La actualización Glamsterdam de Ethereum supera su ensayo general y desbloquea más capacidad

El ensayo ya opera con un límite de 200 millones de gas por bloque, frente a los 60 millones con los que arrancó. El salto a la red pública de pruebas Sepolia está previsto para el 6 de octubre.

La actualización Glamsterdam de Ethereum ha superado su ensayo general con un cliente capaz de procesar 570.700 millones de unidades de gas en poco más de tres minutos. El software de ejecución de Nethermind completó 2.302 pruebas a un ritmo medio de 2.900 millones de gas por segundo, según la información publicada por CoinDesk. El siguiente hito es Sepolia, la red pública de pruebas, con activación prevista para el 6 de octubre.

Nethermind probó su software el miércoles, y la medición no fue de la velocidad de toda la red, sino del rendimiento del programa que instalan los ordenadores que sostienen Ethereum —lo que el sector llama un cliente—. El objetivo era validar uno de los cambios más ambiciosos de este hard fork, el término con el que se conoce a las actualizaciones profundas de reglas que la red activa de golpe: las listas de acceso a nivel de bloque, una de las propuestas recogidas en el repositorio público de mejoras de Ethereum.

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Un aviso previo para dejar de trabajar en fila india

Para entender por qué importa, conviene mirar cómo trabaja un nodo hoy. Recibe el bloque, busca los datos que necesita y verifica las transacciones una detrás de otra. Ese orden secuencial marca cuánta actividad cabe en cada bloque sin poner en riesgo la cadena, y explica por qué Ethereum se atasca cuando llega mucha gente a la vez. Las listas de acceso funcionan como una nota que acompaña al bloque: avisan a cada ordenador de qué cuentas y qué datos almacenados va a necesitar antes de empezar a procesarlo.

Con ese aviso, la máquina puede ir a buscar la información y verificar transacciones no relacionadas al mismo tiempo. Menos espera, más trabajo por unidad de tiempo. En la prueba del miércoles, Nethermind procesó esos 570.700 millones de gas con las nuevas reglas activas, un resultado que sitúa al cliente en condiciones de dar el salto a Sepolia, la red de pruebas donde los cambios se ensayan antes de tocar el dinero real.

De 60 a 200 millones de gas por bloque

El otro cambio es más fácil de explicar. El ensayo de Glamsterdam arrancó con un límite de 60 millones de gas por bloque y, aproximadamente una hora después, ya operaba con 200 millones de gas por bloque. Más del triple. El gas no es una moneda: es la unidad con la que Ethereum mide el esfuerzo computacional de cada operación, como recuerda la documentación oficial de la red, y el límite por bloque es el presupuesto máximo que ese bloque puede gastar. Ese techo decide cuántos pagos, intercambios de tokens, y operaciones en protocolos de finanzas descentralizadas caben en cada uno.

La consecuencia para el usuario es directa. Cuando llega un pico de actividad —un lanzamiento popular, una liquidación masiva, una subasta de NFT—, los interesados compiten por ese espacio y las comisiones se disparan. Con más sitio disponible, la puja se tensa menos y los picos de gas son menos severos. La noticia llega, además, en una semana en la que el mercado digiere el alza de tipos de la Fed, un telón de fondo macro que no ayuda.

Glamsterdam no promete comisiones baratas, promete que la red aguante el tirón cuando medio mercado quiera entrar a la vez.

El equilibrio delicado: más capacidad sin expulsar a los nodos pequeños

Hay un pero que Ethereum arrastra desde hace años. Bloques más grandes son más difíciles de verificar, y un operador con un servidor modesto —uno de esos nodos que cualquiera puede montar en casa— puede quedarse atrás. Si eso ocurre, la red gana capacidad pero pierde diversidad, y la verificación se concentra en quienes puedan pagar el hardware.

Glamsterdam también toca quién construye los bloques. Hoy, constructores especializados empaquetan las transacciones y los validadores —los nodos que bloquean 32 ether como garantía y firman el resultado— comprueban el trabajo. Parte de esa relación pasa por servicios externos de retransmisión. El upgrade llevaría la entrega y sus pagos dentro de las propias reglas de Ethereum, reduciendo la dependencia de intermediarios ajenos al protocolo.

Es la misma discusión de fondo que en The Merge de septiembre de 2022, cuando la red dejó atrás la minería y pasó a un sistema de validadores con depósito previo. Dencun, en marzo de 2024, marcó otro precedente: introdujo los blobs, un espacio de datos más barato para los rollups —las redes de segunda capa que procesan transacciones aparte y envían a la cadena principal solo un resumen—, y abarató las comisiones de forma notable. El alivio lo notó sobre todo el usuario de capa 2; ahora el ajuste llega a la capa base, donde se liquidan las operaciones que sostienen todo lo demás.

Quien tenga ether en cartera o haga staking —bloquee sus monedas para contribuir a la seguridad de la red a cambio de una recompensa— no verá un efecto inmediato en el precio. Lo que cambia es la foto de fondo: una red más capaz absorbe más actividad sin cobrar más por ella, algo que interesa a los protocolos de DeFi, a los emisores de stablecoins y a cualquiera que mueva dinero sobre Ethereum a diario.

Queda una prueba y una fecha. La activación en Sepolia el 6 de octubre será el último simulacro serio antes de mainnet, y en cambios de este calibre el calendario de la red principal no se cierra hasta que la testnet aguanta sin sobresaltos. Ahí se sabrá si los 200 millones de gas por bloque son capacidad real o una cifra bonita de laboratorio. De momento, el ensayo general ha salido bien.


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