Tesla cae un 12% y el beneficio operativo cae un 57% y Musk admite reto Optimus

El fabricante de vehículos eléctricos pulveriza 140.000 millones de capitalización en una sola sesión después de que Musk calificara a su robot humanoide como 'el producto más difícil de escalar en producción jamás hecho en Tesla'.

Tesla perdió más de 140.000 millones de dólares de capitalización bursátil en un solo día. El desplome del 12% en el precio de sus acciones se desató tras la publicación de unos resultados trimestrales donde el beneficio operativo se hundió un 57% y, sobre todo, después de que Elon Musk admitiera que escalar la fabricación del robot humanoide Optimus es el reto de producción más difícil al que se ha enfrentado la compañía.

Claves de la operación

  • Los ingresos suben un 26% pero el beneficio operativo se desploma un 57%. Tesla facturó 28.240 millones de dólares en el trimestre, pero el margen operativo cayó del 4,1% al 1,4% y el flujo de caja libre entró en negativo por primera vez desde 2024.
  • Musk reconoce los cuellos de botella de Optimus. El CEO calificó al robot humanoide como el mayor reto de producción de Tesla. La fabricación requiere más de 10.000 piezas únicas y no existe una cadena de suministro previa.
  • El batacazo borra 140.000 millones de capitalización en un día negro para las tecnológicas. La caída de Tesla arrastró al Nasdaq y las siete grandes tecnológicas perdieron 767.000 millones de valor conjunto en una sola sesión.

El margen del 1,4% y un flujo de caja que asusta a los analistas

Los ingresos del segundo trimestre alcanzaron los 28.240 millones de dólares, un 26% más que en el mismo periodo del año anterior, y la compañía entregó 480.126 vehículos, cifras ambas de récord. Sin embargo, la letra pequeña reveló que el beneficio operativo se desplomó un 57%, hasta los 398 millones, y el margen operativo se encogió del 4,1% al 1,4%. El beneficio ajustado por acción se quedó en 33 centavos, muy por debajo de los entre 51 y 53 centavos que esperaba el consenso de Wall Street.

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El flujo de caja libre, además, entró en números rojos por primera vez en más de dos años: -1.100 millones de dólares. Este agujero respondió a un estallido del gasto en inversión, que se disparó un 142% hasta los 5.800 millones, dentro de un plan de 25.000 millones anuales. Los analistas ven en ese consumo de caja la mano de los proyectos de robótica e inteligencia artificial que Tesla prioriza sobre la rentabilidad inmediata de sus coches.

Optimus: la gran apuesta de Musk que se convierte en su mayor lastre

La tensión se desbordó durante la conferencia telefónica con inversores. Musk, que afirmó encontrarse enfermo, describió a Optimus como “el producto más difícil de escalar en producción que hayamos hecho jamás en Tesla”. Explicó que el robot está compuesto por unas 10.000 piezas únicas, muchas de ellas fabricadas desde cero, y que no existe una cadena de suministro previa para un humanoide comercial. Los problemas de desgaste, el riesgo de averías y la dificultad de replicar la destreza de una mano humana se añaden a una lista que, por el momento, no tiene fecha de solución.

Este reconocimiento supone un cambio radical respecto a las proyecciones que el propio Musk aireó meses atrás. En enero de 2025 hablaba de tener entre 50.000 y 100.000 robots Optimus este mismo año. Ahora, Tesla ha eliminado de su presentación trimestral cualquier mención a la producción en masa de estos humanoides. Más de un millar de unidades de la generación 3 ya están recopilando datos en las plantas de Fremont y Texas, pero ninguna realiza tareas útiles más allá del entrenamiento.

La decepción con los robots se completó con un repaso a los robotaxis. Musk aseguró que los vehículos autónomos han recorrido 380.000 kilómetros sin incidentes reseñable en seis ciudades. Sin embargo, es la propia Tesla quien decide qué considera “reseñable”. Waymo, su principal competidor, cubre esas distancias en un solo día. Los datos internos muestran un estancamiento: los kilómetros de pago no salen de 900.000 y la flota sin supervisión se ha reducido a solo 21 vehículos. De hecho, la promesa de un futuro sin conductor se está quedando en un proyecto piloto de alcance limitado.

resultados Tesla

Por qué Optimus despierta miedo en el inversor español: entre la promesa y la realidad industrial

La caída de Tesla tiene una lectura que trasciende a Wall Street. En España, el peso de la automoción en el PIB es significativo y la irrupción de tecnologías como la robótica humanoide suscita tanto expectación como inquietud. Aunque la propia Tesla cuenta con la Gigafactoría de Berlín para abastecer el mercado europeo, el reto de fabricar a gran escala un robot como Optimus sirve de advertencia para cualquier plan industrial que dependa de innovaciones aún no maduras.

El mayor temor lo refleja el paquete retributivo de Musk: una parte de su compensación está condicionada a la entrega de un millón de robots Optimus en un plazo de diez años. La dificultad de escalar la producción pone en duda no solo esa meta, sino la propia capacidad de Tesla para rentabilizar las inversiones que ha desviado de su negocio automotriz. La empresa ha reconvertido líneas de montaje en Fremont y construye una planta específica junto a Gigafactory Texas, pero ni siquiera se atreve a fijar un calendario de producción en volumen.

Cuando la promesa de un millón de robots choca con la realidad de una cadena de suministro inexistente, la volatilidad en bolsa es el primer síntoma de una fiebre que aún no tiene cura.

Para el ecosistema español, este batacazo ilustra los riesgos de vincular valoraciones a narrativas de futuro sin un plan de ejecución tangible. La brecha entre las declaraciones visionarias y la capacidad de producción real puede abrirse en cualquier sector, desde los centros de datos de IA hasta la movilidad eléctrica. Tesla, que hace un año parecía imbatible en la carrera de los vehículos eléctricos, ve cómo la fuga de capital hacia sus propias filiales de robótica amenaza con descapitalizar el negocio que aún genera sus ingresos.


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