El Ibex 35 ha cerrado la sesión del viernes en los 19.531 puntos, un nivel que no pisaba desde finales de mayo. El repunte del 1,65% en la jornada permite al selectivo español saldar la semana con un avance acumulado del 1,9%, la tercera consecutiva en verde y la mejor de las principales plazas europeas.
El movimiento no es casual. La banca ha vuelto a tirar del carro en plena temporada de resultados. Banco Sabadell se anotó un 3,5% tras presentar unas cuentas que batieron expectativas, y las subidas se extendieron a Santander, BBVA y CaixaBank, cuyos títulos sumaron entre un 1% y un 2%.
En paralelo, el petróleo Brent se mantuvo en el entorno de los 96 dólares por barril, un nivel que hace dos meses habría lastrado al índice pero que hoy actúa como soporte para los valores energéticos. Repsol se apuntó un 0,8% aupada por la cotización del crudo, mientras que las tensiones en Oriente Medio, lejos de generar pánico vendedor, se leen como un factor de sostenibilidad del precio para las próximas semanas.
La nota dispar la pusieron Acerinox (+10%) y Mapfre (-4,6%). La siderúrgica se disparó tras un informe sectorial que apunta a una mejora de márgenes en Estados Unidos, mientras que la aseguradora acusó unos resultados que no convencieron al mercado. Cosas de los días de earnings.
El Ibex se desmarca así del tono cauteloso que dominó Wall Street, donde los principales índices cerraron planos o con ligeras caídas. El ruido arancelario de Trump y la incertidumbre sobre la Reserva Federal siguen pesando, pero la renta variable española encuentra en sus fundamentos un argumento para no ceder.
El Ibex 35 avanza cuando Europa duda, sostenido por la banca y un crudo que ya no es lastre sino colchón.
Un mercado que desafía la tensión global
La temporada de resultados del segundo trimestre está siendo el catalizador que explica la resistencia del Ibex. Las cifras presentadas por Sabadell, pero también las expectativas para los grandes bancos, consolidan la idea de que el margen de intereses sigue elevado a pesar del ciclo de bajadas de tipos que se espera para después del verano. No es algo que yo dé por sentado, pero el mercado lo compra.
Las valoraciones siguen siendo razonables: los bancos españoles cotizan a múltiplos de entre 6 y 8 veces beneficios estimados, por debajo de la media europea. Y eso, en un entorno de tipos aún altos, sigue siendo un imán para el inversor institucional.
Mientras tanto, el petróleo en 96 dólares ya no es una amenaza para el consumo, al menos no de forma inmediata. Las compañías energéticas recogen el viento a favor y el mercado descuenta que las tensiones en el estrecho de Ormuz mantendrán el barril en un rango alto sin que la demanda global se resienta demasiado. Es una ecuación delicada, pero por ahora el Ibex la resuelve con alzas.
Análisis: el valor del contrasentido
Lo interesante de este movimiento no es la cifra redonda de los 19.500 puntos, sino el contexto en el que se produce. Con el crudo en máximos de dos meses y los tambores de una nueva escalada arancelaria por parte de Trump, lo lógico habría sido un mercado a la defensiva. No ha sido así. El Ibex ha sido el índice más alcista de la semana entre los grandes europeos, y eso merece una lectura.
Los inversores parecen estar premiando a sectores cíclicos que hasta ahora habían quedado rezagados: la banca española lleva meses con unos fundamentales sólidos que no terminaban de reflejarse en precio. Ahora, con los resultados sobre la mesa y una guía de ingresos por intereses que se mantiene firme, el dinero fluye hacia un sector que ofrece rentabilidades atractivas sin prima de riesgo desproporcionada.
Cabe recordar que hace apenas un año el Ibex luchaba por no perder los 17.000 puntos y los grandes gestores internacionales evitaban España por el ruido político. Ahora, con el mercado hipotecario estable y la morosidad controlada, la foto es distinta. No me atrevo a decir que hayamos entrado en un nuevo ciclo de superávit continuado para la banca, pero sí que el castigo de prima de riesgo se ha corregido en gran parte.
La pregunta que queda en el aire es qué pasará si los tipos bajan más rápido de lo previsto. De momento, el mercado lo ignora. Y lo hace con la convicción de quien ha aprendido a convivir con el contrasentido: un crudo alto que no asusta y unos tipos que aún sostienen los márgenes. Mientras esa combinación aguante, los 19.500 puntos pueden ser un suelo más que un techo.




