El calor en el metro de Barcelona sigue sin solución: TMB solo climatiza las líneas L9 y L10

La cuarta ola de calor del verano vuelve a dejar los andenes del metro de Barcelona por encima de 30 grados. Solo las líneas automáticas L9 y L10, con puertas de andén, disponen de climatización real.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Barcelona enfrenta la cuarta ola de calor del verano y las temperaturas en los andenes del metro vuelven a superar los 30 grados.
  • ¿Quién está detrás? TMB, la empresa gestora del metro, admite que no ha lanzado nuevos experimentos este año para enfriar los andenes de las líneas convencionales.
  • ¿Qué impacto tiene? Los usuarios soportan bochorno extremo, mayores riesgos para personas mayores y enfermas, y solo las líneas automatizadas L9 y L10 ofrecen refrigeración real.

El termómetro vuelve a marcar más de 30 grados en los andenes del metro de Barcelona. La cuarta ola de calor del verano ha reactivado la queja recurrente de los usuarios: el calor sofocante en el suburbano, especialmente en las líneas con más afluencia. TMB reconoce que este año no ha puesto en marcha ninguna iniciativa nueva para combatirlo, y los pasajeros, otra vez, echan mano de abanicos.

El ‘efecto pistón’, el culpable que TMB no ha podido domar

El gran responsable de que las líneas más concurridas (L1 y L5) sean precisamente las más calurosas es el llamado efecto pistón: el movimiento de los trenes empuja las masas de aire caliente hacia las estaciones cada vez que pasa un convoy. «El aire frío saldría expulsado cada tres minutos», explican desde TMB. La estructura misma de los túneles, sin una separación física entre los andenes y las vías, impide cualquier sistema de climatización artificial.

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Solo las líneas L9 y L10, construidas a gran profundidad y con un diseño automatizado, disponen de esa barrera: puertas de andén que sellan el espacio entre pasajeros y trenes. En ellas, la ventilación de los dos ambientes es independiente y la temperatura se mantiene controlada. En el resto, la mezcla de aire caliente que generan los motores de los trenes, las escaleras mecánicas y el calor humano en hora punta eleva la sensación térmica hasta niveles «insoportables» para muchos viajeros.

Tubos refrigerantes en Plaça Catalunya y Sants: poca mejora, mismo calor

El último experimento de TMB contra el calor data del año pasado. En las estaciones de Plaça Catalunya (L1) y Plaça de Sants (L5) se instalaron unos tubos de refrigeración que, doce meses después, siguen en funcionamiento sin grandes cambios. Los usuarios consultados por El Periódico —y por esta redacción— apenas notan diferencia. En Plaça Catalunya, la confluencia con Rodalies y las constantes corrientes de aire entre los dos sistemas agravan la situación.

Eloisa, de 82 años, viaja a diario entre Rocafort y Plaça Catalunya. «El calor me desespera cada año. Estamos agotados. Y encima cada vez hay más gente, vayas a la hora que vayas siempre está lleno», critica mientras se abanica. La mujer, con secuelas pulmonares del covid, reclama una sensación de aire renovado: «Las personas enfermas y la gente mayor sufrimos más el calor».

Cada verano, el mismo ritual: los abanicos son el único alivio para miles de viajeros del metro. La solución definitiva —las puertas de andén— solo llega a las líneas sin conductor.

Fabiola y Mario, dos jóvenes de vacaciones, son más tajantes: «Se está mejor en la calle que aquí abajo. Solo se nota algo de aire cuando llega el metro, cada tres minutos. Aquí estás media hora y te da algo». En Plaça de Sants, dos turistas italianas comparan la experiencia con Milán: «Allí es impensable esto; el contraste con el interior de los trenes es criminal».

Sin embargo, otros pasajeros ofrecen una visión más matizada. Júlia, de 40 años, recuerda que «hace unos años era muchísimo peor; ni dentro de los trenes se estaba bien» —con un doble espacio involuntario— y subraya que los sistemas de aire acondicionado de los coches han mejorado notablemente. «Este año prácticamente se han erradicado las averías en los aires de los trenes», señala Miquel, de 84 años, que se declara «optimista» a largo plazo.

Hoja de Ruta: Claves del Viaje

El problema de la climatización en el metro de Barcelona no es nuevo, pero se agudiza con cada ola de calor. Las cifras hablan: en las líneas convencionales, los sensores registran picos por encima de los 30 grados durante el verano. La única solución técnica viable, las puertas de andén, solo existe en las líneas L9 y L10, que representan menos del 10% de la red. Y la última prueba piloto, los tubos refrigerantes, no ha convencido a los viajeros.

La lectura inmediata para los usuarios es de frustración contenida: mientras las temperaturas extremas se repiten con más frecuencia, TMB no ha iniciado este año ninguna investigación adicional. Las quejas de los pasajeros delatan que el metro barcelonés aún está lejos de ofrecer un confort térmico comparable al de otras redes europeas. Y el horizonte, mientras no cambien las prioridades de inversión, seguirá dependiendo del abanico de turno.


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