Tesla y SpaceX invertirán 14.500 millones en Terafab, su mayor planta de chips en Texas

La inversión, de 16.800 millones de dólares, creará 3.000 empleos en el condado de Grimes. La demanda de procesamiento de ambas empresas alcanzará 1 teravatio.

Tesla y SpaceX invertirán 14.500 millones de euros (16.800 millones de dólares) en Terafab, la mayor planta de semiconductores del planeta, ubicada en Texas. La instalación, que aspira a cubrir la demanda interna de chips para inteligencia artificial, robótica y centros de datos espaciales, prevé crear 3.000 empleos directos y alcanzar una capacidad de procesamiento superior a 1 teravatio (TW), una cifra que supera la oferta global actual.

Una inversión récord para sortear el cuello de botella de los chips

Las dos compañías propiedad de Elon Musk han comunicado que la creciente brecha entre la oferta y la demanda de semiconductores ha hecho inevitable esta apuesta por la producción propia. “Si bien valoramos enormemente a nuestros proveedores de chips actuales y los alentamos a expandir la producción siempre que sea posible, esta brecha es la razón principal de la necesidad de Terafab”, han explicado.

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La nueva fábrica se levantará en el condado de Grimes, en Texas, cerca de otras instalaciones del conglomerado Musk. Al menos 3.000 personas serán contratadas, y entre el 60% y el 80% de ellas provendrán de la comunidad local, siguiendo la política de contratación que ya aplican en sus factorías texanas.

La demanda combinada de chips de ambas firmas se espera que rebase 1 TW, un consumo que ninguna cadena de suministro actual puede satisfacer. Terafab se encargará de la fabricación, del empaquetado y de las pruebas de dispositivos lógicos y de memoria avanzados. Las futuras fases de expansión elevarán la inversión total de manera considerable.

De los robots Optimus a los Cybercabs: qué chips fabricará Terafab

La planta producirá semiconductores optimizados para computación perimetral e inferencia, imprescindibles para el hardware autónomo de Tesla. Los robots Optimus y los Cybercabs —los robotaxis sin conductor— serán los grandes consumidores de estos chips, junto con los procesadores de alta potencia que SpaceX necesita para sus centros de datos espaciales.

En la práctica, eso significa que Terafab no competirá directamente con las fundiciones tradicionales como TSMC o Samsung que producen chips genéricos. Se trata de una fábrica a medida del ecosistema Musk, que integra desde el diseño hasta la validación final. Esta verticalización extrema reduce la dependencia de la cadena de suministro global y blinda a ambas compañías frente a crisis de semiconductores como la vivida en años anteriores.

La apuesta de Musk por Terafab no es solo una fábrica: es la respuesta a un cuello de botella que amenaza el ritmo de despliegue de sus ambiciones autónomas y espaciales.

Verticalización extrema frente a la dependencia de TSMC y Nvidia

Más allá de la espectacularidad de la cifra, la noticia tiene una lectura estratégica profunda. Tesla lleva años advirtiendo de que la oferta de semiconductores es el principal limitante de sus planes de crecimiento. SpaceX, por su parte, necesita chips de alta potencia para la constelación Starlink y sus proyectos de exploración interplanetaria. Juntar la demanda de ambas bajo un mismo techo industrial permite diluir los costes fijos y acelerar el desarrollo de tecnologías que interesan a las dos compañías.

La operación recuerda —salvando las distancias— al movimiento que Apple hizo al migrar sus procesadores al diseño propio con los chips M. En lugar de depender de Intel, la compañía de Cupertino controló la hoja de ruta y el rendimiento. Con Terafab, Musk va un paso más allá: no solo diseña, sino que fabrica.

El impacto en los proveedores tradicionales no será inmediato, pero sí significativo a largo plazo. Grandes clientes como Tesla y SpaceX dejarán de proveerse de ciertos chips genéricos, lo que podría liberar capacidad en TSMC o Nvidia, pero también les sustraerá parte del know-how asociado a los diseños más avanzados. Para los inversores europeos que contemplan las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y China, esta fábrica en territorio texano añade un factor adicional de control de la cadena de suministro.

📊 Las Claves para el Inversor

  • Qué vigilar: Las próximas fases de expansión, que elevarán la inversión total de manera considerable, y los contratos de suministro que Tesla y SpaceX vayan cerrando con terceros una vez que Terafab entre en funcionamiento.
  • Reacción del valor: El mercado ya descuenta que la integración vertical de Musk puede comprimir los márgenes de proveedores externos. La evolución del coste de los chips propios frente al precio de compra a fundiciones será el dato clave a seguir.
  • Precedente sectorial: Otras compañías tecnológicas, como Apple, han demostrado que el control del silicio mejora la rentabilidad y la autonomía estratégica. Terafab lleva ese modelo a una escala de producción sin precedentes en el ecosistema de la movilidad autónoma y la exploración espacial.

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