Ryanair acusa a Aena de monopolio y reclama tarifas más baratas en los aeropuertos regionales

Eddie Wilson critica el monopolio aeroportuario y exige precios dinámicos para reactivar aeropuertos como Santiago o Jerez. La aerolínea condiciona su expansión en España a un cambio tarifario que Aena rechaza por ahora.

Ryanair ha vuelto a cargar contra Aena y sube la tensión en la guerra abierta por las tarifas aeroportuarias. Su CEO, Eddie Wilson, acusa al gestor de actuar como un monopolio que estrangula el desarrollo de los aeropuertos regionales y reclama una rebaja urgente de precios para infraestructuras que, a su juicio, permanecen infrautilizadas. La aerolínea condiciona su expansión en España a ese giro tarifario.

La crítica al monopolio de Aena y la analogía hotelera

En el foro New Economy, Wilson fue directo: si Aena fuera una empresa totalmente privada, “probablemente habría cerrado buena parte de esos aeropuertos hace tiempo”. El directivo sostiene que el gestor mantiene un planteamiento de monopolio que le impide bajar las tarifas en los aeropuertos menos transitados porque, al hacerlo, competiría consigo mismo contra los grandes hubs de Madrid y Barcelona.

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Para ilustrarlo, el CEO recurrió a una comparación con un hotel. Si una semana nadie reserva una habitación, el establecimiento baja el precio en lugar de cerrar pisos. “Lo último que hace es cerrar habitaciones. Lo que intenta es llenarlas”, insistió, para reclamar a Aena que aplique esa misma lógica a la infraestructura vacía y llene las terminales con tarifas competitivas.

Aeropuertos regionales: potencial turístico y promesas de expansión

Wilson puso cifras sobre la mesa: Ryanair mueve cerca de nueve millones de pasajeros en Málaga y ninguno en Granada, o cinco millones en Sevilla y ninguno en Jerez, a apenas una hora en coche. “El problema no es la infraestructura. El problema es la gestión”, subrayó. La low cost irlandesa estaría dispuesta a abrir bases en aeropuertos como Santiago de Compostela, Zaragoza, Granada o Jerez si las condiciones económicas se volviesen más atractivas.

España cuenta, en palabras del directivo, con “la mejor infraestructura aeroportuaria regional de Europa”. A pesar de ello, considera que no se está aprovechando. “Hay problemas de competitividad que hay que resolver. Si no se hace, España perderá el tren”, advirtió, en una referencia al riesgo de que otros destinos del Mediterráneo capten vuelos que podrían operar aquí.

Ryanair necesita que Aena abandone la rigidez tarifaria para transformar terminales casi vacías en puertas de entrada a destinos turísticos secundarios. Mientras eso no ocurra, el crecimiento se concentrará en los grandes aeródromos.

El CEO también se dirigió al Gobierno, propietario del 50% del gestor. Le reprochó que se conforme con recibir un dividendo cercano a los mil millones de euros mientras buena parte de los activos que generan esos beneficios permanecen medio vacíos. “No entiendo cómo, siendo propietario del 50% de Aena, está satisfecho con recibir un dividendo de cerca de mil millones de euros mientras muchos de los activos que generan esos beneficios permanecen medio vacíos. No tiene ningún sentido”, afirmó.

Hoja de Ruta: Claves del Viaje

Las palabras de Wilson reabren un debate regulatorio con tres aristas. La primera es puramente tarifaria: Aena fija sus precios con criterios que, según la CNMC, penalizan a los aeropuertos pequeños; la última supervisión del regulador detectó márgenes excesivos en las tasas y recomendó revisar el modelo hacia un sistema más flexible. La segunda es industrial: Ryanair necesita volumen y predecibilidad para ubicar flota, y la rigidez del gestor hace inviable la apertura de nuevas bases. La tercera, política: el Gobierno obtiene más de 1.000 millones anuales en dividendos de Aena, lo que reduce el incentivo para forzar un cambio tarifario que reduzca ingresos a corto plazo.

El pulso entre la aerolínea y el gestor no es nuevo. En 2020, Ryanair ya cerró bases en Girona y Tenerife Sur por diferencias tarifarias, y desde entonces ha ido concentrando operaciones en aeropuertos como Madrid o Barcelona, donde la demanda compensa los costes. La diferencia ahora es que la low cost está recibiendo cientos de nuevos Boeing 737 MAX y busca destinos donde desplegarlos. Si Aena no mueve ficha, ese crecimiento irá a otros países del arco mediterráneo.

En el ecosistema español de la movilidad, la disputa es un capítulo más de la pugna entre grandes operadores de infraestructura y los nuevos entrantes que presionan por costes más bajos. Aena, con beneficios récord y un modelo de gestión en entredicho, se enfrenta al mismo dilema que Renfe ante Ouigo e Iryo: bajar tarifas para llenar capacidad o defender el margen actual y ver cómo el tráfico migra a otros operadores u otros países. La respuesta que dé el gestor condicionará el mapa aéreo español de la próxima década.


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