Donald Trump volvió a mezclar en un mismo discurso la amenaza de aniquilación y la puerta abierta a una negociación sobre Irán. Los analistas que pasaron por el plató de Negocios TV, el internacional Paco Arnaldo y el político Carlos Paz, coinciden en un punto: el mensaje presidencial no responde a ninguna realidad sobre el terreno. Ni el cambio de régimen ni el control del estrecho de Ormuz se han producido. Lo que ha ocurrido, sostienen, es más bien lo contrario de lo que buscaba Washington.
Un mensaje que mezcla la amenaza con la mesa de negociación
El presidente estadounidense habló desde la sede de un organismo dedicado a los derechos humanos y, según recoge el programa, llegó a plantear abiertamente el aniquilamiento de todo un país mientras dejaba entreabierta la vía de un acuerdo con Teherán. Para Carlos Paz, no hay novedad alguna en ese vaivén: el analista político recordó que Trump lleva meses alternando promesas de destrucción total con gestos hacia la diplomacia, y afirmó que hace tiempo que no concede ningún valor a sus declaraciones.
Su lectura de fondo fue más dura. A su juicio, Estados Unidos entró en el conflicto con un cálculo enteramente erroneo y no ha conseguido ninguno de sus objetivos: ni destruir las estructuras del Estado iraní ni imponer un régimen afín que garantizase sus intereses y el acceso a los recursos del país. La situación, resumió, es prácticamente irresoluble, porque Teherán no se sentará a negociar mientras Washington no acepte las condiciones que ha puesto sobre la mesa.
Irán tiene ahora la llave del estrecho de Ormuz
Paco Arnaldo compartió ese diagnóstico y lo llevó al mapa. El analista internacional describió la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel con dos objetivos declarados —el cambio de régimen en Teherán y el control absoluto del estrecho— y un resultado inverso en ambos casos. El gobierno iraní, dijo, está hoy más fuerte en el interior y con más respaldo popular que antes, mientras que es Irán, y no Washington, quien domina de facto el paso marítimo por el que circula buena parte del crudo del Golfo.
Hay un dato temporal que Arnaldo subrayó: Irán se encuentra en una posición de fuerza muy superior a la que tenía antes del 28 de febrero, cuando arrancó esta fase de las hostilidades. Y hay un efecto colateral que afecta directamente a los aliados árabes de Estados Unidos: buena parte de las bases estadounidenses en el Golfo, en Jordania y en Irak han quedado seriamente dañadas, cuando no fuera de servicio.
‘Todo lo que ha hecho la administración Trump e Israel hasta ahora frente a Irán ha sido un tiro por la culata’.
— Paco Arnaldo, analista internacional
El castillo de naipes del dominio militar estadounidense
La infraestructura que Washington fue construyendo en la región desde el final de la Segunda Guerra Mundial para asegurar su dominio, según el análisis de Arnaldo, se ha venido abajo en pocos meses. El analista lo describió como un castillo de naipes: un entramado de bases y acuerdos que sostenía la proyección militar estadounidense sobre el Golfo y que hoy presenta un panorama muy distinto.
El golpe no es solo material. También alcanza a los socios. Las petromonarquías del Golfo —Qatar, Emiratos Árabes Unidos y, sobre todo, Arabia Saudí— han quedado seriamente tocadas, hasta el punto de que Arnaldo advirtió de que esta guerra sin estrategia pone en riesgo la propia supervivencia de esos regímenes, que eran los principales valedores de Estados Unidos en la zona. El caso emiratí, dijo, es especialmente delicado si el conflicto se prolonga.
Teherán se consolida con el respaldo de China y Rusia
En paralelo, el conflicto ha consagrado a Irán como potencia regional, si no lo era ya antes. Arnaldo sitúa ese ascenso en el marco del apoyo de China y Rusia, que refuerza la posición iraní tanto militar como diplomáticamente. Para el analista, ese es el balance real de la aventura emprendida por la administración Trump junto a Israel: un resultado contrario a lo que se buscaba.
Qué significa para el petróleo y para el lector
El estrecho de Ormuz no es un detalle en un mapa. Por ese paso marítimo circula en torno a una quinta parte del crudo que se consume en el mundo y buena parte del gas licuado que sale de Qatar hacia Asia. Si, como sostienen ambos analistas, es Teherán quien tiene la llave y no Washington, el precio del petróleo no va a desprenderse del riesgo geopolítico que arrastra desde el inicio del conflicto. Cada amenaza, cada discurso de madrugada, se traduce en primas de riesgo, seguros de flete más caros y rutas más largas para los cargueros.
Los más expuestos son los compradores asiáticos —China, India, Japón, Corea del Sur—, que dependen del suministro del Golfo para sostener sus economías. También Europa, que sigue importando crudo y derivados de la región y que ya ha pagado la factura energética de otras crisis recientes. En clave interna, la lectura que deja el programa es que el margen de maniobra de Washington en la zona se ha estrechado de forma notable, y que China y Rusia ganan influencia sin necesidad de desplegar tropas.
Conviene, eso sí, tomar el diagnóstico por lo que es: la opinión de dos analistas en un plató, no un parte oficial. La evolución de las bases dañadas, la respuesta de las petromonarquías y la actitud final de Teherán en una hipotética mesa de negociación son los elementos que confirmarán o desmentirán este escenario en las próximas semanas.
Queda la pregunta de fondo, la que sobrevuela todo el debate: si nadie puede ganar militarmente y nadie quiere ceder políticamente, quién acaba pagando el precio de esta parálisis. Por ahora, los mercados y los ciudadanos de la región responden con la respuesta más incómoda: incertidumbre.
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