Un estudio biomecánico revela que los saurópodos pequeños como el Neuquensaurus podían adoptar una postura bípeda

El análisis digital de fémures de siete géneros muestra que los titanosaurios gigantes sufrían un estrés óseo extremo al erguirse. La investigación, publicada en Palaeontology, distingue por primera vez la capacidad de cada especie según su tamaño.

Los saurópodos más colosales, como Dreadnoughtus y sus 49 toneladas de peso, no podían mantenerse de pie sobre sus patas traseras sin someter sus fémures a un estrés óseo catastrófico. En cambio, los pequeños titanosaurios del género Neuquensaurus, de apenas 3,5 toneladas y nueve metros de largo, lo lograban con una soltura sorprendente. Así lo revela el primer estudio que emplea análisis de elementos finitos para examinar la postura bípeda en estos dinosaurios, publicado esta semana en Palaeontology.

El trabajo, liderado por el paleontólogo Julian C. G. Silva Junior, modeló digitalmente los fémures de siete géneros de saurópodos y simuló las fuerzas que actuaban sobre ellos al erguirse. Lo que encontraron cambia la manera en que imaginamos a estos gigantes: no todos podían adoptar la icónica pose vertical, y la clave residía en el tamaño corporal y en la anatomía de cada linaje.

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El enigma de los saurópodos de pie

Durante décadas, los paleontólogos han debatido si los saurópodos podían levantarse sobre sus cuartos traseros. Las ilustraciones clásicas de un Diplodocus o un Brachiosaurus erguido para alcanzar las copas de los árboles alimentaron la imaginación popular. Sin embargo, hasta ahora las pruebas se apoyaban en análisis esqueléticos simples o en comparaciones con animales actuales, un método plagado de limitaciones porque no existe ningún animal vivo análogo a un saurópodo de 50 toneladas.

El nuevo estudio aplica una técnica de ingeniería avanzada, el análisis de elementos finitos, que calcula cómo un material responde a las fuerzas aplicadas. Es la misma tecnología que se usa para diseñar puentes, aviones o prótesis médicas, trasladada ahora al mundo de los dinosaurios. Por primera vez, se ha puesto a prueba la resistencia ósea de los fémures ante la brutal carga que implicaría levantarse sobre las patas traseras.

Siete fémures en el laboratorio digital

Neuquensaurus

Los investigadores seleccionaron siete taxones representativos que abarcan un amplio espectro de tamaños y grupos evolutivos: Amargasaurus (12 m, 5 t), Diplodocus (27 m, 10-20 t), Giraffatitan (23 m, más de 40 t), Australotitan (30 m, más de 50 t), Uberabatitan (26 m, más de 30 t), Dreadnoughtus (26 m, 48-49 t) y, por supuesto, Neuquensaurus (9 m, 3,5 t). Cada fémur se reconstruyó en tres dimensiones a partir de fósiles reales y se sometió a dos escenarios de carga: uno que simulaba solo el peso del animal durante el empinado y otro que añadía la fuerza generada por los músculos circundantes.

Para hacernos una idea: la carga aplicada en los modelos se situó alrededor de 24.500 newtons, una fuerza equivalente al peso de un vehículo todoterreno cargado. Bajo esa presión, las diferencias entre especies resultaron abismales. Los fémures de los titanosaurios gigantes, como Dreadnoughtus o Australotitan, experimentaban niveles de tensión muy por encima de lo que el hueso podría soportar sin fracturarse, mientras que los de Neuquensaurus se mantenían dentro de márgenes de seguridad razonables.

Neuquensaurus, el saurópodo que desafiaba la gravedad

El saltasáurido argentino Neuquensaurus se llevó la palma. Su fémur, relativamente robusto y con inserciones musculares favorables, le permitía no solo erguirse, sino mantener la postura durante periodos prolongados. “Era un animal de nueve metros y tres toneladas y media, comparable en peso a un elefante asiático actual, pero con una biomecánica que lo capacitaba para alzarse con una facilidad sorprendente”, explica el equipo.

En el extremo opuesto, Dreadnoughtus y los titanosaurios de más de 40 toneladas quedaron retratados como auténticos colosos con pies de barro. No es que no pudieran erguirse nunca: el estudio sugiere que quizá lograban una elevación momentánea, pero mantenerla habría puesto en peligro la integridad de sus extremidades. La conclusión es demoledora: cuanto mayor era el saurópodo, menor era su capacidad para levantarse sin correr riesgos catastróficos.

El estudio también reabrió el clásico duelo entre Diplodocus y Giraffatitan. Mallison ya propuso en 2011 que el centro de masas más retrasado del diplodócido le daba ventaja para erguirse. Los nuevos datos biomecánicos confirman esa hipótesis: Diplodocus salía mejor parado que el braquiosáurido. No obstante, incluso en su caso, las tensiones femorales seguían siendo altas, lo que apunta a que la postura bípeda no era un comportamiento rutinario en ningún saurópodo de gran tamaño.

La capacidad de erguirse no era una cuestión de todo o nada: dependía más de la anatomía y el peso de cada especie que de una conducta universal.

Más que comer hojas altas: funciones del empinado

Si los saurópodos más grandes apenas podían ponerse de pie, ¿para qué servía entonces este comportamiento en las especies que sí lo lograban? La respuesta va mucho más allá de alcanzar las ramas más altas. Los investigadores señalan que la postura bípeda o tripodal pudo haber sido una herramienta multifuncional: para intimidar a depredadores, para combates entre machos, para despliegues de cortejo o como mecanismo de partición de nichos alimenticios entre juveniles y adultos.

De hecho, los modelos sugieren que los individuos jóvenes de especies gigantescas quizá sí podían erguirse con cierta frecuencia, una habilidad que se perdía al alcanzar la madurez. Este dato añade una capa fascinante: el comportamiento de crianza de los saurópodos podría haber cambiado drásticamente a lo largo de su vida, un tipo de partición de nicho ontogenética que tendría implicaciones profundas en su ecología.

Un hito para la biomecánica digital

El estudio, liderado por la Universidad de São Paulo (Brasil) y publicado en Palaeontology, marca un antes y un después en la aplicación de ingeniería a la paleobiología. Como reconocen los propios autores, el modelo tiene limitaciones: no incorpora la estructura interna del hueso trabecular ni el efecto amortiguador del cartílago articular. Por tanto, los valores de estrés deben interpretarse como comparativos, no como predicciones absolutas de fractura.

Los autores subrayan que el el modelo digital presenta limitaciones, pero aun así supone una herramienta formidable para hipótesis que antes se basaban en meras conjeturas. Estamos, en definitiva, ante la demostración de que los saurópodos no fueron un grupo uniforme: cada especie lidió con las leyes de la física a su manera, y solo los más esbeltos bailaron con la gravedad.

La investigación abre la puerta a futuros estudios que combinen más variables, como la flexibilidad de la columna o la función de la cola como contrapeso. Mientras tanto, la imagen de un Neuquensaurus alzándose ágilmente sobre sus patas traseras nos recuerda que, en el mundo de los dinosaurios, el tamaño no siempre fue sinónimo de poder.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: Los saurópodos pequeños como Neuquensaurus eran biomecánicamente capaces de mantener una postura bípeda estable, mientras que los gigantes (Dreadnoughtus) apenas podían erguirse por el riesgo de fractura femoral.
  • Dónde: Estudio digital basado en fósiles de Argentina, Australia, Norteamérica, Brasil y Tanzania.
  • Institución responsable: Universidad de São Paulo (Brasil) y colaboradores, publicado en Palaeontology.
  • Cuándo: Julio de 2026.
  • Impacto a futuro: Demuestra que el comportamiento de erguirse no era universal en los saurópodos y que la biomecánica digital puede desterrar viejos mitos paleontológicos.

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