber que siempre queda una salida.

Construir opciones y el colchón mental

Adams ilustra esta resiliencia con una anécdota reciente. El día del apagón global de Facebook, su equipo estaba gastando una cantidad importante en campañas publicitarias. “Podía haber dicho: vámonos a casa, esto es un desastre. Pero pensé: si esto ya es la señal de que el producto va a ser bueno, sigamos. Y se resolvió sin desajustes”, recuerda.

La actitud con la que se asumen los contratiempos —y esto puede sonar a autoayuda— condiciona los resultados, defiende. Pide a quien lo escucha que pruebe durante una temporada a filtrar los reveses con un tono constructivo y juzgue si le va mejor. “Tu forma de tomarte las cosas es lo que atrae lo que sucede”, afirma. En un entorno tan extremo como el de las criptomonedas, esa máxima cobra un peso especial.

Las reflexiones de Carlos Adams llegan pocos días después de que Wall Street Wolverine celebrase el evento “Las dos economías”, el pasado 4 de agosto, donde insistieron en la necesidad de distinguir entre el sistema financiero que perjudica al ciudadano y aquel que puede beneficiarle. La entrevista completa, que supera los diez minutos, ofrece una lección de realismo cripto que va mucho más allá de los gráficos de precios: gestionar el riesgo es, antes que nada, gestionar la cabeza. Y las cicatrices, si se llevan con orgullo, se convierten en la mejor credencial.

Puedes ver el análisis completo de Carlos Adams en el canal de Wall Street Wolverine aquí:

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