Microsoft, Amazon, Meta y Google se han lanzado a una carrera de gasto en inteligencia artificial que ha quemado 150.000 millones de dólares en el último año. La cifra, recogida por Yahoo Finance, ha provocado una sacudida en el mundo de la inversión. En el centro de la polémica, el profesor Aswath Damodaran, conocido como el ‘decano de la valoración’, ha lanzado una frase que resuena como un trueno: ‘es apostar, no invertir’.
El dato que incendia el debate: 150.000 millones en un año
El volumen de capital destinado a construir centros de datos, adquirir chips especializados y entrenar modelos de lenguaje ha superado cualquier precedente en la historia corporativa. No se trata de inversiones incrementales, sino de un desembolso sin parangón que equivale al PIB de muchos países medianos. Los cuatro gigantes —Microsoft, Amazon, Google y Meta— compiten por ver quién llega antes a una supuesta ventaja competitiva que aún nadie ha demostrado que exista.
La paradoja es que, mientras los consejos de administración aprueban partidas cada vez más abultadas, los resultados tangibles para el negocio tradicional siguen siendo difusos. Los asistentes conversacionales mejoran, pero la monetización masiva no termina de llegar. Los inversores empiezan a preguntarse si este despliegue de músculo financiero esconde una burbuja de sobreinversión comparable a la de las puntocom en el año 2000.
Damodaran: ‘Cuando no sabes lo que estás haciendo, no estás invirtiendo’
Aswath Damodaran, catedrático de finanzas en la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York, no se anda con rodeos. Su metodología de valoración por flujos de caja descontados es la biblia de gestores y analistas en todo el mundo. Ahora, ese mismo rigor le lleva a desconfiar de los gigantescos presupuestos que las Big Tech están quemando en IA.
En un reciente análisis, Damodaran ha señalado que el capex en inteligencia artificial carece de la visibilidad necesaria para ser considerado inversión. ‘Cuando no sabes lo que estás haciendo, no estás invirtiendo; estás apostando’, afirmó. El problema, según él, no es gastar, sino no poder proyectar con un mínimo de certeza los retornos futuros de ese gasto. La mayoría de los proyectos de IA actuales, añade, son apuestas a un desarrollo tecnológico incierto y a una demanda que todavía no se ha materializado.
Invertir es comprar flujos de caja, no esperanza.
Análisis: ¿Apostar o construir fosos?
La advertencia de Damodaran no puede tomarse a la ligera. Él ya avisó del sobreprecio de las puntocom y de la burbuja inmobiliaria. Su historial le avala. Y sin embargo, hay quien ve en este gasto un movimiento defensivo imprescindible. Si la inteligencia artificial acaba siendo el nuevo estándar de computación, quedarse fuera podría ser más caro que equivocarse.
Yo mismo he visto cómo las empresas que no apostaron por internet en los noventa acabaron desapareciendo. Ese miedo a perder el tren explica buena parte del impulso actual. Pero el matiz de Damodaran es crucial: no se trata de no gastar, sino de exigir que cada euro invertido tenga un camino hacia la rentabilidad. Sin esa hoja de ruta, los accionistas están financiando experimentos a ciegas.
Dejemoslo en un ya veremos. El mercado ha premiado hasta ahora a los que más invierten, elevando sus valoraciones a múltiplos exigentes. Pero si dentro de dos o tres años los ingresos por IA no llegan, el castigo puede ser brutal. Mientras tanto, el reloj sigue corriendo.




