Si este fin de semana buscas una playa sin toallas pegadas unas a otras, tu próxima escapada a Menorca antes de reservar el hotel. La isla balear en Cala Pilar, esconde un rincón donde el mar sigue siendo territorio de unos pocos privilegiados, y la razón es tan sencilla como física: no hay coche que llegue hasta la orilla.
Se llama Cala Pilar, está en la costa norte, entre Ferreries y Ciutadella, y para pisar su arena rojiza hay que dejar el vehículo en un aparcamiento y caminar. Nada de accesos directos ni chiringuitos. Solo un sendero forestal que actúa como filtro natural contra la masificación veraniega.
Cala Pilar: ruta antes de salir de casa
El trayecto arranca en el kilómetro 34 de la carretera Me-1, en el desvío conocido como Camí del Pilar. Desde ahí, la caminata hasta la playa dura oficialmente unos 30 minutos, aunque casi todas las fuentes locales coinciden en que el tiempo real oscila entre 30 y 45 minutos según el ritmo y las paradas para hacer fotos.
El camino atraviesa uno de los bosques de pinos y encinas mejor conservados de Menorca, con dunas, aves y algún mamífero curioso asomando entre la maleza. No hay sombra en la playa, así que conviene llevar gorra, agua y calzado cerrado para el tramo final, algo más rocoso.
Por qué esta playa sigue siendo un secreto a voces
Antes de meter el bañador en la mochila,tu itinerario con la misma cabeza fría con la que compararías cualquier otra decisión importante: sin coche cerca, sin bares, sin wifi. Cala Pilar forma parte del recorrido del Camí de Cavalls, el antiguo sendero de 185 kilómetros que rodea toda la isla y que durante siglos sirvió para patrullar la costa a caballo.
Esa ruta histórica, hoy convertida en el Camino Natural GR-223, es la que protege indirectamente a la cala del turismo de autobús. Sin aparcamiento junto al mar ni transporte público, solo llega quien está dispuesto a caminar, y eso reduce drásticamente el número de visitantes incluso en pleno agosto.
Cómo es el paisaje que te espera al final del camino
La recompensa tiene nombre propio: arena de tonos dorados y rojizos, aguas transparentes y un pequeño islote, s’Escull, que protege parcialmente la bahía del oleaje. Los acantilados de roca roja enmarcan unos 250 metros de playa virgen, sin urbanizar y sin instalaciones turísticas de ningún tipo.
Eso sí, la Tramontana, el viento del norte tan característico de esta costa, puede complicar el baño en días de mal tiempo. Conviene consultar la previsión antes de emprender la caminata, porque llegar hasta allí con oleaje fuerte y suciedad en la orilla es una decepción que se puede evitar con una simple consulta al móvil.
Consejos prácticos para no fallar en el intento
Los que ya han hecho la ruta coinciden en varios detalles que marcan la diferencia entre disfrutar del día y pasarlo mal bajo el sol de julio. Ir temprano es la recomendación más repetida, sobre todo en temporada alta.
Fuera de julio y agosto, la costa norte recibe mucha menos presión turística que el sur de la isla, así que el horario deja de ser tan determinante. En cualquier caso, conviene llevar lo básico bien pensado:
- Agua suficiente para ida y vuelta, ya que no hay ningún punto de venta en el trayecto
- Calzado cerrado y cómodo, porque el tramo final incluye escaleras de madera y zonas irregulares
- Protección solar y algo de sombra improvisada, ya que la playa carece de arbolado
- Salir antes de las diez de la mañana en temporada alta para encontrar hueco en el aparcamiento
Qué encontrarás cerca si quieres alargar la excursión
A quien le sepa a poco una sola cala, el propio Camí de Cavalls conecta Cala Pilar con Els Alocs hacia el este, siguiendo la línea de costa unos 30 minutos más a pie. Es una forma de convertir la excursión en una ruta de senderismo completa sin volver sobre tus pasos.
La otra cara de la moneda: el esfuerzo físico
No es una caminata técnica ni peligrosa, pero tampoco apta para quien busca comodidad total. El desnivel es moderado y el terreno, en algunos tramos, exige atención, especialmente en la bajada final hacia la arena.
El paralelismo asturiano que confirma la tendencia
Este tipo de escapadas «a pie o nada» no es exclusivo de Menorca. En Asturias, la Playa de Barayo funciona bajo la misma lógica: reserva natural protegida, acceso restringido a pie y un aforo limitado que obliga a reservar entrada en temporada alta para conservar el entorno.
La coincidencia no es casual: cada vez más viajeros españoles priorizan destinos donde el esfuerzo actúa como filtro natural frente a la masificación. Es una tendencia que probablemente se acentuará en los próximos veranos, a medida que las playas más accesibles saturan su capacidad y los visitantes buscan alternativas menos explotadas. El consejo de cualquier guía experimentado sigue siendo el mismo: cuanto más cuesta llegar, más se disfruta lo que encuentras al final del camino.






