Aranceles India petróleo ruso: el Senado de EE.UU. aprueba el 100% y Nueva Delhi estudia represalias

La ley, respaldada por 86 votos en el Senado, autoriza a Trump a gravar con hasta el 100% las compras indias. Nueva Delhi, que ha multiplicado sus adquisiciones de crudo ruso desde 2022, sopesa represalias comerciales.

El Senado de Estados Unidos ha aprobado esta semana una ley que permite imponer aranceles de hasta el 100% sobre las importaciones procedentes de India y otros países que adquieran petróleo crudo ruso. Con una contundente votación de 86 a favor y 11 en contra, la Lindsey O. Graham Sanctioning Russia and Iran Act of 2026 otorga al presidente Donald Trump la discrecionalidad para activar estos gravámenes, un movimiento que la administración ya había adelantado en su discurso de sanciones contra Moscú.

He analizado el texto de la norma y lo que me llama la atención es que no se trata de un arancel automático. La ley faculta al Ejecutivo para decidir cuándo y sobre qué países aplicarlo, pero deja clara la lista de objetivos: cualquier nación que mantenga un flujo comercial significativo de crudo ruso. India, China, Turquía y Brasil figuran en la mira, aunque Nueva Delhi concentra la presión geopolítica más inmediata.

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India, el segundo mayor comprador de crudo ruso, en el centro de la diana

Desde que la guerra en Ucrania disparó los precios energéticos en 2022, India ha multiplicado sus compras de petróleo ruso con descuento, convirtiéndose en el segundo importador mundial solo por detrás de China. Las refinerías indias —especialmente las de la costa oeste— han adaptado su capacidad para procesar el crudo Urals, más pesado, a costa de reducir la cuota de suministro de Oriente Medio. Si la Casa Blanca activa el arancel del 100%, las exportaciones indias a EE.UU. —joyería, productos farmacéuticos, componentes electrónicos y textiles— se encarecerían al doble de su precio actual, haciéndolas prácticamente inviables.

Los defensores de la ley sostienen que el objetivo es claro: secar la fuente de financiación rusa. En una declaración posterior a la votación, el senador Lindsey Graham, principal impulsor de la medida, dejó una frase que resume la filosofía del Capitolio:

«Cada barril de petróleo ruso que compra India es un barril que financia la guerra en Ucrania. No podemos permitirlo mientras pedimos a los europeos que soporten el coste de las sanciones.» — Lindsey Graham, senador republicano por Carolina del Sur, 8 de agosto de 2026.

Sin embargo, la realidad energética india es tozuda. El país, que importa más del 85% del crudo que consume, ha encontrado en el blend ruso una vía barata para contener la inflación doméstica y los subsidios al combustible. Romper ese flujo en el corto plazo obligaría a recurrir al mercado spot del Brent, con el consiguiente repunte de precios y de las tensiones inflacionistas.

El dilema geoeconómico: ¿guerra comercial o presión negociadora?

En mi análisis, el Senado ha optado por una herramienta de negociación más que por una declaración de guerra comercial inmediata. El hecho de que Trump deba ejecutar la medida a discreción permite a la administración condicionar la imposición de aranceles a que India reduzca sus compras de crudo ruso o se sume a la coalición de sanciones. Algo que ni Nueva Delhi ni Pekín han mostrado intención de hacer, pero que ahora tiene un coste potencial muy cuantificable: según el Peterson Institute for International Economics, un arancel del 100% sobre las exportaciones indias a EE.UU. afectaría a bienes por valor de 73.000 millones de dólares anuales.

La gran incógnita es la respuesta de India. El Ministerio de Comercio indio ya ha filtrado que «se están evaluando todas las opciones, incluidas represalias proporcionales sobre bienes estadounidenses clave como el gas natural licuado (GNL) o los equipos de defensa». Una escalada de ese calibre pondría en riesgo la recién estrenada asociación estratégica entre las dos mayores democracias del mundo, justo cuando Washington necesita a Nueva Delhi como contrapeso a China en el Indo-Pacífico.

Conviene recordar que durante la primera guerra comercial de Trump, en 2018-2019, India fue uno de los países que replicó con aranceles sobre almendras, manzanas y otros productos agrícolas estadounidenses. Ahora, con un comercio bilateral que supera los 120.000 millones de dólares, el margen de represalia es mucho mayor.

🌍 El impacto en España y Europa

Para el lector español, este movimiento tiene dos lecturas inmediatas. Primero, la posibilidad de que los aranceles disparen el precio del Brent si India se ve forzada a competir en el mercado abierto por crudo no ruso. Un encarecimiento del barril se traduciría en un repunte del Euríbor a 12 meses —que ya cotiza en el entorno del 3,8%— y, por extensión, en un aumento de las cuotas hipotecarias de las hipotecas variables. Segundo, las empresas españolas del IBEX con exposición a India —como Inditex, que opera más de 400 tiendas en el país, o Técnicas Reunidas, con contratos de ingeniería— podrían verse arrastradas si Nueva Delhi responde con aranceles sobre bienes europeos como represalia indirecta. Un escenario que, aunque de baja probabilidad inmediata, añade un foco de incertidumbre a las ya frágiles perspectivas de crecimiento de la eurozona.


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