La encuesta sobre IA y empleo de Pew Research deja un veredicto global: la tecnología destruirá puestos de trabajo. En 34 de los 37 países analizados, la mayoría de los entrevistados cree que la inteligencia artificial eliminará más empleos de los que creará en las próximas dos décadas.
El centro de investigación estadounidense entrevistó a 42.151 personas entre el 8 de febrero y el 13 de mayo, y el resultado dibuja un pesimismo que ninguna campaña corporativa ha conseguido desactivar. El trabajo de campo, publicado por Pew Research Center, sitúa la preocupación muy por encima del optimismo en casi todo el mapa. Solo tres países escapan a la mayoría negativa. La brecha entre lo que promete la industria y lo que teme la población ya es un hecho medible.
Claves de la operación
- 34 de 37 países ven riesgo de destrucción de empleo. La percepción negativa es mayoritaria en casi todo el mundo, no un fenómeno localizado.
- El miedo se concentra en las economías más ricas. Australia y Corea del Sur (76%) y Estados Unidos (71%) encabezan la lista de países preocupados.
- La percepción presiona al regulador europeo. Bruselas despliega la AI Act hasta 2027 mientras la opinión ciudadana ya da por hecho el impacto laboral en España.
El pesimismo que la industria tecnológica no logra desactivar
Las grandes tecnológicas llevan dos años repitiendo el mismo mensaje: la IA creará más empleo del que destruye. La encuesta dice lo contrario. En 34 de los 37 países sondeados, la mayoría de la población se inclina por la destrucción de puestos frente a la creación. La narrativa oficial no ha calado.
Los datos de Pew Research llegan además en un momento delicado. Las advertencias más apocalípticas sobre la IA, las que firman investigadores y exdirectivos del sector, se han multiplicado en los últimos meses. La encuesta se realizó antes de esa oleada, lo que refuerza una lectura incómoda: el miedo ya estaba instalado antes de los grandes titulares.
Entre los analistas hay consenso en que la percepción social acaba condicionando la inversión. Si el cliente y el trabajador dan por hecho el recorte, las empresas ajustan antes y más rápido. El efecto profecía autocumplida no es un detalle menor en un mercado laboral que empieza a notar los primeros ERE vinculados a la automatización de tareas administrativas.
Una encuesta no destruye empleos, pero sí decide qué gobierno se atreve a legislar la IA antes de que el mercado se le adelante.
Por qué el miedo se concentra en los países ricos
El patrón geográfico es revelador. Australia y Corea del Sur empatan en cabeza con un 76% de respuestas pesimistas; Estados Unidos se queda en el 71%. Son economías con un peso elevado de empleo cualificado y de cuello blanco, justo el segmento que la IA generativa amenaza primero. En cambio, los países con menor exposición a la automatización muestran una confianza relativa mayor.
La paradoja es que las naciones más avanzadas tecnológicamente son también las que más temen el cambio. Tienen más que perder, y lo saben. El informe no atribuye el miedo a un sector concreto, pero el detalle de los porcentajes apunta a la abogacía, la contabilidad, la atención al cliente, y parte del desarrollo de software.
Para los inversores, la lectura tiene una consecuencia práctica. Un mercado laboral que asume el recorte presiona los salarios a la baja en los sectores expuestos y acelera la demanda de perfiles de reconversión. El miedo también es un mercado. Las compañías que vendan formación, recolocación y automatización se convierten en las beneficiarias directas del miedo ajeno.
Lo que España se juega con la percepción social de la IA
España, con una de las tasas de paro más altas de la Unión Europea, es un caso especialmente sensible. El país ya vivió una primera ola de automatización en la banca: el cierre de miles de oficinas y los ERE de las entidades entre 2019 y 2023 adelgazaron la red comercial de forma irreversible. Aquel precedente explica por qué la opinión pública española mira la IA con más recelo que entusiasmo.
Las cotizadas del IBEX 35 no son ajenas a esa tensión. Telefónica ha vinculado parte de su plan de eficiencia a la automatización de procesos internos, y otras compañías del índice siguen el mismo camino. El discurso corporativo insiste en la creación de nuevos perfiles digitales; el ajuste, sin embargo, se ejecuta antes sobre los puestos que ya existen. La tensión no es nueva.
El calendario regulatorio añade presión. La AI Act europea despliega sus obligaciones por fases hasta 2027, y las empresas con sistemas de alto riesgo tendrán que documentar sus procesos. Ese desarrollo puede convertirse en un freno o en una oportunidad, según cómo lo aterrice cada compañía. La percepción ciudadana que retrata Pew Research marca el terreno de juego: si la opinión da por hecho el despido, el margen político para una transición ordenada se estrecha.
Con las tecnológicas bajo presión para demostrar que la IA crea empleo neto, la próxima temporada de resultados servirá de termómetro. Si las plantillas siguen encogiendo mientras los beneficios suben, la brecha entre el discurso y la percepción pública que mide Pew Research dejará de ser una encuesta para convertirse en un problema político.




