La Universidad de Chicago alerta del greenwashing en los informes ESG: crecen en extensión, no en utilidad

El estudio analiza 15.000 informes de 2.100 grandes empresas y revela que muchos abusan de declaraciones genéricas sin indicadores cuantitativos. La CSRD exige ya datos verificables, pero el greenwashing persiste.

La Universidad de Chicago ha puesto cifras a una sospecha que sobrevolaba los despachos de los inversores responsables: la mayoría de los informes ESG crecen en páginas pero no en utilidad. Un macroestudio de su Facultad de Derecho ha analizado con inteligencia artificial más de 15.000 memorias de sostenibilidad de 2.100 grandes empresas y la conclusión es demoledora para el reporting de sostenibilidad que parecía intocable: abundan las frases genéricas, los datos cuantitativos brillan por su ausencia y las promesas vacías se disfrazan de compromiso corporativo.

15.000 informes, 2.100 empresas: la radiografía del reporting ESG

Los investigadores entrenaron un modelo de lenguaje para medir el grado de especificidad de cada declaración empresarial. Rastrearon la presencia de indicadores numéricos, la proporción de expresiones vagas y la verificabilidad real de los contenidos. El resultado es una fotografía incómoda del greenwashing en los informes ESG: a medida que más compañías se suman al carro de la sostenibilidad, la calidad media de lo que publican se diluye.

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Expresiones como “construir un futuro mejor” o “liderar la transformación del sector” campan a sus anchas por cientos de páginas que, en teoría, deberían servir para que inversores, reguladores y consumidores tomaran decisiones informadas. Pero sin objetivos medibles, plazos concretos ni resultados comparables, esas frases no pasan de ser ejercicio literario. El estudio no niega que el contexto narrativo tenga valor —explicar metodologías y alcances es necesario—, pero advierte de que ese contexto se está utilizando para esconder la falta de datos cuantitativos.

El vacío detrás de las palabras: cuando ‘un futuro mejor’ no es un dato

El análisis temporal del estudio revela otro patrón: las empresas que llevan años reportando tienden a incluir menos paja que las recién llegadas. Sin embargo, incluso entre las veteranas, la mejora en la incorporación de métricas verificables es modesta. Utilizar estándares voluntarios como los de Global Reporting Initiative (GRI) o SASB no garantiza por sí solo un reporting riguroso. La investigación concluye que los marcos voluntarios necesitan orientaciones mucho más precisas sobre qué evidencias deben acompañar a cada afirmación.

El riesgo de que la sostenibilidad se convierta en una competición por ver quién publica el documento más grueso es real. Los inversores responsables llevan tiempo quejándose de que la información material —emisiones de Scope 3, planes de transición con inversión detallada, análisis de doble materialidad— queda diluida entre fotos de sonrisas y eslóganes sin anclaje. El estudio de la Universidad de Chicago les da ahora un argumento cuantitativo formidable: un informe de 300 páginas puede ser menos transparente que uno de 80 si la mitad son palabras huecas.

Un informe con más de 200 páginas puede ocultar que la reducción de emisiones no ha empezado.

CSRD, Taxonomía Verde y el fin de la autocomplacencia verde

La publicación del estudio coincide con la plena aplicación de la Directiva sobre Información Corporativa en materia de Sostenibilidad (CSRD) en la Unión Europea. A partir de este ejercicio, miles de empresas europeas están obligadas a reportar con estándares vinculantes (los NEIS) que exigen datos concretos y verificables. La CSRD no es un marco voluntario más: es una norma con rango de ley que obliga a identificar riesgos, impactos y métricas cuantitativas, y a someter la información a verificación externa.

El mensaje del legislador europeo coincide con la advertencia de los académicos de Chicago: la transparencia no se mide por el peso del PDF, sino por la capacidad de localizar, comprender y comparar la información relevante. La Taxonomía Verde y los bonos verdes exigen además que las actividades que se etiquetan como sostenibles demuestren su contribución sustancial a objetivos ambientales sin causar daño significativo a otros. En ese contexto, un informe lleno de vaguedades no solo es inútil, sino que puede derivar en responsabilidades legales y en la pérdida de acceso a financiación verde.

reporting sostenibilidad

La calidad se mide en cifras, no en páginas

El gran reto que plantea el estudio para directivos ESG, auditores y reguladores es cómo equilibrar la narrativa necesaria con la evidencia exigible. Maximilian Müller, experto en contabilidad financiera de la Universidad de Colonia, lo sintetiza con claridad: las empresas tienen que explicar sus metodologías, pero esa explicación no puede convertirse en una cortina de humo que oculte los datos clave. Un reporte eficaz debe permitir que cualquier grupo de interés —desde un analista de un fondo ESG hasta un consumidor que consulta la huella de carbono de un producto— encuentre lo que busca sin tener que leer un documento interminable.

La lección para las compañías españolas que afrontan la CSRD es transparente: menos eslóganes y más indicadores cuantitativos. Quienes se limiten a reciclar el lenguaje genérico de sus antiguas memorias de RSC se arriesgan a ser señalados por el mercado como emisores de greenwashing. El estudio de la Universidad de Chicago no cuestiona la voluntad de las empresas de ser más sostenibles, pero demuestra que sin datos duros, la voluntad se queda en papel mojado.

La investigación, en definitiva, da un aldabonazo a un sector que lleva años debatiendo sobre la calidad del reporting. La buena noticia es que la tecnología puede ayudar: el mismo modelo de lenguaje que ha desnudado las carencias de los informes actuales podría integrarse en las herramientas de verificación y auditoría para elevar el listón. La mala es que, sin un compromiso real de las cúpulas directivas, el análisis automatizado solo servirá para confirmar lo que ya se intuye: que muchas páginas de sostenibilidad esconden muy pocas cuentas.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: Un reporting ESG con métricas verificables mejora la asignación de capital hacia empresas que reducen emisiones de forma real, no solo declarativa.
  • Modelo que cambia: La era del informe grueso sin sustancia toca a su fin: la CSRD y el escrutinio de los inversores convierten la transparencia en un requisito normativo, no en un gesto voluntario.
  • Para las próximas generaciones: La exigencia de datos cuantitativos en los informes ESG empuja a las empresas a medir lo que prometen, acelerando la descarbonización real de la economía.

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