El pacto de defensa en Oriente Medio que firman Turquía, Arabia Saudí y Pakistán reconfigura el equilibrio regional

La firma en La Meca de un tratado de defensa mutua entre las tres potencias suníes desafía a Irán y altera el equilibrio de poder en plena guerra en el estrecho de Ormuz.

Ayer, 7 de agosto, Turquía, Arabia Saudí y Pakistán firmaron en La Meca un pacto de defensa mutua que reconfigura el tablero de Oriente Medio. Lo he leído con atención en el comunicado conjunto emitido tras la ceremonia: cualquier ataque contra uno de los firmantes será considerado una agresión contra todos. La alianza, bautizada como Makkah Joint Defense Agreement, llega en un momento de máxima tensión regional, con una guerra abierta entre Estados Unidos, Israel e Irán desde el 28 de febrero y los rebeldes hutíes arreciando sus ataques contra territorio saudí.

El documento fue rubricado por el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan y el primer ministro paquistaní Shehbaz Sharif. Según un alto funcionario turco citado por Reuters, el acuerdo tiene un carácter puramente defensivo y permanece abierto a otros países de la zona. La fotografía de los tres líderes en La Meca simboliza el nacimiento de un bloque militar informal entre las tres potencias suníes, con Pakistán como única nación islámica nuclearizada.

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«El Acuerdo de Defensa de La Meca refleja un compromiso compartido con el fortalecimiento de la seguridad colectiva» — comunicado conjunto, 7 de agosto.

La génesis de un eje defensivo suní

Las conversaciones para este acuerdo llevaban tiempo sobre la mesa. De hecho, Arabia Saudí y Pakistán ya habían anunciado un pacto de defensa bilateral en 2025. Pero la guerra en Irán —desencadenada por los bombardeos estadounidenses e israelíes del 28 de febrero— ha acelerado los plazos. Como recordaba una fuente militar saudí a AFP, los recientes acontecimientos han empujado a Riad a buscar garantías de seguridad más allá de Washington.

Y es que los ataques no han cesado. Solo en la jornada del jueves, los hutíes, respaldados por Teherán, mataron al menos a 61 soldados yemeníes progubernamentales en varios asaltos con misiles y drones en Marib y Najran. En esa última región, once civiles resultaron heridos —siete de ellos saudíes— por impactos de artillería disparada desde Yemen. El portavoz militar saudí, general Turki al Maliki, denunció «bombardeos indiscriminados contra objetivos civiles».

Estos acontecimientos convirtieron la firma del viernes en una cuestión de urgencia geopolítica.

Irán responde con amenazas y los mercados de petróleo se agitan

La réplica iraní no se hizo esperar. El diputado Ebrahim Rezaei, miembro de la Comisión de Seguridad Nacional, advirtió a Arabia Saudí de que el nuevo pacto no le dará protección. “Los saudíes deben saber que un acuerdo de papel con Turquía y Pakistán no les traerá seguridad”, escribió en redes sociales.

Mientras tanto, el conflicto sigue asfixiando el tránsito por el estrecho de Ormuz. Según la firma de inteligencia marítima Kpler, solo ocho buques cruzaron el paso el jueves, muy lejos de los más de 100 diarios previos a la guerra. La petrolera emiratí ADNOC informó de que 15 de sus embarcaciones han sido atacadas desde el inicio de las hostilidades, con un empleado fallecido.

«La libertad de navegación y el paso seguro e ininterrumpido del transporte marítimo comercial a través de las vías navegables internacionales deben ser respetados y protegidos sin amenazas» — comunicado de ADNOC, 7 de agosto.

El precio del petróleo Brent refleja esa tensión. Aunque el barril cayó un 0,3% el viernes hasta los 83,26 dólares, sigue muy por encima de los 72 dólares previos al conflicto y, en los peores momentos, llegó a dispararse hasta 113 dólares. Los intentos de acuerdo entre Washington y Teherán para reabrir el estrecho han naufragado, lo que mantiene al mercado energético en un equilibrio precario.

Análisis: ¿disuasión o provocación en un polvorín?

Lo que veo en este movimiento es una apuesta calculada. El Acuerdo de Defensa de La Meca formaliza un eje que, sobre el papel, podría disuadir a Irán de expandir el conflicto hacia suelo saudí o paquistaní. Sin embargo, la historia enseña que los pactos defensivos en Oriente Medio rara vez apaciguan; a menudo refuerzan las líneas de fractura. La precencia de Pakistán —con su arsenal atómico— añade una dimensión nuclear a una crisis ya de por sí inflamable.

Al mismo tiempo, la economía global sufre. La Federación de Industrias Alemanas (BDI) estima que la guerra recortará el crecimiento mundial al 3% en 2026, 0,5 puntos menos de lo que habría sido sin el conflicto. La inflación repuntaría un punto porcentual adicional, hasta el 4,5%, lo que la BDI califica de “shock de estanflación”. La eurozona, con un raquítico 0,8% previsto, es una de las regiones más expuestas a estos vientos de cola.

El riesgo no está solo en los campos de batalla: está en los mercados de deuda y en los precios que pagan las familias por la energía. Si la guerra se prolonga, el BCE se verá forzado a mantener los tipos altos más tiempo, encareciendo hipotecas y créditos empresariales. Una recesión en Alemania arrastraría a España, cuya industria exportadora depende de la demanda europea.

🌍 El impacto en España y Europa

España y Europa sienten ya las sacudidas del pacto de defensa en Oriente Medio. El bloqueo de facto del estrecho de Ormuz dispara la factura energética: el crudo Brent se ha encarecido más de 11 dólares por barril respecto a los niveles previos a la guerra. Ese sobrecoste se traslada a los carburantes y, en última instancia, al IPC, que en España cerró julio en el 3,8%.

  • Euríbor: Si la inflación persistente obliga al BCE a retrasar los recortes de tipos más allá del otoño de 2026, el Euríbor a 12 meses —actualmente en torno al 3,5%— podría repuntar otros 20 o 30 puntos básicos, encareciendo en unos 40-60 euros mensuales la cuota de una hipoteca media variable.
  • Exportaciones: La ralentización de la economía global afecta a las ventas al exterior de bienes de equipo y automóviles, dos pilares del superávit comercial español. La BDI ya anticipa que la eurozona apenas crecerá un 0,8% en 2026.
  • Seguridad de suministro: El cierre intermitente del estrecho de Ormuz amenaza las rutas de gas natural licuado que llegan a las regasificadoras españolas, lo que podría tensionar los precios mayoristas de la electricidad en pleno verano.

En definitiva, el mapa geopolítico se ha movido y las consecuencias económicas para los hogares y las empresas españolas son muy directas.


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