Iberdrola, Repsol, Endesa y Naturgy, las cuatro mayores energéticas del Ibex 35, cerraron el primer semestre de 2026 con un beneficio conjunto de 9.222 millones de euros. La cifra, recopilada por Servimedia, supone un aumento del 45,2% respecto a los 6.353 millones obtenidos en el mismo periodo de 2025. El resultado, el más elevado desde la crisis energética de 2022, se produce en un contexto de fuerte tensión geopolítica tras la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela e Irán.
El repunte de los precios del crudo y del gas en los mercados internacionales de materias primas ha sido determinante. El Brent se ha mantenido durante buena parte del semestre por encima de los 95 dólares, impulsado por las sanciones y la disrupción del suministro desde el Golfo Pérsico. Para las compañías con exposición al upstream —singularmente Repsol—, ese contexto ha engordado los márgenes de forma significativa. Pero la fortaleza de las cuentas no se explica solo por los hidrocarburos.
El peso de la geopolítica en las cuentas
Mientras la cotización del petróleo disparaba los ingresos de las divisiones de exploración y refino, la generación eléctrica en la Península sufría un fuerte abaratamiento por el aluvión de renovables y la baja demanda. El precio medio del pool se situó en el entorno de los 45 euros por MWh, casi un 22% inferior al del primer semestre de 2025. Una paradoja —crudo caro, electricidad barata— que ha puesto a prueba la diversificación de las carteras.
Endesa e Iberdrola, con una fuerte presencia en generación renovable y redes reguladas, han compensado la menor generación de margen en el negocio liberalizado peninsular con los ingresos de sus activos en Reino Unido, Brasil y Estados Unidos. Naturgy, por su parte, ha aprovechado la volatilidad en los mercados internacionales de gas para mejorar los resultados de su negocio de comercialización global.
Caída del pool y presión regulatoria: un lastre que no llega a frenar las cuentas
Pese al descenso del precio mayorista, el resultado agregado apenas se resiente. La razón hay que buscarla en el peso creciente de los negocios regulados y en los contratos de cobertura a largo plazo. Las empresas han ido blindando una parte sustancial de su producción con ventas a plazo (PPAs) a precios fijos, que aíslan sus cuentas de los vaivenes del pool. Además, los ingresos regulados por redes de transporte y distribución, indexados en muchos casos al IPC, han seguido una senda ascendente.
La diversificación geográfica y los contratos a largo plazo convierten el batacazo del mercado mayorista español en una anécdota contable para las grandes energéticas.
La presión política, sin embargo, no ha desaparecido. El Gobierno mantiene el gravamen extraordinario a las energéticas pactado en 2024, aunque con matices. La CNMC, por su parte, ha intensificado la supervisión de las prácticas comerciales y ha abierto varios expedientes sancionadores en el semestre. Pero las cuantías, en el cómputo global de unos beneficios que rozan los 10.000 millones, resultan casi anecdóticas.
Ni el impuesto extraordinario ni los expedientes de la CNMC logran hacer mella en unos beneficios que rozan los 10.000 millones en solo seis meses.

Beneficios récord en plena transición: ¿sostenibilidad o espejismo?
El salto interanual del 45,2% es, sin duda, una cifra que llama la atención. Pero conviene leerla con cautela. Una parte sustancial de la mejora viene de la mano de un crudo que cotiza casi un 20% por encima del nivel de hace un año. Si las tensiones en Oriente Medio se relajan y la OPEP+ decide abrir los grifos, el Brent podría volver a los 75 dólares, con el consiguiente mordisco a las cuentas de Repsol y, en menor medida, al resto de eléctricas con negocios de gas.
El petróleo es cíclico. Siempre lo ha sido.
Más allá de la coyuntura, el gran desafío para estas compañías sigue siendo cómo financiar la transición energética con unos beneficios que, por ahora, proceden mayoritariamente de los combustibles fósiles y de las redes reguladas. Iberdrola, la más avanzada en renovables, ha comprometido inversiones de 15.000 millones en eólica marina y almacenamiento hasta 2030. Repsol, sin embargo, se ha visto obligada a revisar a la baja sus metas de hidrógeno verde tras las dudas del mercado sobre la rentabilidad de estos proyectos. La paradoja es evidente: cuanto más sube el crudo, más fácil resulta financiar las renovables, pero también más incentivos hay para seguir extrayendo hidrocarburos.
Los analistas consultados alertan de que un retroceso brusco del precio del petróleo pondría en jaque los planes de inversión verde de las empresas más dependientes del upstream. Eso sí, con la caja actual, el margen de maniobra es amplio. El foco se desplaza ahora a la próxima actualización de resultados semestrales desglosados por compañía, que arrojará luz sobre el verdadero peso de cada negocio en este ciclo de beneficios al alza.




