Moeve ha cerrado el primer semestre de 2026 con un beneficio neto de 458 millones de euros, un 41% más que en el mismo periodo de 2025. Sin embargo, el dato que verdaderamente marca el ritmo de la compañía es el EBITDA ajustado, que se disparó un 61% hasta alcanzar los 1.178 millones de euros. Este crecimiento, sustentado en unos márgenes de refino excepcionales, ha permitido a la energética acelerar su plan de inversiones y reforzar su apuesta por la transición energética, con un 69% del capex destinado a proyectos verdes, la mayor proporción de su historia.
La cifra de inversión total en el semestre ascendió a 605 millones de euros, un 20% más que un año antes. De ese importe, aproximadamente 417 millones fueron a parar a iniciativas de descarbonización, como el desarrollo de hidrógeno verde, combustibles renovables y la modernización de los parques energéticos. La dirección de la empresa insiste en que este ritmo inversor se mantendrá gracias al sólido flujo de caja generado, incluso en un entorno de precios del crudo volátiles.
Resultados financieros: el refino impulsa el EBITDA
El área de Energía —que integra las actividades de refino y comercialización— registró un EBITDA ajustado de 945 millones de euros, frente a los 564 millones del mismo periodo de 2025. Un incremento del 68% que refleja la fortaleza de los márgenes de refino en un contexto geopolítico aún marcado por las tensiones en Oriente Medio y las rutas marítimas. La división de Química también mejoró: su EBITDA ajustado alcanzó los 172 millones de euros, un 59% más que los 108 millones del año anterior.
Estos números, muy por encima de las previsiones del consenso de analistas, han permitido a Moeve elevar su flujo de caja hasta niveles que la compañía califica de suficientes para cubrir el ambicioso plan de inversión previsto hasta 2027. La demanda de productos refinados siguió siendo robusta, especialmente en el segmento de diésel, a pesar de las señales de desaceleración económica en Europa. Una contradicción que los expertos explican por la necesidad de calefacción en un invierno atípico y la paralización de algunas refinerías en Asia.
No obstante, el mercado no pierde de vista el riesgo de una futura compresión de los márgenes si se materializa una recesión. La propia compañía, en su presentación de resultados, admitió que la coyuntura actual podría no ser permanente y que la transición hacia combustibles sintéticos y la electrificación reducirá la dependencia del refino tradicional en la próxima década.
En ese sentido, la integración con Galp se presenta como una vía para ganar escala y resistencia. La negociación avanza según el cronograma, y el CEO Maarten Wetselaar confirmó la voluntad de firmar un acuerdo vinculante antes de que termine el año. “Estamos avanzando en la potencial integración del negocio downstream con Galp y esperamos firmar un acuerdo vinculante durante el segundo semestre del año”, subrayó.
El 69% de la inversión de Moeve en transición energética no es un dato más: es la evidencia de que la descarbonización ha pasado de ser una meta a ser un pilar de rentabilidad.
Integración con Galp: el nacimiento de dos plataformas ibéricas
El proyecto de fusión con la portuguesa Galp contempla la creación de dos entidades diferenciadas. La primera, una plataforma industrial que agrupará los activos de refino, química, combustibles bajos en carbono y moléculas verdes. La segunda, una red de movilidad y estaciones de servicio que operará en toda la Península Ibérica. Ambas empresas creen que esta reordenación permitirá optimizar costes, incrementar la capacidad inversora y afrontar con mayor solvencia los retos regulatorios de la UE.

Fuentes próximas a las negociaciones señalan que la integración podría generar sinergias anuales de entre 200 y 300 millones de euros, cifras que Moeve no ha confirmado oficialmente pero que circulan en los entornos financieros. El acuerdo, de concretarse, daría lugar a uno de los operadores de refino y comercialización más grandes del sur de Europa, con una cuota de mercado que superaría el 35% en Portugal y se acercaría al 20% en España.
La vertiente de movilidad es especialmente relevante en un momento en que el sector de las estaciones de servicio afronta la transición hacia la recarga eléctrica. De hecho, la CEO de Galp, María del Pilar García, ya ha manifestado en foros sectoriales que la alianza permitiría acelerar el despliegue de puntos de carga ultrarrápida en la Península. Moeve, por su parte, confía en que la red conjunta sume más de 3.000 emplazamientos, con una capacidad de suministro de combustibles renovables y electricidad verde.
Sin embargo, la operación no está exenta de riesgos regulatorios. Las autoridades de competencia de ambos países, así como Bruselas, podrían imponer condiciones para evitar una concentración excesiva en determinadas regiones. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ya ha abierto un expediente informativo, aunque aún no ha pronunciado objeciones formales.
El 69% del capex a transición energética: el récord que marca un nuevo Moeve
Del total invertido, 417 millones de euros se destinaron a proyectos de transición energética, situando el ratio de inversión verde en el 69%, la cifra más alta jamás registrada por Moeve. La joya de la corona es el Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, cuya primera fase comenzará a construirse en septiembre. Se trata de un complejo que combinará electrolizadores, almacenamiento subterráneo y conexión a la red de hidrógeno, con una capacidad inicial de 500 MW ampliable a 1 GW en 2028.
La inversión en hidrógeno verde no es baladí: la UE ha fijado como objetivo multiplicar por diez la producción para 2030, y Andalucía cuenta con condiciones de radiación solar y logística portuaria que la convierten en un enclave estratégico. Moeve prevé que el valle genere más de 2.000 empleos directos e indirectos durante su construcción, y que la producción de hidrógeno permita descarbonizar sectores difíciles como la industria petroquímica y el transporte pesado.
El Valle Andaluz del Hidrógeno Verde no es solo un proyecto de Moeve: es una apuesta de país para situar a España como exportador neto de energía renovable en Europa.
Además del hidrógeno, la compañía ha intensificado su presencia en combustibles renovables, con una planta de biodiésel avanzado que ya está operativa en Huelva y que utiliza aceites usados y grasas animales como materia prima. Esta instalación, que ha recibido fondos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, produce anualmente 250.000 toneladas de combustible que se destinan al transporte marítimo y a la aviación, dos sectores con escasas alternativas de electrificación a corto plazo.
La estrategia de Moeve contrasta con la de otros gigantes europeos como Shell o BP, que recientemente han ralentizado sus planes de descarbonización ante la presión de inversores aversos al riesgo. Wetselaar lo dejó claro durante la presentación: “Las continuas tensiones geopolíticas y los fenómenos meteorológicos extremos nos recuerdan la urgencia con la que debemos abordar esta transición energética”. Una declaración que no solo es un propósito corporativo, sino un aviso de que la dependencia de los combustibles fósiles importados es cada vez más costosa y menos fiable.
Análisis: la urgencia de ser verde y rentable al mismo tiempo
Moeve se encuentra en una encrucijada que define a toda la industria energética europea: cómo mantener la rentabilidad de los activos tradicionales mientras se invierte masivamente en tecnologías que aún no generan retornos claros. Los resultados del primer semestre demuestran que, de momento, el refino clásico sigue siendo el motor económico, pero la presión regulatoria y los compromisos climáticos obligan a acelerar la transición.
El caso de Moeve es particularmente interesante porque su fuerte presencia en España y Portugal le permite beneficiarse del diferencial de precios del gas entre la Península y el centro de Europa, al tiempo que dispone de recursos renovables excepcionales. La integración con Galp podría ser la llave para consolidar una plataforma ibérica que no solo compita en el mercado mayorista de combustibles, sino que se posicione como un proveedor de hidrógeno verde a escala industrial.
No obstante, los riesgos son palpables. La ejecución del Valle Andaluz requerirá una inversión total de 1.200 millones de euros, una cifra que dependerá en parte de ayudas públicas que podrían retrasarse o reducirse si cambian las prioridades presupuestarias en Bruselas. Además, la tecnología de electrolizadores aún no ha alcanzado la madurez suficiente para competir en costes con el hidrógeno gris, y el marco regulatorio europeo sobre los certificados verdes está en fase de revisión, lo que añade incertidumbre.
Por otro lado, el acuerdo con Galp podría toparse con exigencias de las autoridades de competencia que obliguen a desinvertir en ciertos activos, reduciendo las sinergias esperadas. En el peor de los escenarios, si los precios del crudo retroceden hasta los 60 dólares por barril —algo que algunos analistas consideran probable si la economía global se resiente—, el flujo de caja de Moeve se vería mermado justo cuando la inversión en transición demanda más recursos.
A pesar de todo, el mercado parece premiar la estrategia: aunque Moeve no cotiza en bolsa (es una empresa no cotizada, propiedad del grupo corporativo), la valoración de sus bonos y la facilidad con la que ha captado financiación verde en los mercados de deuda indican confianza. La agencia de calificación Moody’s mantuvo en julio la nota Baa2, con perspectiva estable, destacando precisamente la fortaleza del flujo de caja y el plan de inversión alineado con la taxonomía europea.
Queda por ver si la operación con Galp se cierra sin contratiempos y si el Valle Andaluz cumple los plazos prometidos. La cita clave es septiembre, cuando las máquinas empiecen a mover tierra en San Roque. Si Moeve logra materializar este proyecto en tiempo y forma, habrá dado un paso irreversible hacia un modelo energético donde la rentabilidad y la sostenibilidad no sean conceptos antagónicos. La urgencia apremia.




