He repasado el comunicado del Ministerio de Exteriores chino de primera hora de esta mañana y la contundencia de Pekín no admite matices: la breve tregua comercial que Donald Trump y Xi Jinping sellaron en octubre de 2025 está en entredicho. El motivo son los nuevos aranceles que Estados Unidos impuso ayer, 24 de julio, a un bloque de 60 países bajo el argumento de combatir el trabajo forzoso. A China le ha correspondido la tasa más alta: un 12,5 % adicional sobre importaciones que ya soportaban una carga considerable.
Los nuevos aranceles y la fractura del G20 comercial
La horquilla de gravámenes —del 10 % al 12,5 %— distingue entre los socios que han legislado contra el trabajo forzoso y los que no. Canadá, la Unión Europea y el Reino Unido han quedado en el tramo inferior del 10 %. Junto a Pekín, economías como India y Japón —ambas con fuerte peso en la cadena de suministro asiática— han sido penalizadas con el 12,5 %. El nuevo esquema reemplaza un arancel global que expiraba y que la administración Trump había activado a principios de 2026, antes de que el Tribunal Supremo tumbara en febrero otra serie de gravámenes presidenciales.
Los datos desagregados que he podido reconstruir a partir del anuncio del USTR muestran lo siguiente:
- 12,5 %: China, India, Japón y otras economías sin prohibición expresa de importaciones ligadas a trabajo forzoso.
- 10 %: Canadá, UE, Reino Unido y el resto de países que ya aplican restricciones equivalentes.
- Vigencia inmediata: los nuevos tipos entraron en vigor en la sesión del 24 de julio, sin periodo de adaptación.
La justificación estadounidense la verbalizó el representante de Comercio Exterior, Jamieson Greer, al señalar que Washington está aplicando «de forma rigurosa» la prohibición de importar bienes producidos con trabajo forzoso. La novedad es que esta vez no se trata de una medida limitada a unas pocas factorías chinas, sino de un tariff wall que abarca desde componentes electrónicos hasta textil y que impacta de lleno en las rutas de aprovisionamiento que abastecen a Europa.
«Las guerras arancelarias y las guerras comerciales no benefician a ninguna de las partes.» — Lin Jian, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Pekín, 25 de julio de 2026
🔍 Por qué la tregua Trump-Xi no ha sido suficiente
Conviene recordar el camino recorrido: China y Estados Unidos pasaron buena parte de 2025 en una escalada arancelaria que solo se congeló cuando Trump y Xi se reunieron en octubre de aquel año. La posterior visita del presidente estadounidense a Pekín, a principios de 2026, desembocó en un compromiso chino para reducir barreras comerciales. Sin embargo, la sentencia del Supremo de febrero —que anuló varias de las órdenes ejecutivas arancelarias— empujó a la Casa Blanca a reconstruir su muralla comercial por otra vía: la sección 301 combinada con la narrativa del trabajo forzoso.
Lo que veo en los datos de hoy es un patrón que ya conocemos. Pekín califica la medida de «unilateral» y deja entrever que no se quedará de brazos cruzados. El portavoz Lin Jian lo expresó con claridad en la rueda de prensa del viernes: «Nos oponemos a todas las formas de medidas arancelarias unilaterales». La advertencia es más que retórica: en anteriores episodios, la respuesta china ha ido desde controles a la exportación de minerales críticos —galio, germanio, antimonio— hasta la devaluación táctica del yuan offshore, que en 2025 llegó a rozar los 7,36 por dólar.
El riesgo, por tanto, no es la tasa nominal del 12,5 %, sino la secuencia de represalias que puede desencadenar. Si Pekín eleva barreras no arancelarias o endurece la supervisión de los flujos de capital, las empresas europeas con fábricas en suelo chino —desde el sector automotriz hasta el químico— sentirán el impacto en costes y plazos de entrega antes de que acabe el tercer trimestre.
🌐 El efecto dominó en Occidente
Los nuevos aranceles estadounidenses a China y a otras economías asiáticas tienen implicaciones directas para la inflación de bienes importados en la eurozona:
- Mercados europeos: la apertura del lunes incorporará la noticia y es previsible una presión bajista sobre los valores exportadores alemanes y franceses con alta dependencia del mercado chino.
- Precios en España: aunque el canal directo es limitado, una eventual guerra comercial prolongada encarecería los productos electrónicos y textiles que llegan vía hubs asiáticos, retrasando la normalización del IPC subyacente.
- Empresas del IBEX: compañías con plantas de producción o joint ventures en China —como algunas del sector de componentes de automoción— verán erosionados sus márgenes si Pekín impone aranceles de represalia que distorsionen el abastecimiento de insumos.
- BCE y Euríbor: un repunte de la inflación importada por disrupciones en la cadena de suministro podría frenar el ritmo de recortes de tipos que el mercado ya descuenta para el otoño de 2026, manteniendo el Euríbor más alto de lo previsto.




