Llenar el depósito del coche cuesta hoy 16 euros más que a principios de julio. La gasolina encadena su quinta subida semanal consecutiva y acumula un encarecimiento cercano al 20% desde que decayó la ayuda del IVA, según los datos recopilados por El Mundo y otros medios. El diésel no se queda atrás: en provincias como Gipuzkoa, poner un tanque lleno exige 22 euros extra respecto al mismo mes del año pasado.
El goteo de subidas que empezó con el fin del descuento
El 1 de julio expiró la bonificación parcial del IVA que el Gobierno mantenía desde 2022 para amortiguar el impacto de la guerra de Ucrania. A partir de ahí, la gasolina 95 ha pasado de rondar los 1,45 euros por litro a superar los 1,70 euros en algunas estaciones de servicio. El diésel A, que entonces se movía en torno a 1,38 euros, ya cotiza por encima de 1,60 euros. La subida, semana tras semana, ha sido constante.
Los precios actuales se sitúan en máximos no vistos desde el verano de 2023, aunque aún lejos de los picos de 2022, cuando el litro de gasolina rozó los 2 euros. No obstante, la tendencia preocupa: en plena operación salida de agosto, el coste del combustible se come una parte creciente del presupuesto familiar.
El efecto en el bolsillo: cuánto cuesta llenar un depósito
Tomando como referencia un depósito medio de 55 litros, el desembolso ha pasado de unos 80 euros a principios de julio a casi 96 euros en la primera semana de agosto. Los 16 euros adicionales duelen más en rentas ajustadas. Y en el caso del diésel, la factura puede dispararse aún más: en Gipuzkoa, llenar un coche diésel exige 22 euros más que en agosto de 2025, según informa El Diario Vasco. Las diferencias regionales responden a los distintos impuestos autonómicos sobre los carburantes y a la presión competitiva entre estaciones.
Más allá del verano: un mercado petrolero tenso y una fiscalidad en el aire
La escalada no es solo un fenómeno español. El barril de Brent lleva semanas cotizando por encima de los 85 dólares, impulsado por la estrategia de recortes de producción de la OPEP+ y por una demanda estival más fuerte de lo esperado. A eso se suma el efecto amplificador de los márgenes de refino, que en Europa se han mantenido altos durante todo 2026. Pero, en clave doméstica, la retirada del descuento del IVA ha actuado como un acelerador: sin la red fiscal, las subidas internacionales se trasladan limpias al surtidor.
La gasolina ha subido más por factores externos que por la decisión de retirar el descuento, pero sin esa retirada el golpe sería menor.
Creo que el Gobierno se enfrenta ahora a un dilema incómodo. Por un lado, volver a intervenir en los carburantes mediante una nueva bonificación ayudaría a contener el malestar social y a moderar la inflación subyacente, porque los costes del transporte se filtran a toda la cesta de la compra. Por otro, restablecer la ayuda mandaría una señal de debilidad fiscal y pondría en cuestión la senda de consolidación presupuestaria que Bruselas vigila con lupa. El Ministerio de Hacienda ya ha dejado caer que las rebajas generalizadas no volverán. Pero si el precio del petróleo sigue subiendo, la presión política será difícil de ignorar.
Más allá del corto plazo, las familias españolas deberían prepararse para un otoño con los carburantes instalados en torno a 1,75 euros el litro si no hay un giro en el mercado del crudo. La experiencia de los últimos años enseña que las ayudas fiscales son, muchas veces, un parche temporal que al retirarse provoca un rebote. Con la inflación general aún en el entorno del 3%, cada céntimo cuenta.





