La última visita de Keir Starmer a Kiev no ha sido protocolaria. En su despedida como primer ministro británico, el líder laborista ha comprometido 300 millones de euros para financiar la adquisición de 16 cazas suecos Gripen por parte de Ucrania. Un golpe de efecto que marca continuidad en la política de defensa británica, con independencia de quién ocupe Downing Street a partir de hoy, 17 de julio de 2026, cuando cede el liderazgo del partido a Andy Burnham.
Un cheque de 300 millones y el contexto del gasto militar británico
Starmer ha firmado este compromiso en el marco de su cuarta visita a Kiev como primer ministro, horas antes de que dos civiles murieran en un nuevo ataque ruso con misiles balísticos. La financiación de los Gripen –aviones de combate multirrol fabricados por la sueca Saab– se suma a una trayectoria de apoyo sin fisuras que ya supera los 11.000 millones de libras en ayuda total, de los que cerca de 8.000 millones corresponden a asistencia militar, según detalló el presidente Volodímir Zelenski.
He desglosado los principales datos que arroja la visita:
- 300 millones de euros para financiar 16 Gripen, un sistema que reforzará la defensa aérea ucraniana frente a la ofensiva continua del Kremlin.
- El Reino Unido se suma al préstamo de 90.000 millones de euros de la UE a Ucrania, abriendo la puerta a futuros contratos para empresas británicas de defensa.
- Desde julio de 2024, Londres ha inyectado 3.000 millones de libras anuales en apoyo militar, y ha entregado más de 250.000 drones, 8.000 misiles y 350.000 proyectiles de artillería.
- La cooperación a largo plazo queda blindada por el acuerdo de 100 años firmado en 2025, que abarca defensa, comercio y otros ámbitos.
La cifra del préstamo paneuropeo y el envío de cazas no son hechos aislados. Lo que veo es un intento deliberado de Starmer de anclar la posición británica antes de ser relevado, y de mandar un mensaje a Moscú: la fatiga bélica no ha llegado a Londres.
“Vuestra lucha es nuestra lucha, vuestra seguridad es nuestra seguridad”. — Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido, durante su encuentro con Volodímir Zelenski en Kiev, 16 de julio de 2026.
Un anclaje geoestratégico que sobrevive a los ciclos electorales
La continuidad en el apoyo británico a Ucrania es una de las pocas constantes en un tablero geopolítico volátil. Desde Boris Johnson hasta Starmer, y previsiblemente con Burnham, el Reino Unido ha sido el primer país del G7 en sancionar a las grandes petroleras rusas –Rosneft, Lukoil, Gazprom Neft y Surgutneftegaz– y ha liderado la coordinación europea tras el repliegue de Estados Unidos bajo la administración Trump. No es un dato menor: los 300 millones para los Gripen se apalancan en la capacidad industrial de Suecia, pero el dinero sale de Londres, apuntalando una arquitectura de defensa paneuropea que gana tracción.
Sin embargo, el trasfondo de esta visita no es triunfal. Junio ha sido el mes más mortífero para civiles ucranianos desde abril de 2022, con 293 muertos y casi 2.000 heridos, según datos de Naciones Unidas. En el primer semestre de 2026, las víctimas civiles aumentaron un 37% respecto al mismo periodo de 2025. La apuesta de Moscú por la fatiga occidental sigue intacta, y cada cheque firmado por un líder europeo es también una señal de resistencia.
En mi lectura, el movimiento de Starmer no solo tiene valor inmediato para la defensa de Ucrania: es un recordatorio de que la seguridad europea no puede depender de las urnas estadounidenses, y de que la inversión en hard power seguirá siendo una prioridad presupuestaria para los gobiernos del Viejo Continente. El próximo hito lo tendremos cuando los primeros Gripen vuelen en espacio aéreo ucraniano, previsiblemente a finales de 2026, y cuando se concrete el reparto del préstamo de 90.000 millones.
🌍 El impacto en España y Europa
Para España, el paquete anunciado no tiene una traslación directa e inmediata en el día a día del consumidor, pero sí refuerza la tendencia de fondo que empuja al BCE y a las capitales europeas a discutir más gasto en defensa común. El Eurogrupo ya ha debatido instrumentos de financiación conjunta para seguridad, y movimientos como este estrechan los márgenes para quienes apuestan por la distensión con Moscú. En términos empresariales, Saab podría buscar socios industriales en el sur de Europa para compensaciones tecnológicas, aunque por ahora no hay contratos confirmados con firmas españolas. Lo que sí está claro es que, mientras la Fed y el BCE siguen atentos a la inflación, la prima de riesgo geopolítico se mantiene elevada, y cualquier escalada impacta en los precios de la energía y, por extensión, en la capacidad de consumo de los hogares españoles. La cooperación a cien años firmada entre Londres y Kiev es un ancla de estabilidad a largo plazo que, indirectamente, protege el flanco sur de Europa.




