Abelardo de la Espriella toma posesión: el nuevo presidente de Colombia hace del fracking su bandera económica

El abogado y empresario aliado de Trump y Milei apuesta por el 'fracking responsable' y la liberalización económica para atraer capital extranjero, en especial español, al sector energético colombiano.

He analizado el discurso de investidura de Abelardo de la Espriella desde Cali, y lo que más me ha llamado la atención no ha sido la presencia de Felipe VI o de Javier Milei, sino la mención explícita al ‘fracking responsable’ como eje central de su propuesta económica. El nuevo presidente de Colombia, un abogado y empresario de 48 años sin experiencia política previa, ha convertido la explotación de hidrocarburos no convencionales en su bandera para reactivar una economía estancada y atraer inversión extranjera.

El giro es radical. Frente al gobierno saliente de Gustavo Petro —que ha declinado asistir a la ceremonia alegando fraude sin pruebas—, De la Espriella representa un realineamiento promercado y una alianza estratégica con Estados Unidos e Israel. Su victoria en la segunda vuelta del 21 de junio, con apenas un margen del 1,8 % sobre Iván Cepeda, ha sido interpretada por los mercados como una señal de apertura al capital, en especial en minería y energía.

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Un giro a la derecha con el ‘fracking responsable’ como bandera

El mandatario, autodenominado ‘El Tigre’, ha financiado su campaña con fondos propios procedentes de su bufete de abogados y de inversiones en el sector agroalimentario, inmobiliario y de la moda. En su primer discurso, prometió ‘orden, autoridad y libertad’ y declaró agotada la vía del diálogo con los grupos armados. Pero el dato económico más relevante es su apuesta por el fracking como palanca de desarrollo. Colombia posee importantes reservas de esquisto en la cuenca del Valle Medio del Magdalena, y De la Espriella ha prometido acelerar los permisos para la exploración y explotación bajo un marco de ‘responsabilidad ambiental’.

Me detengo en este punto porque supone un cambio de paradigma para las compañías españolas del sector. Repsol ya opera en Colombia con bloques exploratorios, y otras empresas como Cepsa o Técnicas Reunidas podrían encontrar un clima más favorable en contratos de servicios. La presencia del Rey Felipe VI en la ceremonia no es casual: España es el segundo inversor europeo en el país, y la Casa Real mantiene un papel de interlocutor estratégico con las élites empresariales colombianas.

El discurso: orden, autoridad y libertad contra el narcoterrorismo

«La opción del diálogo está completamente agotada» — Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia, discurso de investidura, Cali, 8 de agosto de 2026

La frase resume su estrategia de seguridad: mega-cárceles, operaciones militares conjuntas con Estados Unidos —incluso la posible acogida de tropas en suelo colombiano— y la ruptura de relaciones con Cuba y Nicaragua. De fondo, el nuevo presidente quiere formar parte del ‘Escudo de las Américas’, la coalición antidroga impulsada por Donald Trump. Esta alineación geopolítica tiene también una lectura económica: un entorno más estable, al menos en el corto plazo, reduce la prima de riesgo y puede facilitar la financiación de proyectos energéticos.

El análisis: ¿qué significa para la economía colombiana y para las inversiones españolas?

Lo que veo aquí es una apuesta arriesgada pero con un potencial de retorno elevado para el capital internacional. Si De la Espriella logra contener la violencia en los corredores del narcotráfico —Cali y la costa Pacífica son zonas calientes—, el fracking podría añadir entre 1,2 y 1,8 puntos al PIB en un lustro, según estimaciones extraoficiales que manejan firmas de análisis en Bogotá. Sin embargo, el riesgo de protestas sociales es alto: el expresidente Petro ha llamado a manifestaciones masivas, y su denuncia de fraude mantiene una bolsa de inestabilidad. Además, el precedente de los bloqueos en 2021 muestra la fragilidad del acceso a los yacimientos.

Para las empresas españolas con intereses en Colombia —Banco Santander, Telefónica, Mapfre y las ya mencionadas energéticas—, el nuevo escenario ofrece una ventana de oportunidad. Pero exige cautela: la judicialización de los contratos y la polarización política pueden trabar cualquier proyecto. De momento, el mercado de deuda soberana colombiana ha reaccionado con una ligera compresión de los spreads, lo que sugiere un voto de confianza condicionado.

🌍 El impacto en España y Europa

El efecto directo sobre el Euríbor o las hipotecas variables españolas es prácticamente nulo, pero no lo es sobre la exposición de la gran banca española al riesgo colombiano. Un deterioro de la estabilidad política podría elevar las provisiones de Santander y BBVA en la región. En el plano energético, si el ‘fracking responsable’ despega, el crudo y el gas colombianos podrían moderar los precios internacionales a medio plazo, lo que beneficiaría marginalmente la inflación europea. No obstante, el verdadero canal de transmisión es la inversión directa: un marco regulatorio favorable y un gobierno alineado con Washington pueden redirigir flujos de capital que hoy se refugian en Brasil o México hacia Colombia, con las constructoras e ingenierías españolas como principales candidatas a participar en los nuevos proyectos de infraestructura energética.


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