PepsiCo extiende la agricultura regenerativa a más de 4.000 nuevas hectáreas en España para recortar la huella de carbono y la huella hídrica de su cadena agroalimentaria.
La compañía no parte de cero. Ya aplicaba estas técnicas en cultivos de patata y maíz, y ahora las lleva a los oleaginosos de su proveedor Garlan en el País Vasco y al maíz en grano y sémola de Mercoguadiana en Extremadura. Todo el despliegue se hace en colaboración con Earthworm Foundation.
Las 4.000 hectáreas nuevas: del País Vasco a Extremadura
En el País Vasco, el programa alcanza 2.200 hectáreas tras incorporar un 41% de cultivos nuevos. La cooperativa Garlan, proveedor de PepsiCo desde hace más de 30 años, suma ahora los oleaginosos a la patata en la que ya se trabajaba. En Extremadura, el programa Regen Ex llega al 55% de la superficie de maíz en grano y sémola de Badajoz de la mano de Mercoguadiana.
Las prácticas no son un catálogo decorativo. Incluyen cubiertas vegetales para proteger el suelo y frenar la erosión, la siembra directa, que permite plantar sin labrar antes el terreno, y los inhibidores de la nitrificación, que mejoran el aprovechamiento del nitrógeno y recortan las emisiones de gases de efecto invernadero. En Extremadura, las cubiertas vegetales cubren el 10% de los cultivos y su extensión está prevista a lo largo de 2026.
El riego por goteo alcanza más del 70% de los campos de maíz del programa extremeño. La fertilización de baja huella, producida con hidrógeno verde junto a Fertiberia, suma 3.500 toneladas en Extremadura, un 29% más que en 2024. Para los próximos años, PepsiCo prevé bandas de biodiversidad en zonas de ribera, abonos orgánicos y ensayos con productos bioestimulantes.
Regenerar el suelo no compensa emisiones: cambia la forma de producir el alimento, y eso es más difícil de medir, de auditar y de copiar rápido.
La formación corre en paralelo. Durante 2025, más de 40 agricultores del País Vasco y Extremadura pasaron por los programas de Earthworm Foundation para aplicar estas técnicas con criterio. Es la parte menos vistosa del proyecto y, a la vez, la que decide si el modelo sobrevive cuando cambia el proveedor o el precio del insumo.
La letra pequeña: qué se puede medir y qué no
Aquí conviene separar el compromiso de la acción. La acción está en España: más de 4.000 hectáreas nuevas, la incorporación de un 41% de cultivos nuevos en el País Vasco y un 55% del maíz extremeño bajo prácticas regenerativas. El compromiso es global: cuatro millones de hectáreas en 2030, frente a los 1,4 millones alcanzados a cierre de 2024, con proyectos en más de 20 países.

Lo que el anuncio no trae es una cifra de emisiones evitadas en España, ni una certificación externa que valide el conjunto, ni un importe de inversión desglosado por fase. Sin esos tres datos, el programa se sostiene sobre métricas de proceso —hectáreas, toneladas de abono, porcentaje de riego localizado— y no sobre resultados climáticos auditados. Hay avance real en el suelo. Todavía no hay factura de descarbonización.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Superficie: más de 4.000 hectáreas nuevas en España; 2.200 en el País Vasco tras incorporar un 41% de cultivos nuevos.
- Fertilización de baja huella: 3.500 toneladas en Extremadura, un 29% más que en 2024, con abonos producidos a partir de hidrógeno verde.
- Agua: riego por goteo en más del 70% de los campos de maíz de Badajoz dentro del programa Regen Ex.
- Emisiones: la compañía no desglosa en España el CO2 evitado; el objetivo global son cuatro millones de hectáreas en 2030.
Lo que este modelo empuja en el resto de la cadena
El interés de la jugada va más allá de PepsiCo. La industria agroalimentaria concentra buena parte de su huella en la fase agrícola, precisamente la que no controla porque depende de terceros. Cuando un fabricante exige a sus proveedores cubiertas vegetales, siembra directa o fertilizantes de baja huella, empuja a toda la cadena: la cooperativa cambia su rotación de cultivos, el distribuidor de insumos, cambia su catálogo y el agricultor cambia su coste por hectárea.
El marco regulatorio aprieta en la misma dirección. La CSRD obliga a las grandes compañías a reportar el Scope 3, donde se concentran las emisiones de los proveedores agrícolas, y la Taxonomía Verde europea exige justificar qué parte del negocio es realmente sostenible. Un programa como este no es solo reputación: es materia prima para el informe de sostenibilidad y, cada vez más, condición para acceder a financiación con etiqueta verde.
La duda razonable está en el ritmo. El sector lleva años anunciando agricultura regenerativa y las hectáreas certificadas crecen más despacio que los compromisos. En este caso, la compañía declara 1,4 millones de hectáreas a cierre de 2024 y cuatro millones en 2030: eso obliga a multiplicar por casi tres la superficie en seis años. Si el ritmo se mantiene como hasta ahora, el objetivo no se cumple.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: más de 4.000 hectáreas españolas pasan a prácticas que frenan la erosión, mejoran el aprovechamiento del nitrógeno y reducen el riego necesario.
- Modelo que cambia: el insumo fósil cede terreno al fertilizante de baja huella y la labranza intensiva deja paso a la siembra directa y a las cubiertas vegetales.
- Para las próximas generaciones: el suelo que produce la materia prima de la alimentación llega más fértil y con más carbono retenido que el que se labraba a cielo abierto.




