El nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, se enfrentó ayer a un interrogatorio demoledor por parte de la senadora Elizabeth Warren en una comparecencia ante el Congreso recogida por Bloomberg Television. Dos asuntos centraron la tensión: la venta opaca de participaciones por valor de más de 100 millones de dólares justo antes de asumir el cargo, y una reunión secreta de la vicepresidenta de supervisión, Michelle Bowman, con clientes de Wall Street.
La venta de 100 millones que nadie explica
Warren recordó que, durante el proceso de confirmación de Warsh, este poseía más de 100 millones de dólares en participaciones de fondos de inversión privados de alto riesgo denominados Jaguar y TSDFLC. El entonces nominado no solo se negó a desvelar los activos subyacentes de esos vehículos, sino que además mantuvo en secreto la composición exacta de su cartera ante el Senado y la opinión pública. Ahora, ya al frente de la Fed, asegura haber vendido esas participaciones —lo que implica que un comprador le pagó esa suma días antes de ocupar el cargo—, pero sin identificar quién fue.
La senadora preguntó directamente si ese comprador era un multimillonario con intereses en la Reserva Federal. Mencionó al inversor Stanley Druckenmiller, que ha amasado miles de millones apostando a los movimientos del banco central. Warsh respondió que ha ‘cumplido plenamente’ con sus obligaciones ante la Oficina de Ética Gubernamental y que está comprometido a responder ‘la pregunta concreta’ en futuras divulgaciones. Sin embargo, en ningún momento reveló la identidad del comprador.
Warren subió el tono: ‘Alguien le dio 100 millones de dólares justo antes de jurar el cargo y usted se niega a contarle al pueblo estadounidense de dónde vinieron’. Un rifirrafe que dejó sin respuesta una cuestión clave sobre posibles conflictos de interés.
‘Alguien te dio cien millones de dólares justo antes de jurar el cargo y no quieres contarle al pueblo estadounidense de dónde vinieron’
— Senadora Elizabeth Warren
La cena secreta de Michelle Bowman en plena ‘blackout period’
Warren también abordó una polémica que salpica a la vicepresidenta de supervisión de la Fed, Michelle Bowman. Recordó que el banco central impone un estricto periodo de incomunicación conocido como blackout period durante el cual los altos cargos tienen prohibido hablar de temas económicos con agentes externos. El objetivo, como recalcó la senadora, es reforzar la transparencia y evitar que nadie pueda beneficiarse de información privilegiada.
Sin embargo, poco después de la primera reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) bajo la presidencia de Warsh, Bowman fue la invitada principal de una cena secreta organizada por Bank of America para clientes de fondos de cobertura e inversores de Wall Street. Según informaciones recogidas por Warren, la vicepresidenta habló en ese encuentro a puerta cerrada sobre política monetaria y asuntos regulatorios, en plena vigencia del blackout.
La senadora preguntó a Warsh si Bowman facilitó información no pública o si debatió sobre normas sujetas a periodos de comentarios abiertos. Warsh elogió a su colega (‘ha sido una excelente colega en mis primeras siete semanas’) y aseguró que respetará la investigación del inspector general, pero evitó responder si él mismo había indagado en los hechos. Ante la insistencia de Warren (‘¿Le preguntó si asistió a esa reunión secreta?’), Warsh se escudó en que no puede prejuzgar lo que investigue un inspector independiente, y repitió hasta la saciedad que ‘le he preguntado muchas cosas’, sin aclarar si alguna de ellas fue sobre la cena.
La cultura ética de la Fed, en el punto de mira
Este duro interrogatorio no es un hecho aislado. La Reserva Federal arrastra una crisis de credibilidad alimentada en los últimos años por escándalos de trading de altos cargos —como los de Robert Kaplan o Eric Rosengren— y por la percepción de puertas giratorias con Wall Street. Precisamente, Warsh fue gobernador de la Fed entre 2006 y 2011 y posteriormente trabajó en el sector financiero, lo que siempre ha generado recelos entre los sectores más progresistas.
La incapacidad para dar respuestas claras sobre sus propios movimientos financieros o sobre la conducta de uno de sus vicepresidentes alimenta las dudas sobre si la nueva cúpula de la Fed está realmente comprometida con restaurar la confianza pública. Como señaló Warren, el presidente es quien marca la cultura de la institución, y hasta ahora esa cultura parece más opaca que nunca.
¿Puede la Reserva Federal recuperar su reputación?
El episodio coloca a la Fed en una situación muy delicada. En un momento en que la política monetaria debe navegar la inflación persistente y un crecimiento incierto, la legitimidad del banco central depende en buena medida de la percepción de que sus decisiones son técnicas, no contaminadas por intereses privados. Si el máximo responsable no explica quién le pagó 100 millones de dólares justo antes de asumir, y si una vicepresidenta se reúne a escondidas con los actores que más se benefician de las decisiones de la Fed, la narrativa de integridad se resquebraja.
La pelota está ahora en el tejado del inspector general, pero también en el del propio Warsh. ¿Bastará con esconderse tras investigaciones ajenas sin haber hecho siquiera una pregunta interna? La senadora Warren ya ha dejado claro que no piensa soltar el tema. Y el mercado, atento a cada palabra del banco central, podría empezar a descontar una prima de riesgo institucional que nadie desea.
Puedes ver el interrogatorio completo en el vídeo de Bloomberg Television:




