Begur, Costa Brava: el pueblo con castillo que esconde el mejor alojamiento de la zona

Begur combina calles empedradas, un castillo del siglo XI y algunas de las calas menos masificadas de la Costa Brava. El Parador de Aiguablava, a solo cuatro kilómetros, es la base perfecta para descubrirlo sin colas ni agobios.

Begur no necesita ningún filtro de Instagram para parecer un decorado de película. Basta con subir hasta su castillo, coronando la colina que domina el pueblo, para entender por qué este rincón del Bajo Ampurdán se ha convertido en una de las escapadas favoritas de julio. Desde sus murallas del siglo XI se ve, en días claros, desde las Islas Medas hasta el Cap de Creus.

Lo que muchos viajeros no saben es que, a apenas cuatro kilómetros de ese casco antiguo de casas de indianos, se esconde uno de los mejores alojamientos de toda la Costa Brava: el Parador de Aiguablava. Una base de operaciones con vistas al mar que convierte cualquier plan en la zona en algo mucho más cómodo.

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Begur, el pueblo que corona un castillo

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Pasear por Begur es subir y bajar constantemente, porque el pueblo se despliega sobre varias colinas del Bajo Ampurdán. El casco antiguo conserva ese trazado medieval de calles empedradas que ascienden hacia el castillo, y cada recodo regala una fachada distinta: casonas coloniales, balcones de piedra, algún patio escondido.

La huella más singular de Begur es la de los llamados «indianos», vecinos que emigraron a Cuba en el siglo XIX y volvieron con fortunas que se tradujeron en mansiones de estilo colonial y neoclásico. Esa mezcla entre pueblo pesquero y villa señorial es lo que le da a Begur un carácter que no se repite en otros puntos de la costa gerundense.

Aiguablava, la joya que da nombre al mejor parador

El pueblo de Begur esconde en su término municipal varios núcleos costeros, y Aiguablava es probablemente el más fotografiado de todos ellos. Su nombre, que en catalán significa literalmente «agua azul», no es ninguna exageración: el color turquesa de esta cala contrasta con el verde de los pinos que la rodean.

Sobre el acantilado de Punta d’es Muts, justo encima de esta cala, se levanta el Parador de Aiguablava, inaugurado en 1966 y reformado por completo entre 2016 y 2020. Sus 78 habitaciones tienen vistas al mar, y la piscina exterior, el spa y los dos restaurantes del complejo permiten no moverse del hotel y seguir sintiendo que estás de vacaciones en la Costa Brava.

Calas menos masificadas, a un paso del hotel

La gran ventaja de alojarse en el Parador de Aiguablava en julio no es solo la ubicación, sino lo que hay alrededor. Begur reúne algunas de las calas más icónicas y menos saturadas de toda la Costa Brava, muy lejos del ambiente de playas como las de Lloret o Blanes.

Sa Tuna conserva su encanto de pueblo de pescadores, con casitas blancas y barcas varadas en la orilla. Sa Riera, la más grande del municipio, ofrece más servicios para familias, mientras que Fornells o Illa Roja quedan reservadas a quienes buscan algo más recóndito. Todas están conectadas por el histórico Camí de Ronda, el sendero costero que recorre el litoral gerundense.

Qué hacer en Begur más allá de la playa

Begur no se agota en sus calas. El castillo medieval, del que solo quedan ruinas consolidadas de la fortaleza original, sigue siendo el mirador natural del pueblo y el mejor lugar para ver el atardecer sobre el Mediterráneo. Subir hasta allí atraviesa todo el casco antiguo, así que el camino en sí ya es parte de la visita.

Para quienes prefieren completar la jornada con algo de cultura o gastronomía, el entorno de Begur ofrece varias alternativas que combinan bien con una estancia en el Parador. Entre las más recomendadas:

  • Recorrer el Camí de Ronda entre Aiguablava, Fornells y Sa Tuna, con tramos de menos de dos horas a paso tranquilo.
  • Visitar los pueblos medievales cercanos de Pals y Peratallada, a menos de 15 minutos en coche.
  • Practicar submarinismo o kayak en la cala de Aiguablava, célebre por la transparencia de sus aguas.
  • Descubrir la colección de más de 200 obras de arte catalán que alberga el propio Parador, con piezas de Dalí, Tàpies y Miró.

Por qué julio es el mes ideal para descubrir Begur

El verano en la Costa Brava suele asociarse con aglomeraciones, pero Begur mantiene un ritmo distinto gracias a su geografía de calas repartidas y difíciles de masificar en su totalidad. Julio, antes del pico de agosto, permite disfrutar de un equilibrio entre buen tiempo y menos densidad de visitantes, sobre todo en las calas más alejadas del centro.

La tendencia de los últimos años apunta a que cada vez más viajeros buscan justo esto: destinos con historia y paisaje, pero sin la saturación de los grandes enclaves turísticos. Begur, con su castillo, sus calas escondidas y un alojamiento a la altura como el Parador de Aiguablava, encaja perfectamente en ese perfil de escapada que combina autenticidad y comodidad sin renunciar a nada.


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