Playboy ha relanzado su revista impresa con el nombramiento de Phillip Picardi como nuevo editor jefe y chief brand officer, en una apuesta por recuperar la esencia narrativa de la cabecera. El movimiento, confirmado en su primer número con la estrella colombiana Karol G, sitúa a la histórica publicación en una estrategia que combina el papel, el contenido digital y una visión más inclusiva y artística de la desnudez femenina.
Un regreso al papel con un enfoque contemporáneo
La edición impresa regresó en abril de 2026 con una tirada limitada y una portada protagonizada por Karol G, que se agotó rápidamente. La segunda entrega, desvelada esta misma semana, lleva en portada a la modelo y actriz Cara Delevingne en una imagen con un corsé de látex, y tendrá un tiraje ligeramente superior, según declaraciones recogidas por Press Gazette.
Picardi, que reporta al presidente de medios y marca, David Miller, defendió que la prioridad editorial es recuperar la calidad narrativa que «impulsó su prestigio, su interés y su lealtad». Aunque la revista mantiene la tradición de las Playmates del mes, la nueva etapa otorga a las modelos el control sobre cuánto muestran y las involucra en la aprobación de fotógrafos y estilistas, en su mayoría mujeres.
Phillip Picardi: trayectoria y visión editorial
La trayectoria de Picardi incluye los siguientes hitos:
- Director de Teen Vogue y Them en Condé Nast: Lideró dos cabeceras orientadas a audiencias jóvenes, con un enfoque en cultura, identidad y activismo.
- Estrategia en medios veterana: Acumula experiencia en la intersección entre contenido editorial, digital y social, clave para el giro de Playboy.
- Objetivo en Playboy: Combinar el legado de entrevistas y reportajes con una estética erótica «respetuosa y moderna», distanciada de la pornografía.
Picardi insiste en que el núcleo de la marca es el arte del deseo, no la pornografía, y que la implicación de las mujeres en el proceso creativo genera un resultado más auténtico. «Aunque no lo llamo feminista, sí garantizamos que la decisión sobre la desnudez recaiga en la modelo», señaló en declaraciones recogidas por Press Gazette.

El relanzamiento de la cabecera apuesta por una imagen más inclusiva y artística, alejada de la pornografía masiva y con el control creativo en manos de las modelos, según los responsables editoriales.
Modelo de suscripción y ecosistema digital
La estrategia no se limita al papel. Playboy lanzó en 2026 un servicio de suscripción digital que incluye el archivo completo desde 1953 y contenido exclusivo en la web. Las tarifas parten de 59,99 dólares al año y una oferta promocional de 24,99 dólares, mientras que el paquete que suma la edición impresa cuesta 99,99 dólares anuales.
David Miller explicó que las suscripciones digitales aún son «incipientes» y que la prioridad a corto es reintroducir la marca en el mercado, para luego acelerar la captación de abonados. Junto a ello, la compañía planea un programa de embajadoras para recuperar la figura de las Bunnies, así como la producción de formatos de vídeo como Bunny on the Street y Bunny on the Green, pensados para redes sociales.
El grupo Playboy Inc., que opera desde hace años bajo un modelo de licencias tras externalizar los negocios más explícitos (Playboy TV, Playboy Plus), facturó 120,9 millones de dólares en 2025, un 4% más interanual, y redujo su pérdida neta de 79,4 millones en 2024 a 12,7 millones en el último ejercicio.
Un análisis desde el negocio editorial
El regreso al papel de una cabecera icónica se produce en un contexto de contracción de la prensa impresa. La apuesta por la calidad narrativa y la estética diferenciada busca captar a un público masculino de 25 a 45 años, pero también a un «público halo» femenino, activo en TikTok y otras plataformas. De hecho, Picardi admite que sin el interés de las mujeres «no alcanzaremos nuestra misión de ser una revista para hombres centrada en el deseo de las mujeres».
El precedente inmediato es el cierre de la revista mensual en marzo de 2020, seguido de ediciones especiales en 2025. Ahora, con un equipo interno mínimo —dos empleados editoriales fijos más colaboradores, con vacantes abiertas para un director de arte y un estratega de audiencia— la marca opera con una cultura de startup dentro de un legado de 73 años.
En términos competitivos, el movimiento sitúa a Playboy en un segmento que intenta diferenciarse de las plataformas de contenido para adultos de libre acceso. La clave estará en transformar el capital simbólico de la cabecera en una comunidad de suscripción, apoyada en eventos, licencias y el tirón de las celebridades en portada. La combinación de archivo histórico, desnudos artísticos y periodismo —como los reportajes sobre consumo seguro de drogas en la crisis del fentanilo— configura un producto que aspira a ser «familiar pero renovado».
📡 El Radar del Sector
- El vacío que llena: El relanzamiento devuelve a Playboy a un espacio de desnudo artístico y reportajes que dejó huérfano en 2020, diferenciándose del porno masivo.
- El reto por delante: Consolidar un modelo de suscripción digital rentable y atractivo para una audiencia joven y femenina, sin perder al lector tradicional masculino.
- El tablero competitivo: La cabecera compite con plataformas de contenido adulto y con otras revistas icónicas que buscan revitalizarse, pero su principal activo sigue siendo la fortaleza de la marca y su archivo.



