La UE fija la electrificación del 46% de la economía para 2040 con rebaja de impuestos a la electricidad

Bruselas propone un principio vinculante para que el impuesto sobre la electricidad no sea superior al del gas y pretende eliminar los subsidios a los combustibles fósiles, que ascienden a 97.000 millones de euros anuales.

La Comisión Europea ha puesto esta semana sobre la mesa un objetivo ambicioso: electrificar el 46% del consumo energético de la Unión de aquí a 2040. La medida, que incluye una rebaja de impuestos a la electricidad, busca reducir la dependencia de combustibles fósiles y ahorrar 260.000 millones de euros al año a las economías del bloque. He analizado el plan y lo que veo es una apuesta por un cambio estructural que, aunque ambicioso, cuenta con el respaldo de datos y una hoja de ruta que la Comisión considera realista.

La propuesta en cifras: 46% de electrificación y 260.000 millones de ahorro anual

Actualmente, más de la mitad de la energía que consume la UE procede de combustibles fósiles, lo que representa una vulnerabilidad estratégica. Bruselas quiere que esa dependencia se reduzca drásticamente duplicando la tasa de electrificación —del 23% actual al 46%— en solo 14 años.

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El objetivo se apoya en varios pilares concretos que detallo a continuación:

  • Principio fiscal vinculante: los Estados miembros deberán asegurar que el impuesto especial sobre la electricidad no sea superior al del gas. La Comisión deja claro que los gobiernos mantienen libertad para diseñar sus sistemas tributarios, pero tendrán que respetar esta regla.
  • Fin de los subsidios a los combustibles fósiles: la Comisión identifica 97.000 millones de euros anuales en subvenciones a estos recursos y señala su eliminación como una necesidad ineludible. En los próximos meses se revisará cómo retirarlas.
  • Reducción del coste de las redes: mediante incentivos para un uso más eficiente de la infraestructura eléctrica y la promoción del intercambio de datos para soluciones de inteligencia artificial que optimicen el consumo.
  • Apoyo a la demanda de opciones eléctricas: desde leasing social para camiones y autobuses eléctricos hasta el uso de fondos comunitarios para ayudar a hogares de ingresos bajos y medios que apuesten por bombas de calor o vehículos eléctricos.

El impacto económico calculado por los técnicos comunitarios es relevante: alcanzar el 46% de electrificación podría recortar 260.000 millones de euros anuales en la factura energética del bloque en 2040.

Un diagnóstico claro y las barreras a derribar

La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha sintetizado la filosofía del plan con una frase que me parece clave:

“La mejor manera de reducir la dependencia de Europa de los combustibles fósiles es impulsar nuestra economía con electricidad procedente de fuentes limpias y de producción nacional”. — Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, comunicado del 17 de julio de 2026

El comisario de Energía, Dan Jorgensen, ha puesto cifras a la magnitud del reto: “Nos ha llevado desde la Edad de Piedra hasta ahora alcanzar el 23%, y ahora queremos duplicarlo en 14 años. Pero es necesario y, además, creemos que es posible y realista”.

A mi juicio, lo más significativo de esta propuesta no es tanto el objetivo numérico —que ya estaba implícito en la senda de descarbonización— sino la identificación explícita de las distorsiones fiscales que han frenado la electrificación. Durante años, los sistemas tributarios de la mayoría de los Estados miembros han gravado más la electricidad que el gas, mientras los combustibles fósiles recibían cuantiosas subvenciones. Jorgensen lo ha descrito con una metáfora muy gráfica al referirse a los 97.000 millones en ayudas a los combustibles contaminantes: “Es un poco como el médico que intenta ayudar a un paciente con diabetes recetándole azúcar”.

Bruselas reconoce además que la brecha de costes no es solo fiscal: las bombas de calor y los vehículos eléctricos siguen siendo más caros que sus alternativas fósiles. Por eso el plan incluye instrumentos de demanda y financiación, aunque la Comisión admite que el despliegue de infraestructuras de recarga y la adaptación de las redes eléctricas siguen siendo asignaturas pendientes.

El principio vinculante de no gravar la electricidad por encima del gas es, sin duda, el elemento de mayor calado regulatorio. Obligará a varios países, España entre ellos, a revisar su fiscalidad energética. Sin embargo, la puesta en práctica dependerá de la negociación con los gobiernos, y ahí la historia reciente enseña que la unanimidad en materia fiscal no es sencilla.

🌍 El impacto en España y Europa

Para el consumidor español, la rebaja de impuestos a la electricidad podría traducirse en un alivio directo en la factura de la luz, siempre que el Gobierno traslade el principio vinculante al IVA o al impuesto especial. Esto tendría un efecto moderador sobre la inflación subyacente, facilitando la tarea del BCE y, por extensión, conteniendo las subidas del Euríbor que tanto afectan a las hipotecas variables.

Además, España parte de una posición favorable: con una alta penetración de renovables, una electrificación acelerada refuerza su ventaja competitiva y puede atraer inversiones en sectores como el vehículo eléctrico o la producción de hidrógeno verde. Las empresas del IBEX con exposición a las energías limpias y a la digitalización de redes se beneficiarían de un marco europeo que incentiva la demanda eléctrica. Eso sí, el plan exige que España acelere el despliegue de puntos de recarga y la modernización de las redes de distribución, dos áreas donde todavía existen cuellos de botella.


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