Pocas cosas me sorprenden ya en el mundo de la energía, pero el movimiento que acaba de documentar CNBC International desde Abu Dhabi merece atención. La inteligencia artificial está redefiniendo la forma en que se extrae y produce petróleo, y los emiratos están liderando un cambio silencioso que muchos no vieron venir. En su último reportaje, el canal ha mostrado cómo AIQ, la compañía surgida del gigante estatal ADNOC, está convirtiendo el crudo en inteligencia exportable.
AIQ nació en 2020 con un mandato ambicioso: acelerar la adopción de IA en el sector energético. Es propiedad conjunta de ADNOC y Presight, la firma de datos e inteligencia artificial que emergió del ecosistema de G42. Su ventaja no es teórica: desarrolla y entrena sus modelos dentro de las operaciones reales de ADNOC antes de escalarlos.
Según explica Joe, CEO de AIQ desde hace más de un año, el arranque fue un salto de fe. «Lo que empezó como una visión audaz para transformar la industria se ha convertido en más de 200 casos de uso y 14 productos comercializados», detalla en la entrevista. Hoy los algoritmos de AIQ están presentes en el 25 % de los pozos de ADNOC, en el 20 % de sus yacimientos y en el 100 % de sus plataformas de perforación.
El recurso más valioso no es el crudo, son los datos
El verdadero diferenciador, subraya Joe, es el acceso a datos operativos en tiempo real que pocas compañías pueden igualar. Mientras muchos competidores diseñan modelos sobre física teórica, AIQ ha estado inyectando inteligencia durante más de seis años en sistemas vivos. «No puedes meterte con pozos productores basándote en lo que crees que funciona; tienes que demostrar lo que ya has hecho», remata el CEO.
Esa apuesta por la prueba en campo es lo que vende en los consejos de administración. La industria energética, acostumbrada a décadas de cautela, solo compra resultados tangibles. CNBC International muestra cómo AIQ monetiza esa confianza: servicios profesionales, licencias de producto y soporte recurrente, un modelo clásico de software empresarial aplicado al barro y al acero de los campos petrolíferos.
Reducir semanas a 45 minutos: así funciona el cerebro digital de ADNOC
Entre los casos más gráficos está un gran modelo de lenguaje entrenado con más de un millón de documentos del subsuelo. «Problemas que a los geólogos les llevaban semanas o meses ahora los resolvemos en 45 minutos», explica Joe. Desde la sala de juntas hasta la sala de control, la IA de AIQ se ha incrustado en toda la cadena de valor: exploración, perforación, producción y mantenimiento.
La filosofía se articula en tres ejes: operaciones autónomas para alejar a las personas del riesgo, análisis del subsuelo para ver lo invisible y inteligencia física que conecta el mundo digital con el físico en tiempo real. No se trata de eliminar al humano, sino de aumentar su capacidad de decisión.
«Donde hay IA, hay energía; donde hay energía, habrá IA».
— Joe, CEO de AIQ
El círculo se cierra con un dato revelador: para AIQ, los centros de datos son las nuevas refinerías. «Antes convertíamos el petróleo en combustible y químicos; ahora lo transformamos en electrones y lo exportamos por fibra óptica en lugar de oleoductos», reflexiona el directivo. Esta simbiosis entre AI y energía, advierte el reportaje, está acelerando la fusión de dos mundos que hasta hace poco parecían separados.
La línea roja: soberanía de datos y ciberdefensa
Cuando la IA toca infraestructuras críticas, la seguridad se convierte en obsesión. Joe detalla que los datos de los clientes nunca salen de su inquilino dentro de la nube soberana nacional de G42 o de Core42. «Nos hemos curtido bajo los parámetros de ciberseguridad más estrictos; no importa qué stack tecnológico usen —Amazon, Microsoft, OpenAI— nosotros operamos dentro de ese marco», asegura.
Ese blindaje es, en realidad, un argumento comercial. Para los CEO del sector, saber que la inteligencia artifical no expone sus secretos operativos vale tanto como el ahorro de costes. Y AIQ lo vende como una ventaja construida en casa, no importada.
De Abu Dhabi al mundo: exportar inteligencia artificial ‘made in UAE’
Con pilotos en Colombia, Kazajistán, Omán e Indonesia, la compañía ya está probando si el modelo viaja bien. «: «Me recuerda a la carrera de los ERP en los noventa. Al final quedarán unos pocos grandes y creemos que AIQ será uno de ellos», pronostica.
La entrevista deja claro que los Emiratos Árabes Unidos han pasado de importar tecnología a exportar inteligencia artificial con sello propio. Ya sea a través de Presight o del ecosistema de G42, el país está vendiendo soluciones de smart cities, gobierno inteligente e infraestructura soberana. AIQ es la punta de lanza de un plan estratégico —la Estrategia Nacional de IA 2031— que ahora se mide en barriles y bits.
Humanos y máquinas: la automatización sin despidos
Pese a la creciente autonomía de los pozos, el discurso oficial insiste en la colaboración. «Siempre habrá un humano en el bucle», repite Joe. Las decisiones sobre qué pozo cerrar o cómo optimizar toda la cadena para alcanzar el coste por barril más bajo posible necesitan un criterio que la IA no sustituye. El propio CEO, con más de veinte años en el sector, admite que no empezó como ejecutivo tecnológico y que su mayor reto es educar a los clientes sobre lo que la IA puede transformar de verdad. «No puedes preguntarle al taxista qué herramientas necesita si quieres reinventar la movilidad», bromea.
El nuevo refino: data centers que queman petróleo para mover la IA
El reportaje de CNBC International cierra con una paradoja fascinante: la misma energía que AIQ intenta optimizar es la que alimenta la voracidad de la inteligencia artificial. Los centros de datos, en efecto, se están convirtiendo en las nuevas refinerías, y Abu Dhabi está apostando por ser el proveedor integral de esa cadena: energía asequible, nube soberana y algoritmos probados en el desierto.
Personalmente, creo que el verdadero test no será técnico sino comercial. La historia de los ERP enseña que la confianza y la integración vertical pueden tanto construir un imperio como crear un nicho blindado. Si AIQ logra que su sello de calidad —desarrollado bajo el sol de ADNOC— sea percibido como un estándar global, la exportación de inteligencia artificial emiratí podría convertirse en uno de los vectores geopolíticos más discretos pero más poderosos de la próxima década.
El reportaje completo de CNBC International está disponible aquí:





