La Casa Blanca y Teherán han desencadenado este lunes una guerra de relatos sobre el estado real de las negociaciones para desbloquear el estrecho de Ormuz, cerrado por la fuerza de los hechos militares desde hace más de un mes. Mientras Donald Trump, presidente de Estados Unidos, anunció conversaciones directas, la República Islámica lo desmintió horas después, limitando sus contactos a un acuerdo técnico con Omán. La confusión mantiene al mercado del petróleo en vilo y a más de 2.000 buques mercantes sin poder transitar la vía que canaliza un tercio del crudo mundial.
He seguido de cerca las declaraciones y los movimientos de ambas capitales. Lo que está en juego no es solo la reapertura temporal del paso; es la posibilidad de un acuerdo de desnuclearización y el fin de un conflicto que dura ya cinco meses. El presidente estadounidense —que en julio calificó al liderazgo iraní de ‘basura y dijo no ver sentido a negociar— ahora vuelve a explorar la diplomacia, mientras sus militares mantienen un bloqueo naval sobre Irán.
Las versiones enfrentadas: de la amenaza a la diplomacia
Trump afirmó el domingo por la noche que el ataque masivo que planeaba contra Irán —»el mayor desde la Segunda Guerra Mundial», dijo— fue cancelado a petición de varios países de Oriente Medio, encabezados por Arabia Saudí, que aseguraron que un acuerdo con Irán está muy cerca.
«Estábamos listos para atacar. Iba a ser un ataque enorme. Pero cuando nuestros aliados nos pidieron que lo cancelásemos, dije… ‘bueno, veamos’. Y creo que nos hicieron esa petición porque hay un posible acuerdo». — Donald Trump, presidente de Estados Unidos, 3 de agosto de 2026
Horas más tarde, Teherán emitió un mensaje radicalmente opuesto. «Estamos en conversaciones tan solo para determinar una ruta segura temporal en Ormuz. Conseguir un acuerdo con Omán no servirá para reabrir el estrecho. Ormuz no está cerrado por desacuerdos entre Irán y Omán. Está cerrado a causa de la agresión militar de EE.UU. y el régimen sionista», declaró Esmaeil Baghaeí, portavoz del Ministerio de Exteriores iraní. Además, negó que se vayan a enviar o recibir delegaciones diplomáticas en los próximos días.
El preacuerdo que Washington y Teherán firmaron a mediados de junio no ha disipado las dudas. El texto pactó la reapertura total pero temporal del estrecho, sin aclarar quién lo controla ni resolver las exigencias de Irán de cobrar por el paso. Aquel preacuerdo fijó un plazo de 60 días para un acuerdo definitivo, que expira el 21 de agosto, aunque es prorrogable —si ambas partes están de acuerdo—, algo que hoy parece más improbable que nunca.
Ormuz, el termómetro que ahoga al crudo
La vía marítima, por la que transita aproximadamente un 20% del petróleo global, está completamente bloqueada desde hace más de un mes. La Armada de EE.UU. mantiene un bloqueo que impide la entrada y salida de mercancías hacia Irán, mientras la República Islámica insiste en que controla el estrecho y amenaza con gravar a cualquier buque que lo cruce en el futuro. Mientras, más de 2.000 buques mercantes permanecen varados, y las primas de seguro para las rutas alternativas se han disparado.
La cotización del barril de Brent, el crudo de referencia en Europa, se mueve en niveles que no se veían desde la crisis energética de 2022, con picos superiores a los 130 dólares en los momentos de mayor tensión. El encarecimiento del combustible no es solo un problema geopolítico: se traduce en costes de transporte y producción que empujan la inflación global justo cuando los bancos centrales empezaban a vislumbrar el final del ciclo de subidas de tipos.

El patrón errático de Trump y el riesgo de una última oportunidad perdida
Lo que veo en esta dinámica es una gestión deliberadamente confusa de las expectativas. Trump oscila entre la amenaza de ‘decapitación’ y la oferta de diálogo en cuestión de horas. Ese patrón —ya ensayado con Corea del Norte o durante la ofensiva contra los aranceles— genera una incertidumbre que, lejos de presionar a Teherán, puede estar consolidando la narrativa del liderazgo iraní de que Occidente no es un interlocutor fiable.
El plazo del 21 de agosto es más que una fecha en un calendario. Si no hay avances, las probabilidades de un ataque —como el que Trump estuvo a punto de ordenar— crecen exponencialmente. Una escalada militar cerraría Ormuz por completo y de forma indefinida, lo que dispararía el precio del crudo a cotas difíciles de prever y pondría a la economía mundial al borde de una recesión de oferta. Cualquier señal de progreso real en las conversaciones con Omán, o de un principio de acuerdo sobre la desnuclearización, podría descomprimir el mercado y aliviar la factura energética de los consumidores europeos. El reloj corre y no hay margen para un nuevo amago.
🌍 El impacto en España y Europa
España importa más del 70% de los hidrocarburos que consume por vía marítima, y un Ormuz bloqueado durante semanas o meses empuja los precios de los combustibles, los fletes y, por extensión, la cesta de la compra. Desde que comenzó el conflicto, el componente energético del IPC ha repuntado en la eurozona, amenazando la senda de desinflación que el BCE necesita para justificar nuevas bajadas de tipos en septiembre.
- El Euríbor a 12 meses, referencia para la mayoría de las hipotecas variables en España, se mantiene presionado al alza ante el temor a un repunte inflacionario adicional; alargar un conflicto que encarece el crudo retrasa inevitablemente el alivio hipotecario que esperan millones de familias.
- Las empresas del sector del transporte y la petroquímica son las primeras en sufrir el encarecimiento de los costes, mientras que un deterioro prolongado de la seguridad en el Golfo Pérsico afectaría a las exportaciones de bienes industriales españoles hacia los mercados de Oriente Medio.
- Para el BCE, el riesgo de una inflación energética importada complica el debate interno: cada dólar que escala el Brent añade presión para mantener los tipos elevados, justo cuando las economías del sur necesitan financiación asequible para sostener la inversión.
Más allá de las sanciones o las cifras de buques varados, lo que está en juego es la factura que los ciudadanos europeos pagarán durante los próximos meses en la gasolinera y en la letra mensual del banco. Y esa factura depende, en última instancia, de que Trump y el liderazgo iraní logren ponerse de acuerdo antes de que la vía militar se imponga definitivamente.




