Greenpeace desmonta el greenwashing de NVIDIA: sus emisiones de alcance 3 subieron un 725% desde 2020 y hasta 21 millones de toneladas de CO2e ligadas al uso de sus chips quedan sin reportar.
El análisis lo firma Greenpeace International junto a Beyond Fossil Fuels, Friends of the Earth, Green Screen Coalition, Stand.Earth, Kairos Fellowship y Climate Action Against Disinformation. Coordinado por el analista Ketan Joshi, se presenta como el primer examen de las afirmaciones de lavado verde de la compañía, la más valiosa del mundo por capitalización bursátil y con el 92,5% de sus ingresos en centros de datos.
Las emisiones de alcance 3 son las que se generan fuera de los límites formales de la empresa: fabricación de materiales y componentes, transporte y, sobre todo, uso del producto vendido. El informe compila las divulgaciones de NVIDIA entre 2020 y 2026 y concluye que esas emisiones indirectas crecieron un 725%, con la fabricación como principal vector.
El 725% que sale de los propios informes de la compañía
El dato principal no depende de una estimación externa: se sostiene sobre lo que la empresa declara cada ejercicio. El briefing completo añade el cálculo de lo que no declara. A partir del consumo energético estimado de los chips vendidos, los autores sitúan en hasta 21 millones de toneladas de CO2e en 2025 las emisiones asociadas al uso de esos procesadores.
Ambas patas del negocio comparten resultado. Los chips se fabrican en Asia Oriental y se venden en todo el mundo, con un consumo eléctrico elevado a lo largo de su ciclo de vida. Después acaban en centros de datos igualmente intensivos en energía y en agua, dedicados en gran medida a operar inteligencia artificial generativa.
La eficiencia por vatio mejora en cada generación de chips, pero cuando el volumen absoluto se multiplica, la factura climática no baja: sube.
Avex Li, responsable de la campaña de cadena de suministro de IA en Greenpeace Asia Oriental, sostiene que la compañía quiere que el mundo crea que la IA resolverá la crisis climática mientras ignora las emisiones que crecen detrás de sus productos. Xueying Wu, de Greenpeace International, añade que el modelo traslada la carga ecológica a los países que fabrican la infraestructura.
Las tres coartadas verdes que el informe desmonta
El análisis identifica un patrón repetido en la comunicación de la compañía y lo somete a la prueba del dato.
- La IA como beneficio neto para el clima. Una promesa de futuro no compensa una huella presente ya cuantificada.
- La respuesta a la demanda de los centros de datos como palanca renovable. Ajustar el consumo no construye por sí solo capacidad limpia nueva.
- La eficiencia energética como progreso sostenible. Mejorar el rendimiento por vatio sin techo absoluto de consumo es una métrica de ingeniería, no un plan de descarbonización.
Hay un ejemplo que ilustra el tercer punto mejor que cualquier gráfico. La compañía anunció un suministro exclusivo para un centro de datos en Ohio (Estados Unidos) que, según los grupos firmantes, estaría alimentado por una de las mayores plantas de gas del mundo. Comprar eficiencia y venderla como sostenibilidad es el corazón del problema.

El detalle que cambia todo está en la cuenta de resultados. El segmento de centros de datos, empujado por la demanda de hardware para IA generativa, representa el 92,5% de los ingresos. Cualquier compromiso climático que no toque esa línea de negocio se queda en la periferia.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Aumento de emisiones de alcance 3: 725% entre 2020 y 2026, según las divulgaciones recopiladas en el informe.
- Emisiones por uso de chips vendidos: hasta 21 millones de toneladas de CO2e estimadas para 2025 y sin declarar.
- Peso del negocio implicado: el 92,5% de los ingresos procede del segmento de centros de datos.
- Objetivo exigido para 2030: extender el compromiso de renovables al 100% a toda la cadena de fabricación, no solo a las operaciones propias.
Por qué el caso NVIDIA anticipa el próximo frente regulatorio
La investigación de Greenpeace Asia Oriental titulada ‘Nvidia’s Green Illusion’ apunta al mecanismo: la empresa traslada su huella a proveedores asiáticos que dependen de combustibles fósiles sin invertir en renovables locales. Un estudio de la Universidad de las Naciones Unidas describe el mismo patrón a escala global: agotamiento de agua, tensión sobre la red, uso de suelo, residuos electrónicos, y contaminación minera donde aterriza la IA.
Ahí está la letra pequeña que interesa al inversor. La CSRD obliga a las grandes compañías que operan en la UE a reportar emisiones de su cadena de valor, y la Taxonomía Verde exige justificar qué parte del negocio es realmente sostenible. Un alza del 725% en alcance 3 sin partida declarada por el uso de los productos vendidos encaja mal en ese marco.
Las demandas del consorcio son concretas: inversión profunda en energía renovable nueva y adicional a escala global, y ampliación del objetivo de renovables del 100% desde las operaciones propias a toda la cadena de fabricación en 2030, con Taiwán como punto crítico. Es la diferencia entre compensar y descarbonizar. Más contexto sobre la metodología de reporte en el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero.
El sector tecnológico lleva años vendiendo la eficiencia como si fuera reducción. Los datos agregados del negocio de la nube muestran la misma tensión: las emisiones absolutas suben mientras los informes destacan ratios por unidad de cómputo. Ese discurso tiene fecha de caducidad.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: Poner cifra a 21 millones de toneladas de CO2e no declaradas y al 725% del alcance 3 mete la huella del negocio de la IA en el inventario.
- Modelo que cambia: La eficiencia por vatio deja de valer como sustituto de un plan de descarbonización verificable y con techo absoluto de consumo.
- Para las próximas generaciones: Reportar la cadena de suministro y el uso del producto traslada el coste ambiental al balance de quien lo genera, no a las comunidades que lo soportan.





