Ayer, 2 de agosto de 2026, la NASA seleccionó como su Imagen Astronómica del Día una fotografía que parece sacada de un sueño: un arcoíris horizontal llameante sobre las montañas de Virginia Occidental. Tomada en 2021 por la fotógrafa Christa Harbig cerca de North Fork Mountain, la instantánea muestra un halo circumhorizontal, un raro fenómeno óptico que los meteorólogos llaman coloquialmente «arcoíris de fuego».
El halo circumhorizontal: cuando el hielo se convierte en arcoíris
Lejos de cualquier combustión, el responsable de este espectáculo es el hielo. Los cirros, nubes situadas entre los 6 y los 12 kilómetros de altitud, están compuestos por diminutos cristales hexagonales y aplanados. Cuando esos cristales se orientan horizontalmente, como pequeñas placas flotando en el aire, pueden actuar como prismas de un modo colectivo y muy preciso: refractan la luz solar, la descomponen en los colores del arcoíris y la proyectan en un arco paralelo al horizonte. El resultado es una banda de colores puros que se extiende a lo largo de la nube, como si alguien hubiese pintado una llama de hielo sobre el cielo.
El nombre técnico, circumhorizontal arc —o arco circumhorizontal—, describe exactamente lo que vemos: un arco que rodea el horizonte, aunque en la práctica solo se observa el fragmento que coincide con las nubes de cirro. Para que se forme, el Sol debe estar a al menos 58 grados de altura sobre el horizonte, algo que en latitudes medias solo ocurre alrededor del mediodía durante los meses de verano. La fotografía de Harbig, tomada a principios de agosto, encaja perfectamente en esa ventana.
Las condiciones precisas para un espectáculo esquivo
No basta con que haya cirros y que el sol esté alto. La geometría es exigente. Los cristales de hielo deben presentar una orientación prácticamente horizontal, con sus caras planas paralelas al suelo. Solo entonces la luz solar, al atravesar una cara lateral y salir por la base inferior del cristal, se refracta en un ángulo de unos 22 grados y se dispersa en el espectro visible. Si los cristales estuvieran desordenados, la luz se desviaría en múltiples direcciones y el arco no aparecería. Esa alineación colectiva es la que convierte un vulgar banco de cirros en un lienzo efímero de colores intensos.
En el caso de la imagen de Virginia Occidental, los cirros pertenecían a la variedad cirrus fibratus: nubes formadas por filamentos rectos o ligeramente curvados, sin penachos en los extremos. Es la variedad idónea porque sus cristales tienden a sedimentarse lentamente y a adoptar la orientación horizontal necesaria. La fotografía muestra el arco de forma casi completa, atravesando la nube con nitidez diamantina, lo que la convierte en un ejemplo de manual para los científicos atmosféricos.

La rareza del fenómeno explica por qué muy pocas personas han visto uno en directo. Aunque las condiciones teóricas pueden darse varias veces al año en latitudes medias, la coincidencia exacta (sol alto, cirros con cristales alineados, observador situado en el punto justo del arco) rara vez se alinea. La mayoría de los registros proceden de fotógrafos pacientes o, como en este caso, de imágenes que luego se viralizan al ser seleccionadas por la NASA.
Cada cristal de hielo, al alinearse con precisión milimétrica, convierte una nube anodina en un delicado prisma que pinta el cielo de colores puros.
Por qué la imagen de Virginia Occidental es tan valiosa para la ciencia
La foto de Christa Harbig no es solo un deleite estético: es un documento científico de primer orden. Al mostrar el arco con extremada claridad y contraste, permite a los investigadores analizar la distribución de los cristales de hielo en el interior del cirro, un dato útil para entender cómo se forman y evolucionan estas nubes, claves en el balance radiativo terrestre. Además, el hecho de que la NASA la haya rescatado para su APOD en 2026, cinco años después de ser tomada, subraya su valor didáctico: cada pocos meses, el archivo de la agencia recupera imágenes que explican fenómenos ópticos complejos de forma visual.
El arcoíris de fuego comparte familia con otros halos, como el arco circumcenital —que aparece en el cenit— o el parhelio —los falsos soles—, pero se distingue por su orientación horizontal y por la anchura de la banda coloreada. La física es la misma: refracción en cristales hexagonales. Lo que cambia es la trayectoria de la luz dentro del cristal. En el caso del circumhorizontal, el rayo atraviesa una cara lateral y sale por la base inferior, lo que maximiza la separación de colores. Para el aficionado, es el más espectacular de todos los halos.
Un dato curioso: el apodo de «arcoíris de fuego» puede inducir a error. No hay combustión, humo ni ceniza. Es una nube de hielo que, al ser iluminada desde el ángulo preciso, arde en colores sin quemarse. La próxima vez que mires un cirro fino y el sol esté muy alto en verano, fíjate bien: puede que el azar te regale una llama helada en el cielo.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Un halo circumhorizontal, conocido popularmente como arcoíris de fuego, fotografiado sobre Virginia Occidental en 2021 y rescatado como Imagen Astronómica del Día de la NASA el 2 de agosto de 2026.
- Dónde: Cerca de North Fork Mountain, Virginia Occidental, Estados Unidos.
- Institución responsable: NASA / GSFC, programa APOD; fotografía original de Christa Harbig.
- Cuándo: La foto fue tomada en agosto de 2021 y publicada en APOD el 2 de agosto de 2026.
- Impacto a futuro: La imagen, de alto valor didáctico, explica la física de la refracción en cristales de hielo y sirve para entender mejor la microestructura de los cirros, nubes clave en el clima terrestre.




