La plataforma tecnológica Fever es uno de los mayores éxitos del ecosistema startup español. De hecho, ya está considerada un unicornio, es decir, una empresa que ha superado la valoración de 1.000 millones de dólares. Buena parte de ese éxito se explica por su imparable expansión internacional, que le ha llevado a operar en más de 100 ciudades de 40 países. Sin embargo, detrás de ese crecimiento se esconden algunos movimientos contables llamativos en su sociedad española, como mantenerla en quiebra técnica (patrimonio neto negativo) o atribuirle pérdidas millonarias.
En la parte alta de la cuenta de resultados, las cuentas de Kzemos Technologies S.L.U., la sociedad con la que Fever opera en España, reflejan el espectacular crecimiento que ha convertido a la compañía en uno de los grandes referentes tecnológicos del país. La firma, especializada en la venta de experiencias, eventos y ocio, ha pasado de facturar 14,5 millones de euros en 2020 a rozar los 74 millones de euros en 2024. El crecimiento del empleo ha sido todavía más llamativo: de menos de 200 trabajadores en 2020 a 1.420 empleados al cierre de 2024.
España se ha consolidado como el principal motor operativo de Fever. Sin embargo, tras esa imagen de prosperidad se esconde una realidad contable muy diferente. Al cierre de 2024, la filial española registró pérdidas récord de 36,6 millones de euros y un patrimonio neto negativo de 32,5 millones, una situación que, desde un punto de vista técnico, la sitúa en causa legal de disolución.
¿Qué esconde el unicornio tecnológico Fever?
Si se atiende exclusivamente a las cuentas de la sociedad española, Fever se encuentra en quiebra técnica, ya que su patrimonio neto es negativo. ¿Significa esto que el unicornio tecnológico está cerca de desaparecer? La respuesta es no. Para entender este aparente contrasentido hay que mirar más allá de España y analizar la estructura internacional del grupo desde su matriz en Estados Unidos. La explicación se encuentra en una práctica habitual entre las grandes multinacionales y especialmente vigilada por la Agencia Tributaria: los precios de transferencia.
El origen de las pérdidas de la filial española se concentra en el epígrafe de «Servicios profesionales independientes». En circunstancias normales, esta partida recoge los pagos a abogados, consultores, auditores u otros asesores externos. Sin embargo, en el caso de Fever, refleja el importe cobrado por su matriz estadounidense, Fever Labs Inc., correspondiente al denominado «reparto del resultado residual a nivel global». Al considerar a la filial española como «coemprendedora» de la actividad internacional del grupo, la matriz le asigna una parte proporcional de las pérdidas y de los costes derivados de la expansión en otros mercados.
Y las cifras son especialmente significativas. En 2024, este concepto pasó de 1,3 millones de euros a 39 millones de euros. Para evitar que la sociedad española incurra en una causa efectiva de disolución, el socio único estadounidense ha tenido que intervenir comprometiéndose a no exigir el cobro inmediato de una deuda a corto plazo de 45,6 millones de euros y a realizar una ampliación de capital destinada a restablecer el equilibrio patrimonial.
El ‘truco’ fiscal de Fever: cero euros en Impuesto sobre Sociedades
La estrategia de Fever con su filial española no solo sirve para absorber parte de los costes de la expansión internacional. También genera un importante efecto fiscal. Y es que al cargar 39 millones de euros en gastos desde la matriz estadounidense, los beneficios obtenidos en España desaparecen desde el punto de vista contable, lo que permite que el gasto corriente por el Impuesto sobre Sociedades sea prácticamente nulo durante 2024.
Pero el efecto va incluso más allá. Al registrar unas pérdidas tan elevadas, la sociedad española genera lo que fiscalmente se conoce como Bases Imponibles Negativas (BINs). En otras palabras, Kzemos Technologies crea un escudo fiscal superior a 36 millones de euros, que podrá compensar en ejercicios futuros para reducir su factura tributaria cuando vuelva a obtener beneficios.
Esta agresiva política de asignación de costes y vaciado de beneficios ya ha situado a Fever bajo el foco de la Agencia Tributaria. De hecho, la compañía tuvo que enfrentarse a una importante inspección sobre el IVA (2016-2019) y el Impuesto sobre Sociedades (2016-2017). La empresa defendió que actuaba únicamente como un intermediario tecnológico, pero Hacienda concluyó que operaba como un comisionista en nombre propio, lo que implicaba una tributación diferente. El procedimiento terminó en 2022 con la firma de actas de conformidad y supuso para la compañía un coste superior a 2,6 millones de euros, entre cuotas tributarias no ingresadas, intereses de demora y sanciones que superaron el millón de euros.
El caso de Fever ilustra cómo una empresa puede combinar un extraordinario crecimiento operativo con una situación contable inestable en sus filiales. Aunque la sociedad española presenta quiebra técnica y pérdidas millonarias, estas responden simplemente a su agresiva política interna de precios de transferencia y asignación de costes dentro del grupo internacional. También explica en parte porque estas multinacionales siempre tienen una tributación tan baja. Al final, Fever se ha convertido en un verdadero gigante tanto operativamente como fiscalmente.





