Japón extrae tierras raras del Pacífico y amenaza el monopolio chino de minerales críticos

La extracción experimental de tierras raras en aguas profundas del Pacífico podría reconfigurar la cadena de suministro de minerales críticos, hoy concentrada en Pekín. El hallazgo japonés abre expectativas de diversificación para la industria automotriz y de defensa europea.

He estado siguiendo de cerca los movimientos tectónicos en el mercado de minerales estratégicos y el anuncio de Tokio me parece una jugada de ajedrez de primer orden. La prueba de perforación la ha llevado a cabo Japón en aguas profundas cerca de la isla de Minamitori, un punto remoto en el Pacífico que Tokio considera clave para su soberanía económica. El objetivo era demostrar que es técnicamente viable extraer tierras raras del lecho marino, y los resultados confirman que han recuperado elementos como el neodimio y el disprosio, esenciales para imanes de alto rendimiento en vehículos eléctricos, turbinas eólicas y sistemas de defensa.

Una prueba de perforación en el Pacífico que cambia el tablero

El Ministerio de Economía, Comercio e Industria (METI) de Japón ha confirmado esta mañana que la extracción se realizó a cientos de kilómetros al este de la isla de Minamitori, dentro de la Zona Económica Exclusiva japonesa. La operación, ejecutada por la Agencia Japonesa de Recursos Energéticos y Minerales (JOGMEC), supone la primera recuperación exitosa de estos minerales desde el fondo marino en aguas profundas mediante un sistema de perforación vertical. El hallazgo rompe con décadas de dependencia casi absoluta del procesamiento chino de tierras raras.

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El contexto es crucial: China controla aproximadamente el 60% de la producción minera mundial y más del 90% del refinado de estos elementos, lo que le otorga un poder de mercado sin parangón. La explotación de los nódulos polimetálicos del Pacífico podría añadir una fuente alternativa de suministro, aunque los costes y los plazos de desarrollo comercial siguen siendo inciertos.

  • El neodimio y el disprosio son imprescindibles para los imanes de los motores de los coches eléctricos.
  • El lantano y el cerio se emplean en pantallas, catalizadores y baterías de litio.
  • El itrio y el europio son vitales para los fósforos de las pantallas LED y los sistemas de guiado militar.

Estos materiales, extraídos ahora del lecho marino a 5.500 metros de profundidad, llegarían al mercado en un horizonte no inferior a cinco a siete años, según los propios técnicos de JOGMEC. Pero la mera viabilidad técnica ya es un mensaje geopolítico.

“Los resultados de la perforación demuestran que el acceso a estos yacimientos submarinos es técnicamente factible y que Japón puede aspirar a una cadena de suministro propia de minerales críticos.” — Portavoz de JOGMEC, en declaraciones a Nikkei Asia, julio de 2026.

Análisis: la apuesta de Japón por la autonomía mineral

Lo que veo aquí es una respuesta estratégica del gobierno japonés a la creciente tensión comercial con Pekín. Desde 2010, cuando China restringió las exportaciones de tierras raras a Japón durante un conflicto diplomático, Tokio ha buscado desesperadamente fuentes alternativas. La perforación en el Pacífico representa la culminación de una política de exploración que se aceleró tras las sanciones tecnológicas mutuas entre Washington y Pekín.

Sin embargo, el salto del laboratorio al mercado es gigantesco. La extracción en el fondo marino encarece la producción y la convierte en inviable sin un precio de mercado lo bastante alto. Por ahora, las tierras raras chinas se mantienen baratas precisamente porque Pekín procesa volúmenes masivos con externalidades medioambientales que ignora. La viabilidad comercial dependerá de que Occidente esté dispuesto a pagar una prima verde por minerales de origen no chino.

De hecho, la Agencia Internacional de la Energía estima que la demanda de estos elementos se multiplicará por siete de aquí a 2040, impulsada por la transición energética. En ese escenario, los depósitos del Pacífico japonés pasarían de ser una curiosidad a un activo estratégico. No obstante, las inversiones en infraestructura de extracción submarina exigirán una cooperación público-privada sin precedentes.

🌐 El efecto dominó en Occidente

El movimiento del METI tiene ramificaciones directas para la industria europea. La eurozona importa el 98 % de sus tierras raras de China, una vulnerabilidad que Bruselas quiere reducir a la mitad antes de 2030. Si Japón logra comercializar sus recursos submarinos, los fabricantes de coches eléctricos y aerogeneradores europeos podrían diversificar proveedores y estabilizar unos costes que hoy dependen de los vaivenes regulatorios de Pekín.

Para España, el impacto a corto plazo es modesto, pero estratégico a medio plazo.

  • Las empresas de energías renovables y los proyectos de baterías del Perte VEC podrían beneficiarse de una menor presión alcista sobre los imanes de neodimio.
  • El Euríbor y los precios al consumo apenas se moverán por ahora, pero la noticia refuerza la narrativa desinflacionista a largo plazo, al desacoplar el coste de los minerales de la política china.
  • En Wall Street, los fondos de materias primas ya descuentan una prima de diversificación para los productores no chinos, lo que podría canalizar inversión hacia proyectos de minería oceánica.

La próxima reunión del G7 bajo presidencia japonesa será la cita clave para comprobar si Tokio consigue socios dispuestos a cofinanciar la extracción comercial. Hasta entonces, el mensaje es claro: el monopolio chino de los minerales críticos tiene, por primera vez, un rival creíble en el Pacífico.


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