Las focas pueden oír con la misma nitidez bajo el agua que en el aire. Un equipo internacional liderado por el Museo de Historia Natural de Londres ha descubierto el mecanismo que lo hace posible: un tejido cavernoso que se llena de sangre durante cada inmersión. El hallazgo, publicado en Proceedings B, desvela una de las adaptaciones evolutivas más fascinantes del reino animal y abre la puerta a nuevas estrategias de conservación frente al ruido submarino.
El enigma del oído anfibio
Mamíferos como nosotros oímos mal en el agua. El oído medio, lleno de aire, actúa como una barrera que refleja casi todo el sonido al cambiar de medio. Sin embargo, las focas sortean esta limitación con una solución anatómica sorprendente. Cuando el animal se sumerge, una red de vasos sanguíneos en el oído medio se dilata y llena de sangre un tejido cavernoso. Como la sangre tiene una densidad similar a la del agua de mar, el sonido atraviesa el oído sin apenas pérdidas y llega a la cóclea, el órgano sensorial de la audición. En esencia, el oído de la foca se vuelve transparente al sonido subacuático, una proeza que ningún otro mamífero terrestre puede igualar.
El doctor James Rule, autor principal del estudio, explica que los científicos llevaban décadas preguntándose cómo las focas oían en ambos medios. “Ahora sabemos que no es magia: es un tejido que convierte el oído en un instrumento anfibio”, declaró. Los investigadores emplearon tomografías computerizadas de alta resolución para reconstruir en 3D la anatomía del oído medio de más de 200 ejemplares de focas, tanto actuales como fósiles.
Fósiles que narran la evolución del oído subacuático

El análisis de los fósiles permitió trazar cuándo apareció esta adaptación. Los parientes más antiguos de las focas, como Potamotherium y el pinnípedo basal Puijila darwini —que vivió hace 23 millones de años— probablemente solo oían bien en aire. Carecían de la estructura cavernosa desarrollada. Fue con los géneros marinos posteriores, como Enaliarctos, cuando el mecanismo anfibio se consolidó hace 26,7 millones de años. Este hito coincidió con la transición de los pinnípedos de un estilo de vida costero a una existencia plenamente marina, abriendo un abanico de oportunidades ecológicas.
A partir de ese momento, la evolución refinó el sistema en direcciones distintas. Las focas verdaderas o fócidos (como la foca común) mejoraron sobre todo la audición subacuática, mientras que los otáridos (leones marinos y osos marinos) mantuvieron un oído más equilibrado entre aire y agua. El estudio confirma que estas especializaciones surgieron de forma independiente, esculpiendo la notable diversidad acústica que vemos hoy: desde los cantos hipnóticos de las focas barbudas hasta la capacidad de algunas especies para imitar el habla humana.
Cada inmersión activa un mecanismo que la evolución esculpió durante 26 millones de años: un tejido que convierte el oído de la foca en un instrumento anfibio.
¿Qué implica este hallazgo para la ciencia y la conservación?
El equipo de Rule no solo resolvió un misterio anatómico; también puso de relieve el valor incalculable de las colecciones de los museos. Para el estudio se examinaron especímenes de 119 especies de carnívoros, conservadas durante siglos en el Museo de Historia Natural de Londres. La doctora Natalie Cooper, coautora, subrayó que sin esos fondos la la investigación habría sido imposible. Esas colecciones, acumuladas durante generaciones, siguen respondiendo preguntas que sus recolectores jamás imaginaron.
Sin embargo, el hallazgo trasciende la biología evolutiva. Los océanos se han convertido en un entorno cada vez más ruidoso por el tráfico marítimo, las prospecciones sísmicas y la construcción de parques eólicos. Ese estruendo interfiere en la comunicación de las focas: les cuesta encontrar pareja, detectar depredadores o simplemente navegar. Los cantos de apareamiento de las focas barbudas, por ejemplo, pueden enmascararse por el ruido de los barcos, reduciendo sus posibilidades reproductivas. “Conocer cómo oyen es el primer paso para protegerlas. Podríamos diseñar medidas que limiten las frecuencias del ruido más dañinas o establecer áreas marinas acústicamente tranquilas”, explicaba Cooper en el comunicado del museo.
El estudio, eso sí, tiene limitaciones. Al basarse en fósiles, la certeza sobre la audición de especies extintas es inferida, no medida. Además, queda por aclarar cómo el tejido cavernoso se coordina exactamente con el resto del oído a nivel neurofisiológico. Los próximos trabajos del equipo se centrarán en monitorizar en tiempo real el flujo sanguíneo en el oído de focas entrenadas, combinando biología molecular y acústica de alta precisión. El resultado podría no solo mejorar la conservación, sino inspirar nuevos materiales que imiten este tejido adaptable, como implantes acústicos o revestimientos para sonares.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Un tejido cavernoso en el oído medio de las focas que se llena de sangre al sumergirse, permitiendo una audición eficiente bajo el agua.
- Dónde: Museo de Historia Natural de Londres (análisis de especímenes) y en especies distribuidas por todos los océanos.
- Institución responsable: Museo de Historia Natural de Londres, en colaboración con Monash University y otras instituciones. Publicado en Proceedings of the Royal Society B.
- Cuándo: 16 de julio de 2026 (fecha de publicación).
- Impacto a futuro: Mayor comprensión de la biología de las focas y base para medidas de conservación frente al ruido submarino.




