Durante 26 años, los astrónomos llamaron al 1998 SH2 «asteroide». Su órbita alrededor del Sol —una elipse que completa cada 4 años y medio— era tan regular como la de cualquier otra roca espacial. Pero el 28 de agosto de 2025, cuando los radares de la Red de Espacio Profundo (DSN) de la NASA apuntaron a la posición prevista, no encontraron nada. El objeto no estaba donde debía. Aquel fallo técnico fue la primera pista de que el 1998 SH2 escondía un secreto que obliga a replantear la defensa planetaria.
Aquel sobrevuelo cercano a la Tierra —a solo 3 millones de kilómetros, una minucia astronómica— ofrecía una oportunidad única para espiarlo con radar. Pero la ausencia de eco desencadenó una investigación que acaba de culminar en un artículo publicado en Nature Astronomy y liderado por Davide Farnocchia, ingeniero de navegación del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA. La conclusión es tan contundente como inquietante: el 1998 SH2 no es un asteroide. Es un cometa. Y lleva casi tres décadas oculto tras una identidad falsa.
El objeto que no apareció donde debía
La secuencia fue desconcertante. Los técnicos del DSN habían calculado la posición del 1998 SH2 a partir de los datos orbitales recogidos entre 1998 y 2016, sumando los efectos gravitatorios del Sol y los planetas. Todo encajaba sobre el papel. Cuando el eco de radar se negó a aparecer, los científicos recurrieron a la astrometría óptica de precisión para medir su ubicación real en el cielo. Fue entonces cuando emergió la anomalía: algo no gravitatorio estaba empujando al objeto.
«Después de medir las perturbaciones no gravitacionales que afectaban al movimiento del 1998 SH2 y comprobar que no eran compatibles con un asteroide, sospechamos que podía tratarse de un cometa activo», explicó Farnocchia. Ese empujón adicional encajaba con el modelo de un núcleo que sublima hielo al calentarse por el Sol, liberando un chorro de gas que actúa como un minúsculo motor de reacción. Pero faltaba la prueba visual.
La hipótesis del cometa oculto
Un cometa activo debería mostrar una coma o una cola. Sin embargo, las imágenes de archivo del 1998 SH2 no revelaban ninguna actividad cometaria; su brillo era el de un punto inerte. La hipótesis de Farnocchia necesitaba telescopios capaces de fotografiar lo casi invisible. Y la aproximación de agosto de 2025 brindó la ocasión perfecta.
El equipo recurrió a tres observatorios: el telescopio Canadá-Francia-Hawái en Mauna Kea, el telescopio danés de 1,5 metros del Observatorio Europeo Austral (ESO) en La Silla, y el Very Large Telescope (VLT) de 8,2 metros en Paranal, Chile. Las imágenes recogidas por el VLT mostraron una cola débil pero clara, confirmando así la naturaleza cometaria del objeto.
Un pequeño chorro de gas, invisible durante años, bastó para desenmascarar a un asteroide y convertirlo en cometa.
«Las imágenes que obtuvimos revelaron una cola tenue pero definida», declaró Olivier Hainaut, astrónomo del ESO y coautor del estudio. «Así es como funciona la ciencia: formulas una hipótesis y la pones a prueba. Estos datos eran exactamente lo que necesitábamos para confirmar que el 1998 SH2 era un cometa». Tras la confirmación, el objeto recibió una segunda designación oficial: P/1998 SH2, con la «P» que identifica a los cometas periódicos en la nomenclatura astronómica.

Lo que cambia en el tablero de la defensa planetaria
El hallazgo trasciende lo meramente taxonómico. Saber si un objeto cercano a la Tierra es un cometa en lugar de un asteroide modifica los cálculos de riesgo de impacto. Los cometas, al liberar gas, experimentan perturbaciones orbitales que los hacen menos predecibles que las rocas inertes. Ignorar esa actividad es como calcular la trayectoria de un coche suponiendo que el motor está siempre apagado.
El estudio, publicado en Nature Astronomy y disponible en el portal de la NASA, subraya además que muchos de los objetos hoy catalogados como «cometas oscuros» podrían ser cometas corrientes vistos en un mal momento. Desde 2016 se han identificado alrededor de una docena de estos cuerpos enigmáticos que muestran anomalías orbitales sin coma ni cola visibles. El caso del 1998 SH2 sugiere que, cuando se observan con instrumentos suficientemente potentes, algunos desvelan su verdadera identidad.
La implicación práctica es urgente. La próxima misión NEO Surveyor, el primer telescopio espacial diseñado específicamente para la defensa planetaria, podrá detectar estas firmas ténues y distinguir asteroides de cometas incluso sin cola visible. Como advirtió Farnocchia, «detectar estas perturbaciones puede ser una herramienta de diagnóstico crucial para entender qué objetos son cometas, cómo evolucionan sus órbitas y cómo influye eso en su riesgo de impacto con la Tierra».
El camino es claro: revisar las fichas de otros asteroides con órbitas excéntricas, agendar nuevas observaciones con telescopios de gran abertura y afinar los modelos que alimentan los protocolos de alerta. El 1998 SH2 dejó de ser una roca anónima para convertirse en un recordatorio de que el cielo está lleno de disfraces. Y de que, en defensa planetaria, una identidad mal asignada puede ser más peligrosa que una colisión.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: El objeto 1998 SH2, clasificado como asteroide desde 1998, es en realidad un cometa periódico con cola débil, ahora designado P/1998 SH2.
- Dónde: Observaciones desde los telescopios CFHT (Hawái), el danés de 1,5 m (Chile) y el VLT (Chile) confirmaron la cola tras su aproximación a 3 millones de kilómetros de la Tierra.
- Institución responsable: Estudio liderado por el JPL de la NASA y publicado en Nature Astronomy.
- Cuándo: La anomalía se detectó en agosto de 2025; el descubrimiento se publicó el 16 de julio de 2026.
- Impacto a futuro: Obliga a revisar la clasificación de objetos cercanos a la Tierra, refina los modelos de riesgo de impacto y guiará la misión NEO Surveyor de defensa planetaria.




