La NASA ha detectado que el deshielo ártico se ha estabilizado donde sus modelos esperaban una aceleración. La temporada de fusión del hielo marino dejó de alargarse alrededor de 2010 y desde entonces se mantiene más o menos igual, según un estudio liderado por la agencia espacial estadounidense a partir de 44 años de observaciones por satélite.
La cifra que lo resume: la temporada de deshielo del hielo marino ártico dura hoy unos 40 días más que en 1979, cuando arrancó el registro satelital. Casi todo ese aumento se produjo antes de 2010. Después, la curva se aplana.
No cae. No se recupera. Se queda quieta, con oscilaciones de un año a otro, pero sin la tendencia alcista que venía dibujando desde finales del siglo XX. El dato lo recoge el Earth Observatory de la NASA y descoloca una de las proyecciones más asentadas de la climatología polar.
El resultado se publica en Communications Earth & Environment, con la científica de hielo Linette Boisvert, del Goddard Space Flight Center, entre los autores. El equipo analizó observaciones de satélite entre 1979 y 2023 y midió dos momentos de cada año: cuándo empieza a fundirse el hielo en primavera y cuándo vuelve a congelarse en otoño.
El otoño, y no la primavera, explica casi todo el cambio
La primera sorpresa está en el reparto del calendario. El alargamiento de la temporada no vino de que el hielo empezara a fundirse antes en primavera, sino de que tardó más en volver a congelarse en otoño. Ese detalle cambia el diagnóstico: el problema no es tanto el calor que llega, sino el frío que no acaba de instalarse.
Durante los años 2000, cuando el hielo se perdió a gran velocidad, la superficie blanca que reflejaba la luz del sol fue sustituida por agua oceánica oscura, que absorbe mucha más radiación. Ese excedente de energía solar retrasaba la congelación y estiraba la temporada. En los mapas difundidos por la NASA, las zonas más rojas de aquella década marcan los puntos donde la temporada crecía hasta 5 días por año.
El Ártico no ha dejado de perder hielo: lo que ha cambiado es quién manda en su calendario, si la física del clima o el tiempo de cada año.
Menos hielo y más nubes: la nueva mecánica del Ártico

El hielo que queda es distinto. Buena parte del que cubre hoy el océano Ártico es joven y delgado, formado en un solo invierno, en lugar del hielo plurianual que sobrevivía varios veranos y funcionaba como una reserva estable. Boisvert lo resume en el comunicado de la agencia: antes había más hielo que no se fundía cada verano; ahora, al ser más fino y escaso, la variabilidad es mucho mayor.
Para situar la escala humana del fenómeno, 40 días son casi seis semanas más de fusión al año que hace cuatro décadas y media. En 1979, cuando arranca el registro satelital, el Ártico conservaba extensiones de hielo que hoy solo resisten en los rincones más fríos del norte de Groenlandia y del archipiélago ártico canadiense.
Ahí está la paradoja. Un hielo más fino debería ser más frágil, y lo es, pero también vuelve al sistema más dependiente del tiempo atmosférico de cada año. En la última década, los patrones de nubosidad han reducido la cantidad de luz solar que llega a partes del océano Ártico, lo que ha recortado la energía disponible para fundir la superficie sin revertir la pérdida acumulada.
Conviene no leer la estabilización como una buena noticia. La región sigue calentándose casi cuatro veces más rápido que la media global, y el hielo que queda es bastante más delgado que hace unas décadas. Lo que ha dejado de crecer no es el calentamiento, sino una de sus consecuencias visibles.
Por qué este resultado obliga a revisar los modelos climáticos
Los modelos que proyectan el futuro del hielo marino se apoyan en una relación bastante directa: más temperatura, menos hielo, temporada más larga. Este trabajo introduce una pieza que esos modelos tratan de forma tosca, la nubosidad, y sugiere que el Ártico puede haber entrado en un régimen distinto, en el que el tiempo de cada año pesa más que el forzamiento climático de fondo. No es un matiz menor: cambia qué variables hay que vigilar para anticipar lo que viene.
No es la primera vez que el Ártico desconcierta a quien intenta predecirlo. La extensión mínima de septiembre ha sorprendido varias veces en ambas direcciones, con años de desplome y años de aparente tregua. Lo que aporta este estudio es un marco físico para explicarlo: el balance energético de la región, es decir, la diferencia entre el calor que entra por el sol, la atmósfera, y el océano y el que sale hacia el espacio como radiación infrarroja.
Hay que tomarlo con la cautela que exige un resultado recién publicado. El registro cubre hasta 2023 y deja fuera los últimos años, así que la ventana de estabilización es de apenas trece ejercicios. Un periodo corto para hablar de cambio estructural.
Los propios autores avisan de que el hielo grueso que aún resiste al norte de Groenlandia y en el archipiélago ártico canadiense podría seguir adelgazando y desencadenar otra fase de pérdida rápida. La serie de satélites que vigila el hielo y el balance energético ártico tendrá la última palabra: cada nuevo septiembre añade un dato a la pregunta de si el aplanamiento de 2010 fue un cambio de régimen o solo un respiro.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: La temporada de deshielo del hielo marino ártico dejó de alargarse alrededor de 2010, tras cuatro décadas de crecimiento sostenido.
- Dónde: Océano Ártico, a partir de observaciones de satélite que cubren todo el hemisferio norte polar.
- Institución responsable: Estudio liderado por la NASA con datos del Goddard Space Flight Center y publicado en Communications Earth & Environment.
- Cuándo: Registro satelital de 1979 a 2023; resultados difundidos por el Earth Observatory de la NASA en septiembre de 2026.
- Impacto a futuro: Obliga a incorporar la nubosidad y la variabilidad atmosférica anual en los modelos que proyectan el hielo marino del Ártico.





